MEMORIA

Por: Alberto Amato

Fue una guerra brutal, salvaje, si es que hay una que no lo sea. Duró tres años, entre 1932 y 1935. Desmigajó a dos países nada prósperos, pese a la riqueza minera boliviana. Alguien la llamó "la guerra de los soldados desnudos". Duró tres años y mató a noventa mil hombres de ambos bandos que cayeron bajo el plomo y el acero de las bombas, o asaeteados por los machetes campesinos, o despedazados por granadas que se lanzaban con hondas o que sucumbieron a la malaria o a la sed, que mataron tanto como el acero y la pólvora.

Pudorosa, la historia no nombra a los dos países que la protagonizaron, Paraguay y Bolivia. Se la conoce como "La Guerra del Chaco" y sus huellas todavía se ven, y se escuchan, en el ánimo de los antiguos enemigos.

 

Mar y petróleo. Por eso pelearon bolivianos y paraguayos. Por una región de 550.000 kilómetros cuadrados, en los límites de Bolivia, Argentina y Paraguay. Quien dominara el río Paraguay, profundo y apto para que lo surcaran grandes barcos, tendría salida al Atlántico. Paraguay la ansiaba y Bolivia había perdido el rumbo al Pacífico a manos de Chile.

 

El embrión de la guerra se gestó entre 1927 y 1928, cuando técnicos de la Standard Oil, empresa petrolera estadounidense fundada en 1870 por John Rockefeller, descubrió petróleo en las estribaciones andinas del Chaco. Presumieron que la riqueza se extendía al Chaco paraguayo, donde la exploración petrolera estaba en manos de la compañía holandesa Royal Dutch Shell. Ambas naciones empezaron a armarse, Bolivia con el auspicio y el capital de la Standard Oil.

 

Los bolivianos eran más ricos que su rival. Sus fuerzas armadas contaban con 250.000 hombres contra 150.000 de Paraguay, que ya había sido diezmado seis décadas antes en la Guerra de la Triple Alianza, la misma que Alberdi eligió llamar "de la Triple Infamia".

 

Bolivia tenía expertos nazis como entrenadores militares. Uno de ellos, Hans Kundt, era un veterano de la Primera Gran Guerra. Otro, Enst Röhm, fue jefe de los camisas pardas hitlerianos.

 

Las primeras batallas se libraron en 1932. Paraguay declaró la guerra a Bolivia el 10 de mayo de 1933. Se marchó y combatió a pie, en camiones destartalados, con tropas que llegaban al campo de batalla exhaustas antes de enfrentarse. Se luchó una guerra de trincheras, estática, lenta, exasperante y despiadada. Los dos bandos se masacraron con meticulosa atrocidad.

 

En 1935, con los contendientes agotados, una gestión en la que intervino Argentina impulsó la paz. Se firmó el 12 de junio de 1935. La guerra duró dos días más. Las cifras hablan de 60.000 bolivianos y 30.000 paraguayos muertos en los campos de batalla y de dos países devastados tras el conflicto.

 

En 1936 Paraguay obtuvo el reconocimiento de casi toda la zona en litigio. No existía allí tanto petróleo como se suponía en 1927. Hay más sangre americana en ese suelo que riqueza petrolera.

 

El acto de ayer en la Casa Rosada jura por fin que el drama ha terminado. La buena noticia tardó, pero llegó. Es una pena que no la goce, murió en 2005, un chico paraguayo que se alistó como voluntario en aquel disparate. Tenía 15 años. Lo vieron tan flaquito que lo metieron de enfermero. Era Augusto Roa Bastos. Dejó, de aquel espanto, un testimonio memorable hecho novela: "Hijo de hombre".

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