• Aristides Ortiz 

Los últimos hechos de violencia armada desnudan la ausencia territorial del Estado Oligárquico. También exponen a uno de los poderes fácticos que gobierna el país: la delincuencia organizada en torno al narcotráfico. El narcotráfico penetró en las bases mismas de este Estado y está estrechamente ligado a la extrema derecha colorado-oviedista. Este poder real convive pacíficamente con el complejo sojero-ganadero.

El atentado fallido contra la vida del senador Roberto Acevedo y sus declaraciones públicas respecto del narcotráfico en Pedro Juan Caballero (“narcosociedad”, “son dueños de la vida y la muerte de la gente”), recuerdan lo que ya se sabe desde hace tiempo: la delincuencia organizada que trafica drogas, fundamentalmente, y armas territorializó el largo corredor limítrofe entre Brasil y Paraguay denominadao “frontera seca”, igual que el resto de los corredores limítrofes nacionales (fronteras con Bolivia y Argentina). Esta territorialización significa ocupar espacio geográfico y ejercer sobre el poder militar y económico real. Un ejercicio de poder que es terrestre, pero también aéreo.

 

Si bien toda la línea que configura la geografía paraguaya es como un gran colador por cuyos poros ingresa todo tipo de productos ilegales, aquí nos interesa la línea fronteriza con el sub imperio brasileño, que va desde el Alto Paraguay chaqueño hasta el Alto Paraná oriental. Nos interesa porque es el espacio vital del narcotráfico y el arma tráfico transnacionalizados. Vital porque aquí confluyen los inmensos volúmenes de mercancías provenientes de diversos puntos del globo, que luego se dirigen al gigantesco mercado interno brasileño. Un mercado que cada vez demanda más y más productos ilegales por el creciente poder adquisitivo de su población.

 

El poder fáctico del narcotráfico penetró en las bases del Estado Oligárquico actual y creció hasta su cúspide a través del Partido Colorado en el lapso de sus 61 años de gobierno. Los registros probatorios de esta afirmación son incontables. Aquí recordaré solamente dos.

 

El 6 de febrero del 2008, el entonces presidente de la República Nicanor Duarte Frutos, la candidata presidencial de la ANR, Blanca Ovelar, el entonces ministro de Defensa Nelson Mora y otros connotados dirigentes del Partido Colorado viajaron expresamente a Pedro Juan Caballero para asistir al velatorio de Walter Villaalta, un activo dirigente de base colorado asesinado brutalmente el día anterior. Faustino Villaalta, padre de Walter y ex presidente de la seccional colorada de Pedro Juan, igualmente había sido asesinado en octubre de 2006. Cristian, otro hijo de Faustino, fue capturado, en junio de 2007, con 195 kilos de cocaína en Bella Vista Norte, Amambay. Walter cayó en una estancia propiedad del político colorado Víctor D’Eclessis. Es decir, toda la familia Villaalta estaba políticamente vinculada a la ANR y, a la vez, vinculada al narcotráfico fronterizo (Ver www.financiamientopolitico.org.py)

 

 

El otro caso es la divulgación, en abril de 2008, de una conversación telefónica entre el diputado colorado por Concepción Magdaleno Silva y el comisario Osvaldo Nuñez, de la localidad de Yby ya’u, Concepción. En la conversación ventilada, Silva acusa a la hoy senadora colorada y presidenta de la Junta de Gobierno de la ANR Lilian Samaniego de haber recibido dinero de Jarvis Jiménez Pavao para financiar su campaña proselitista, el mismo capo mafioso brasileño que hoy está preso y procesado (Ver: www.financiamientopolitico.org.py.)

 

Respecto del oviedismo, recordemos que su líder, Lino Oviedo, fue el heredero de las influencias políticas y los negocios fronterizos del otrora presidente de la República Andrés Rodríguez, acusado por la DEA norteamericana de ser en su momento el padrino del tráfico de drogas por Paraguay. Durante su reinado en las FF.AA, tras la muerte de Rodríguez, Oviedo acumuló una inmensa fortuna gracias a los negocios fronterizos .

