• José Antonio Vera

La ineptitud del Gobierno de Fernando Lugo, para convertir sus promesas de cambios en hechos concretos, y la incapacidad de la derecha paraguaya para conformar una oposición organizada, con conducción y plataforma definidas, está generando un clima peligroso de desgobierno y de desestabilización emocional entre la población.

El Partido Mediático, encabezado por el Diario ABC, asociado a la Embajada de Estados Unidos, aparecen como las únicas fuerzas tácticas coherentes, seguras en sus coincidentes objetivos de impedir que el país comience a transitar por senderos de cambios políticos y económicos, y de soberanía e independencia.

 

La preocupación ante el impasse en el que está sumido el país, abarca a todos los sectores sociales, desde el millón 200 mil excluidos, que carecen de ingresos diarios mínimos, hasta la “platocracia” empresarial avarienta, pasando por una amplia clase media y el reducido porcentaje de asalariados formales, parte sindicalizados.

 

El mundo campesino, con alto porcentaje de “los sin nada” y otros muchos expulsados de su tierra por el canibalismo sojero, cuyas familias pueblan cordones miserables, se suman a la enorme masa de changadores, vendedores de helados, panchos, baratijas, relojes y perfumes falsificados, que recorren las ciudades, entre miles de niños que tienen la calle por hogar. Seis millones suman los paraguayos, un cuarto emigrado.

 

No es consecuencia de una política de cambios la confrontación en crecimiento, que amenaza con someter al mandatario a un juicio político, sino que el enfrentamiento está alimentado por la impotencia de Lugo y su equipo, además de sus seguidores de las fuerzas progresistas divididas, y por la voracidad de la derecha más radicalizada, predominante en los Partidos Colorado y Liberal.

 

Algunos analistas pretenden comparar la actual coyuntura paraguaya con la que existía en Honduras antes de junio, cuando la alianza oligárquica-imperial dio el Golpe de Estado contra el Presidente legítimo Manuel Zelaya.

 

Sin embargo, hay diferencias notables, porque el centroamericano tomó medidas que afectaban a los intereses de los sectores corruptos de siempre y a poderosos capitales extranjeros que operan en el país, pero nada de eso ocurre en Paraguay, donde se condena al mandatario por simples enunciados.

 

En los 16 meses de administración, Lugo no ha cumplido con ninguna de sus promesas y, al contrario, reedita viejos vicios de descontrol administrativo, campo favorable a la desprolija derecha empresarial, que contribuye a desmejorar su imagen pública, con el despilfarro de gastos de su entorno y los escándalos que genera su inconducta amorosa, muy bien explotada por el Partido Mediático.

 

Cambios no hay, pero sí confrontación, hija putativa de un Ejecutivo inerte y de una oposición alocada, enceguecida, al punto que cualquiera de los pequeños parches y remiendos que hace, más o menos bien este Gobierno caritativo y conciliador, los ve mal de todas maneras.

 

La derecha sanciona intenciones, quizás buenas para la mayoría de la población, y discursos y frases sueltas de buena voluntad, pero muchas destempladas e irresponsables, que el pueblo continúa esperando que se traduzcan en medidas concretas de justicia social, aportando fuentes de trabajo y controlando el costo de vida.

 

Esas fuerzas han perdido capacidad de reflexión. Desperdigadas, con permanentes choques internos por mezquinos apetitos, aunque capaces de amontonarse rápidamente para proteger sus fortunas de difícil justificación. Hacen el ridículo al oponerse al más mínimo enunciado que aluda a cambiar algo de la paupérrima situación nacional.

 

Curioso es que la derecha, siempre tan incondicional, no aprenda de la actitud inteligente que ha adoptado la Embajadora de Estados Unidos.

 

Con guantes blancos y hábil tozudez, Liliana Ayalde rentabiliza muy bien los intereses específicos del imperio, cultivando relaciones de amistad y protección de Lugo, al que seguramente considera menos malo que todos los que se ofrecen para sustituirlo.

 

Al mismo tiempo, y abriendo el paraguas, la diplomática prodiga un discreto trato casi tierno con los principales promotores del golpismo.

 

Ayalde, con larga experiencia en Afganistán y Colombia, ejerce poderosa influencia en importantes áreas de la política nacional paraguaya, tanto en tiendas de la oposición, en particular en el Parlamento, como en el seno del Gobierno, con un hipotético control parcial del Ministerio del Interior, según sospechas del movimiento social y sindical.

 

Días atrás la Embajadora le regaló a Lugo armas por un millón y medio de dólares, para ayudarlo a combatir al Ejército Popular Paraguayo (EPP), una nebulosa que bien podría ser la máscara de un grupo de delincuentes comunes, pero que sirve de pretexto para reprimir a la combativa población campesina sin tierra, del noreste del país.

 

Curioso movimiento guerrillero el EPP, cuya única acción conocida es la de secuestrar personas acaudaladas para pedir millones de dólares, pero que nunca ha difundido un programa político, ni reclamado la liberación, por canje, de algunos de los presos que, desde la cárcel, se declaran sus cabecillas.

 

Circulan hipótesis en Asunción, en dirección a ciertos grupos de resentidos sociales que tanto impugnan a la izquierda como a la derecha, utilizando un palabrerío político radicalizado, que podrían estar siendo utilizados por agentes policiales o/y militares e, incluso, por fuertes capos del narcotráfico que les estarían dando cobertura en sus grandes establecimientos rurales, donde muchos fiscales sólo llegan en los festejos.

 

El mal paraguayo acusa una acefalía política de tal magnitud que la derecha se ha visto inducida, probablemente por servicios extranjeros de inteligencia, ha quemar una embarcación que siempre a sido sumamente servicial a los intereses corporativos del gran capital, pero sin llegar nunca a desnudarse: los mayores medios de comunicación.

 

La obsecuencia de las grandes empresas de la información, con los sectores retardatarios, no es novedad en el mundo, cierto, pero lo que sí es nuevo es el nivel de su entrega, que últimamente llega a desnudarse y mostrar todos sus instintos de desprecio al pueblo y de un miedo creciente, que intenta ocultar agrediendo.

 

Los mayores medios de comunicación en Paraguay, obsecuentes mandaderos de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), constituyen, hoy por hoy, la principal fuerza enemiga del Gobierno, al que quieren aniquilar, encabezando una cruzada contra un contendiente que no hace nada para defenderse y que aparenta indiferencia ante el peligro cercano.

 

Están subidos a un ring, furiosos, desmadrados y, con un lenguaje soez y violador de la Constitución llaman al golpe, bombardeando a un rival que, bien mirado, apenas es un adversario inofensivo. Los cinco cotidianos escritos, los cuatro principales canales de televisión y las emisoras de mayor alcance nacional, están a la cabeza de la cruzada.

 

Paraguay no es excepción. En el mundo, el Estadista es una especie que se extingue, personalidades políticas descollantes no hay y, quienes se aferran a salvar el sistema capitalista, incapaces de generar nuevos conductores de masas, han descubierto que una herramienta muy útil es la manipulación de la información y de las mentes.

 

La mitad de la población, sacudida por la miseria, libra batalla diaria para conseguir comida, agua y abrigo, y un tercio, sorprendido por la mutación del tablero político, económico y cultural global, no consigue sobreponerse para comenzar a elaborar una respuesta, con imaginación y creatividad. El otro tercio, es el opuesto al cambio y el que continúa usufructuando de las desgracias de la mayoría. ¿Hasta cuándo?.

(especial para ARGENPRESS.info)

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