• Benjamín Fernández Bogado

A más de un año de haber encabezado la coalición que puso fin al gobierno colorado del Paraguay, el ex obispo Fernando Lugo se enfrenta al principal reto de un mandatario: gobernar. Los últimos acontecimientos lo muestran inseguro, vacilante, inmaduro y por sobre todo incapaz de hacer frente a la ola de violencia que sacude al país. Si todo fuera poco, las acusaciones de corrupción contra su gobierno arrecian luego de que una investigación periodística mostrara el negociado de comprar tierras para los campesinos a un precio triplemente superior al del mercado. 

Este intento de estafa al gobierno fue respondido por Lugo con la afirmación de que: “ era un asunto de poca monta” ( un vyrorei en guaraní). Sin embargo la oposición con mayoría en el congreso agitó la posibilidad de llevar a Lugo a un juicio político sobre la base de mal desempeño en sus funciones que figura como una de las causales del mismo  en la constitución paraguaya. El presidente había firmado un documento por el que la compra de las tierras supondría un daño patrimonial al estado de más de 15 millones de dólares. Con el fondo de un secuestro a un conocido ganadero de Concepción  (zona norte del país) que lleva 3 semanas en cautiverio de un grupo denominado Ejército Popular Paraguayo que reclama 5  millones de dólares por su liberación, acusaciones de corrupción  y afirmaciones de Lugo de que existen “bolsones autoritarios en el ejército” decidió dar un golpe de timón calificado algunos como “mediático y de cortina de humo ” sustituyendo a los tres comandantes de las fuerzas militares. Algunos referentes del congreso contrarios al presidente calificaron de un medida previa a la “chavización” del ejército cosa considerada improbable para muchos analistas conociendo el sesgo conservador de esta institución otrora poderosa articuladora política en el Paraguay.

Fernando Lugo es cuestionado por su propio entorno que lo califica de lento e inseguro y que sus “tiempos obispales” no se compadecen con la urgencia de un país que enfrenta una ola de inseguridad que no puede ser respondida eficazmente desde el aparato policial al que el propio ministro del interior Rafael Filizzola acusa de “muy cercano a los sectores delictuosos que operan en el país”. La economía no muestra signos de recuperación, hay un necesidad de generar 80 mil puestos de trabajo en el país y una clara disminución del 15% en los ingresos fiscales que sumados hacen aun más difícil la tarea de alguien que demostró capacidad de aglutinar las fuerzas para acabar con el largo reinado del partido colorado pero que ha mostrado una notable incapacidad para administrar un país con necesidad de mayor inteligencia y compromiso en la tarea de diseñar un plan país y de llevarlo a cabo con los mejores.

Desde los tiempos de la agitación de Lino Oviedo, en el Paraguay no se había vuelto a hablar de golpes. Ahora evidentemente no hay razones para suponer ninguno en puerta con características militares y la aparición del tema se inscribe mas en las movidas políticas que tienen como telón de fondo los casos de corrupción que salpican al gobierno de Lugo pero por sobre todo a su notable incapacidad para enfrentar los grandes temas del país: inseguridad, desempleo, impunidad y carencia de liderazgo. Fernando Lugo se mueve en su propio laberinto al que ingresó luego de más de 40 años de seminarios, parroquias, obispados y colegios y, que encontró en el gobierno notables diferencias a las que no ha podido ajustar ni su comportamiento ni su capacidad de gerenciar la república.-

Desde Asunción

Corresposal de Radio Nederland

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Anónimo

PARAGUAY EN EL ESPEJO DE HONDURAS

Narciso Isa Conde

Fecha: 11/08/2010 15:10.


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