 

Para transportar sus grandes cargamentos de cocaína, anfetamina y heroína y sembrar y traficar marihuana en determinadas zonas de la geografía nacional, el poder fáctico de los narcos establece una convivencia pacífica y conveniente con el complejo sojero-ganadero, el otro poder fáctico que territorializa formal y legalmente los espacios nacionales. Los registros dan prueba de que incontables pistas de aeronaves y cultivos de marihuana se asientan en propiedad de los terratenientes ganaderos y sojeros. En unos casos los narcos arriendan las hectáreas que necesitan para construir sus pistas y cultivar la hierba; en otros directamente las ocupan, con la vista gorda de los propietarios. O simplemente compran grandes extensiones de tierras y las convierten en “estancias” de ganado vacuno, como lo hicieron los capos brasileños Jarvis Pavao, Ireneo “Pingo” Soligo y el colorado Víctor D’ eclessis.

 

Este cuadro de relación entre ambos poderes reales nos permite entender porqué no hay registros de que la Asociación Rural del Paraguay, el gremio de los ganaderos, o la Cámara Paraguaya de Oleaginosa, el gremio de los sojeros, hayan denunciado públicamente ante el Estado la amenaza del narcotráfico.

 

Ambos grupos de poder poseen sus propios brazos armados para ejercer el control sobre sus espacios territorializados. Es ocioso mencionar el poder de fuego de los narcos. Las bandas armadas de narcos nos muestran cada semana cuando los medios publican sus atentados. Y la capacidad de fuego del complejo sojero-ganadero quedó concretamente demostrada con el asesinato de más de 100 dirigentes campesinos desde 1989 hasta el 2004, aunque los documentados fueron 77 asesinatos, registrados en el Informe Chokokue , publicado por la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy) en junio del 2007.

 

En este contexto geopolítico nacional, los dos poderes fácticos citados administran militar y económicamente sus territorios ante la ausencia de un Estado, cuya función central es la de dar cobertura legal y formalidad política a aquellos. Territorios delimitados cuyos dueños conviven en el espacio nacional respetando sus intereses y su poder de fuego, aunque muchas veces confundiesen en su roles.

 

Dentro de estos dos grandes territorios de poder se mueve el pequeño grupo militar autodenominado Ejercito Paraguayo del Pueblo (EPP). Un grupo que, por su carácter clandestino, está aliado o pretenderá aliarse al narcotráfico, eventualidad o realidad que terminará convirtiendo al EPP en una banda de forajidos que matará por dinero al ser fagocitado por el inmenso poder de los narcos.

 

Así, la condición de poder fáctico de los narcos en la composición territorial del país nos sugiere que el atentado sufrido por el senador Acevedo, un representante del poder político del Estado Oligárquico, es un claro mensaje de amenaza, no al Estado Oligárquico y sus viejos administradores, sino a los que ensayan superar el orden actual, sean estos el gobierno de Fernando Lugo, las organizaciones sociales y políticas o los medios de comunicación.

⋅ Abril 29, 2010 ⋅

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Anónimo

NEO TERRORISMO DEL ESTADO EN PARAGUAY: DEL MILITARISMO AL PARAMILITARISMO

Carlos Verón de Astrada ⋅

La segunda guerra mundial marca la consolidación definitiva de la hegemonía imperial norteamericana, a partir de su condición de país abastecedor no afectado por la guerra.

Esa condición le da el privilegiado status de ser el Estado con la economía más sólida del planeta. Desde ahí se crean lo organismos multilaterales financieros que dan lugar al control económico y financiero del mundo.



Desde esa condición además, a los efectos de constituirse en gendarme de América Latina, con la justificación de contrarrestar la expansión del comunismo, se crea en 1946 un organismo militar llamado “Escuela de las Américas” en Panamá. El objetivo de dicho organismo fue preparar y formar a las fuerzas Armadas de Latinoamérica al apoyo de EEUU que nos iba a “preservar” a los latinoamericanos del peligro del comunismo.



Se crea consecuentemente una resemantización del concepto de “inteligencia militar”, ya que históricamente, ese concepto tiene que ver con los dispositivos de los ejércitos para la recolección de información del enemigo que servirá como elemento de acciones tácticas en función de la seguridad del Estado al que pertenecen y obedecen. Es decir, la seguridad nacional asumida como el territorio en que se asienta el Estado.



En el marco del conflicto bipolar de URSS-EEUU entonces, la seguridad trasciende las fronteras de los estados latinoamericanos, para adoptar una dimensión hemisférica bajo el comando de EEUU, creándose la ficción de un estado grande gobernado por la potencia del norte.



