UN PAÍS ATRAVESADO POR EL MACHISMO Y LA CORRUPCIÓN

Publicado: Lunes, 14 de Diciembre de 2009 07:01 por jotaefeb en PAÍS: lo que nos quebranta
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RADIOGRAFÍA DE PARAGUAY

El maltrato a la mujer viene de la gran guerra del siglo XIX. Lugo era esperanza
de cambio.

  • Hugo Olazar

En esta "isla rodeada de tierra", como la describía su escritor Augusto
Roa Bastos, siempre fue un secreto a voces la vida paralela de algunos de sus
representantes eclesiásticos y militares. Las historias se remontan al siglo
XIX, desde que la población quedó diezmada por la Guerra de la Triple Alianza
(1864/70) y escasearon los hombres. A uno de sus máximos héroes y posteriores
líderes, el general Bernardino Caballero, un rubio de ojos azules, se le
atribuyen 77 hijos. A la guerra habían sobrevivido solo mujeres y niños, unos
250.000 habitantes.

La repoblación se logró con la migración extranjera. Y la multiplicación repentina
de los hombres convirtió en tradición la crianza de los niños y su inscripción
en el registro civil a cargo de las madres. Esa cultura se mantiene , aunque en
menor medida, hasta hoy.

Después de la Guerra Grande, este pequeño pedazo de la Provincia Gigante de las Indias -como la llamaron los colonos- nunca volvió a recuperar el esplendor de los tiempos que siguieron a
su independencia de 1811. En ese lapso había cobijado al primer ferrocarril de
Sudamérica y una de las primeras fábricas de armamentos, ademas de producir el
mejor algodón de la región.

Como corolario del infortunio, el país se tiñó de golpes, asonadas y dictaduras
prolongadas. La última de ellas fue la del general Alfredo Stroessner, que
asoló con el garrote por más de una generación, entre 1954 y 1989. El miedo, el
silencio y el conformismo forjaron el carácter de la mayoría, curtida por las
imposiciones. La rebeldía se pagaba con el exilio, la calumnia o la cárcel.

El aislamiento geográfico de Paraguay, la pobreza y el analfabetismo, fueron las
armas de dominación de los mandamases de turno, Un gobierno de minorías
tramposas y corruptas ha sido la constante en un país moldeado por ellos para
recibir prófugos nazis, grandes ladrones internacionales y ambientado como
epicentro del contrabando y la piratería comercial para abastecer a grandes
metrópolis como San Pablo, Río de Janeiro, Buenos Aires o Montevideo, en
connivencia con mafiosos de esas capitales.

En la época de Stroessner, a la camarilla gobernante no le importaban los
antecedentes del nazi Joseph Mengele, del Carnicero de Riga Roschmann o del
Padre de la Heroína
Joseph Auguste Ricord. Ni qué decir de los prófugos de la
guerra sucia en todo el continente. Podían ser protegidos, gozar de su riqueza,
contar con la discreción de los habitantes.

Los privilegiados hijos y nietos de aquellos gobernantes, educados en los mejores
colegios del país con extensas pasantías en Estados Unidos y Europa, se
adaptaron hábilmente a la democracia y no tardaron 10 años, en 1999, para
vengar a sus mayores, derrocados con la caída de Stroessner.

Diseñaron un "putsch" parlamentario para derribar al gobierno constitucional de
Raúl Cubas tras apenas siete meses de gobierno. Y en 1999, sedujeron con cuotas
de poder a los inexpertos opositores liberales y de partidos nuevos. Sin
elecciones, bajo la égida de Luis González Macchi, el régimen de estilo
autoritario completó el período de gobierno 1999/2003 salpicado por una estela
de corrupción y de persecuciones políticas. Ni siquiera Lino Oviedo, un
opositor de las filas militares que supo mostrar granadas y fusiles para
entrentarlos, logró evitar la continuidad de los stroessneristas durante el
gobierno siguiente, de Nicanor Duarte (2003/2008).

Hasta que apareció él. De forma sorprendente, el todavía obispo Fernando Lugo aceptó
el desafío del conservador partido Liberal para patrocinar su candidatura,
apoyado por partidos menores de izquierda. Y el año pasado logró lo que parecía
increíble: derrotar al partido colorado tras 61 años de hegemonía. Si lo
consiguió fue gracias a los símbolos, como esa bandera paraguaya colgada como
una estola sacerdotal alrededor de su cuello, ante un electorado profundamente
católico. Para ese entonces, Lugo ya había concebido uno, dos o tal vez más
hijos. El viejo pecado había vuelto 

/ASUNCION. ESPECIAL PARA CLARIN..

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