DEMOCRACIA Y JUVENTUD

Publicado: Martes, 27 de Julio de 2010 10:51 por jotaefeb en POLÍTICA: tapa lo urgente e importante

  • Alcibiades González Delvalle

El Ministerio de Educación y Cultura maneja unos datos preocupantes: entre los jóvenes encuestados, la mayoría prefiere la dictadura si van a tener trabajo. Bien leído, rechazan la democracia con desocupación. Desde la perspectiva de los jóvenes tiene alguna lógica el deseo de trabajar sin importarles que quien los gobierne sea un dictador.   

De acuerdo con otra encuesta, los jóvenes quieren un empleo para costearse sus estudios. Es posible que, puestos a elegir, se inclinen también por la dictadura como solución a su ansiedad de hacerse de un título universitario. Estarán hartos de escuchar que en esta sociedad competitiva, una especie de “sálvese quien pueda”, solo tendrán espacio los más aptos. Y los más aptos, se les dice, salen de la universidad. No hay dudas de que un título universitario sirve para abrir la puerta laboral. Los empleadores seleccionan a los más preparados para sus empresas.   

 

Ahora bien, en la encuesta del Ministerio de Educación aparece una realidad incuestionable acerca de la prioridad por lo menos de una parte de la juventud: si vamos a trabajar, dicen, no importa que sea bajo una dictadura. Bajo una dictadura significa exactamente estar debajo, sin metáforas. Debajo de una persona que maneja el país y a los ciudadanos a su antojo; que dispone de la libertad de los demás para hacerlos callar, prohibir que se reúnan, que debatan, que protesten, etc., etc.   

 

Como no vivieron en los tiempos del estronismo, hablan de su preferencia por la dictadura. Sí, no tienen trabajo y quieren procurarse unos pesos para sus estudios. Pero deben saber que la dictadura tampoco ha sido una fuente de trabajo. Lo que pasaba es que la Argentina estaba económicamente en condiciones de recibir a los paraguayos que carecían de empleo. Después, en coincidencia con la caída de Stroessner, a la Argentina le cayeron los malos tiempos. O sea, la dictadura nunca tuvo la presión de los desocupados por lo menos como hoy se tiene en democracia. Después de la Argentina se encontró un alivio en España, pero hoy tampoco es una solución, como dejaron de ser los Estados Unidos.

 

Es alarmante la creencia, muy generalizada, de que la democracia va unida a la pobreza, el desempleo, la violencia. Y la dictadura, al trabajo, el orden, la tranquilidad. Esta es una idea, a más de errada, muy peligrosa, porque se facilita a los autoritarios –que los tenemos a montones, entre civiles y ex militares– a presentarse como la alternativa en cualquier proyecto electoral. Buscarán el voto de esa juventud dispuesta a vender el alma al diablo a cambio de un empleo.   

 

Pero aquí también hay un problema a considerar. La aspiración de los jóvenes es trabajar para estudiar, y no estudiar para trabajar. Se preguntará usted cómo podría un desempleado acceder a la segunda opción. Desde luego, no es una cuestión sencilla. En este asunto el Gobierno tiene mucho que ver. Es su obligación extender los beneficios de la educación a todos los ciudadanos; prepararlos, hacerlos aptos para que desde cualquier actividad sean útiles al país. Un analfabeto, o analfabeto funcional, y además sin trabajo, no es negocio para nuestro país, salvo para los populistas que venden ilusiones.   

 

Tengo entendido que en muchos establecimientos educativos se habla a los alumnos de nuestro pasado reciente. Se les relata que la dictadura causó estragos al país a lo largo de sus casi 35 años de opresión; que de ningún modo, a cambio de nada en apariencia favorable, se debe desear su regreso. Pero si estos jóvenes, en su mayor parte, conociesen mejor la historia del estronismo, con toda certeza desearán que en nuestro país nunca más reine la barbarie. Que se les hable, por ejemplo, de Edgar L. Ynsfrán, Sabino Augusto Montanaro, Pastor Coronel, Almada Morel alias “Sapriza”, Belotto, Kururu Pire, Ramón Aquino y sus garroteros; de algunos de los atropellos a los derechos humanos de los opositores; que se les relaten los padecimientos de los comunistas, de los colorados críticos, de los liberales, de los febreristas, de los obreros, de los estudiantes, de los miembros de las Ligas Agrarias Cristianas, en fin, de los ciudadanos que deseaban mejores días para el país. Después, nunca desearán que vuelva ese pasado aunque el presente les resulte desalentador.   

 

alcibiades@abc.com.py/3 de Julio de 2010

 

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