Había que formar a militares del hemisferio para combatir a un “peligro” que se podía generar al interior de los estados, y las fuerzas armadas debían prepararse contra ese enemigo interno. Surge entonces, la llamada “Doctrina de Seguridad Nacional”.



En la “Escuela de las Américas” se graduaron más de 60.000 militares y policías de hasta 23 países de América Latina.



En términos reales políticos la función de la entidad militar hemisférica era la de garantizar la hegemonía norteamericana y desde ahí, la implementación del control social para viabilizar la política de sojuzgamiento hemisférico hacia el imperio. Desde esa tesitura, existió una conexión directa de la CIA, órgano de inteligencia norteamericano, con los órganos de seguridad de los ejércitos de Latinoamérica.

Un engendro de esta conexión fue el llamado “Operativo Condor” que fuera implementado en el cono sur entre los servicios de inteligencia militares de la subregión en los años 70 y 90 del siglo XX..



Mundo monopolar y declive del imperio norteamericano



A fines de la década de los 90 del siglo XX, cuando ya dejó de existir la Unión Soviética, había que producir o inventar otra polarización que justifique el control social de A.Latina, esta vez ya no es el comunismo, sino el terrorismo, cuyo epicentro estaría en el mundo árabe y sus conexiones en el hemisferio, al que se conectan los intentos insurgentes internos en la región.



Sin embargo, esta reformulación estratégica se da en un contexto diferente al de la guerra fría.

El declive hegemónico de EEUU, en una crisis estructural que arranca de los años 70 y la necesidad imperiosa de exacerbar el keinesianismo bélico, combinado al ineludible control del cercano y central oriente, los recursos del imperio se vieron obligados a concentrase en esa parte del mundo, no pudiendo controlar a su tradicional patio trasero. Sumado este hecho a la crisis energética y los estallidos sociales consecuentes. Ejemplo: Caracazo 1989, Argentina 2001 etc. se produce la emergencia de nuevos gobiernos en A.Latina con una propuesta autonomista cuya articulación en más de un Estado, va cobrando fuerza.



En ese contexto, surgen nuevas corrientes dentro de las Fuerzas Armadas, que son incompatibles al gobierno norteamericano.



El paramilitarismo como nueva vía de control





Esa separación de esos sectores de la égida norteamericana, resquebraja esa estructura de control social a través de las “inteligencias” de los ejércitos Latinoamericanos, lo que consecuentemente, hace que sus miembros dejen de ser interlocutores de fiar para EEUU.



Había que intentar entonces otra vía generada por ellos mismos, para ejercer siempre violentamente, el control social de los movimientos sociales.



Esa vía dejará de ser entonces para el Paraguay, la llamada G2, servicio de inteligencia del ejército paraguayo, que en tiempos de Stroessner estaba a cargo del Coronel de Ejército Benito Guanes Serrano.

La nueva vía sería la policía que ejecutaría lo que estaba a cargo de los ejércitos, obviamente a través del Ministerio del cual depende. Es decir, el Ministerio del Interior, que hoy está a cargo de Rafael Filizzola.

Esta falta de control a su vez del ejército, exacerba el espíritu antinorteamericano en determinados sectores del mismo.



Esa posición por tanto, hace que a los primeros “desertores” de un militarismo colonial, son acompañados ahora por un despecho por parte de quienes se consideran, con razón, de una jerarquía mayor, sobre todo en términos académicos, a seres considerados inferiores, como la policía. No hay que olvidar que el gobierno de Stroessner fue tan militar que durante toda la dictadura, se tuvo militares comandando la policía. Fueron jefes de policía, el Coronel Ramón Duarte Vera primero y el General Alcibiades Britez Borges hasta el final de la dictadura.



Ese resentimiento (por llamar de alguna forma) y separación del ejército de EEUU es lo que estaría manifestado en posiciones renovadas del estamento militar, que en ese contexto por primera vez después de la guerra grande, están en condiciones de darle el carácter y la dignidad que le corresponde.



A nivel de A.Latina la base de operaciones de la nueva estrategia, obviamente está instalada de Colombia, que desde el paramilitarismo, esta vez justificada en el combate a la acción “terrorista” de la FARC.



Ese paramilitarismo es usado para una incursión sistemática al territorio Venezolano a través del Estado de Zulia, fronterizo con ese país, con el beneplácito del actual Gobernador Manuel Rosales, opositor al gobierno de Chávez. La incursión, con asesoramiento de la Mossad, servicio de inteligencia de Israel, se dedica a desatar una ola de violencia e inseguridad para socavar el gobierno de Chávez.



Hoy existen datos ciertos de que en Paraguay hay un experto Mossad, llamado Jael Klein que operó en Colombia.



Existen fuertes indicios que en Paraguay la nueva estrategia de incursión a través de la policía, se viene implementando desde hace años. El actual flamante nuevo Director de Inteligencia del Ministerio del Interior es el comisario Carlos Altemburger, un policía de muy buena calificación que viene de operar en la “Secretaría de prevención e investigación al terrorismo”, Seprinte desde hace 8 años, oficina que operaba en el local de la embajada norteamericana, y que actualmente, estaría operando en el local de USAID.

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Fecha: 07/08/2010 16:20.


Anónimo

PARAGUAY: MILITARES MILITANDO ¡¡DERECH!!.


José Antonio Vera (ARGENPRESS.info)

Una nueva barrida en las altas esferas del Ejército Paraguayo, decretó esta semana el Presidente Fernando Lugo, en una decisión que, en el año y medio que tiene de mandato, ha completado la sustitución de 50 altos mandos de las promociones anteriores a 1989, año que se produjo la caída del General Alfredo, quien había asaltado el poder en 1954, convirtiendo el país en su hacienda privada.




El propósito del gobernante, comunicado oficialmente, es el de conformar unas fuerzas armadas de mejor nivel profesional, que estén al servicio de la nueva realidad del país y del mundo, como garantía de la defensa de la soberanía nacional, de la paz y concordia entre los paraguayos, y de lealtad a la conducción política del país, en el marco del proceso de cambios sociales y económicos reclamado por la mayoría del pueblo en las elecciones del 20 de abril del 2008, que puso fin a 60 años de gobiernos colorados.


La limpieza del Ejército afecta en particular a los oficiales formados con los métodos represivos y criminales del estronismo, muchos de ellos diplomados en la Escuela de las Américas, esa fábrica USA de militares golpistas, de ideología nazi, que durante dos décadas sirvieron en Suramérica bajo la bandera de la Seguridad Nacional y en el Operativo Cóndor.


Esos cambios coinciden estos días con una fuerte campaña política y mediática contra Bolivia, a cuyo gobierno acusan de estar preparando un conflicto armado contra Paraguay, por haber instalado ocho bases militares cerca de la frontera, pese a que son cuatro y dos frente a Argentina y otras dos hacia Brasil.


El objetivo de esa cruzada de la derecha es explotar el chovinismo y tratar de envalentonar a ciertos sectores de la población, que todavía tienen fresca la guerra entre los dos países, entre 1932 y 1935, promovida por compañías petroleras de Estados Unidos y Holanda y que terminó con miles de muertos y los hermanos empobrecidos.


El Ministro de Defensa de Paraguay, Luis Bareiro Spaini, restó importancia a esa ofensiva antiboliviana y justificó el desarrollo técnico y profesional del Ejército que ha decidido el Presidente Evo Morales, “lo que también debemos hacer aquí”, parece que comentó, advirtiendo de la implantación en Colombia de la IV Flota norteamericana, con cerca de diez bases apuntando hacia el Caribe y el centro y sur del continente.


Lugo ha operado los cambios castrenses en tres etapas. La primera fue enseguida de asumir, cuando decapitó la comandancia del Ejército y de su III Cuerpo, la Marina, la Fuerza Aérea, el Comando Logístico y el Estado Mayor Conjunto.


Tres meses después, en noviembre, el mandatario operó la más grande barrida de la historia de las fuerzas armadas paraguayas, al pasar a retiro a 25 Generales y tres Contraalmirantes, sobresaliendo la destitución del aparentemente poderoso Comandante de todos los órganos militares, el General Soto Estigarribia, segundo en la estructura de mando después de Lugo.

Si alguna duda existía acerca de ese reemplazo, el propio afectado la eliminó al instante, ingresando a la vida política partidaria, envuelto en la bandera colorada con una provocante altanería y unos discursos de muy pobre lenguaje y contenido, pero rebosantes de odio al comunismo y a todos los gobernantes progresistas que puedan existir, en particular a los de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Uruguay.


El General caído acusa a Lugo y al Ministro Bareiro Spaini, de ideologizar a las fuerzas armadas, en la línea del socialismo del siglo XXI, incapaz de disimular su malestar ante el proceso de cambios que se desarrolla en el país, que ineludiblemente tiene que sacudir estructuras obsoletas como la del Ejército, confinado en el parasitismo, en la corrupción comprobada en sus altas esferas, y en tareas de represión de las protestas de campesinos que reclaman tierra para poder comer.


-family: Tahoma;">En medio de muchos errores y deficiencias, en particular en los servicios elementales de combate a la pobreza, el desempleo y la exclusión, agravados por el sistemático sabotaje parlamentario de cuanto proyecto de ley presenta el Ejecutivo en beneficio de la justicia social, y por la acción de un Poder Judicial que continúa garantizando la impunidad de delincuentes y criminales, hay signos evidentes de que en Paraguay se están produciendo cambios positivos que siguen alimentando las esperanzas populares.


El Ministro Bareiro Spaini, un confeso nacionalista de probada lealtad a Lugo, es uno de los primeros beneficiados con la purga de los altos mandos, con los cuales sus roces aumentaron desde febrero pasado, cuando acusó directamente a la Embajadora estadounidense Liliana Ayalde, de ingerencia en los asuntos internos del país.


Esa reacción se produjo después que la jefa de esa misión extranjera, ofreciera una cena al Vicepresidente Federico Franco, cabeza de la oposición al Gobierno, en presencia de dos altos oficiales norteamericanos y de dos colegas paraguayos, quienes se habrían retirado ofendidos por el contenido de la conversación que, a su juicio, fue insultante para el Jefe de Estado y para el pueblo paraguayo.


El titular de Defensa, sin pasar por el protocolo diplomático a cargo de la Chancillería, lo que dio pié a la oposición para desatar una campaña de injurias y convocarlo a la Cámara de Diputados, con la pretensión fracasada de hacerlo rectificar, en pocos días salió de su anonimato y se convirtió en la bandera popular de defensa de la soberanía nacional. La oposición lo amenaza con un juicio político para buscar su reemplazo.


“Paraguay no necesita de la colaboración militar de Colombia y de Estados Unidos”, sino establecer acuerdos de cooperación con los gobiernos amigos y respetuosos de nuestra independencia, declaró Bareiro Spaini ante los parlamentarios enemigos, una especie de inquisidores, con y preguntas cargadas de una condena anticipada.


La postura de Bareiro está siendo duramente combatida por la fraccionada cúpula colorada, por dirigentes del cogobernante Partido Liberal, que se han pasado a la oposición, por el Partido Unace del exGeneral Lino Oviedo y, lógicamente, por algunos de los militares destituidos. Muchos optan por la discreción y el silencio públicos.


Entre los más retrógrados, se habría detectado, aparentemente a tiempo, a algunos comprometidos con bolsones golpistas, a juzgar por los discursos de la derecha más fanatizada y por las nuevas remociones ordenadas por Lugo desde diciembre último.


En ese mes, saltaron los generales Alfredo Machuca, Comandante del Ejército y el Presidente de la Justicia Militar Carlos Liseras, convertido éste último en otro militante político enfrentado al Gobierno, con mucho apoyo mediático.


Liseras acusa a Lugo de transformar el Ejército, del clásico molde “vertical a uno horizontal, encabezado por siete generales de una misma promoción, lo que facilitara el cambio ideológico, para formar unas Fuerzas Armadas revolucionarias, antimperialistas, socialistas y populares”.


El General destronado lo dice, pero ¿será suyo el pensamiento?. No hay que olvidar la ley de hierro de la abyecta obediencia debida, que tanto sufrimiento ha causado entre los pueblos indoamericanos, cuando las distintas escalas de la jerarquía militar fueron incondicionales en el delito y el crimen a la superioridad.


En la cúspide de esa pirámide, había dos cabezas, una local, encabezada por Strossner, y otra foránea, representada por el águila imperial, que volaba siempre sobre el tirano y se posaba cuando y dónde quería, en un operativo de dominación que es el mismo que sigue condicionando a la generación de los Soto Estigarribia y los Liseras.

Fecha: 07/08/2010 16:22.


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