OPORTUNISMO Y OPORTUNIDAD

  • José María Costa

Oportunismo es, como lo dice la Real Academia Española en su diccionario, la “actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones”. El oportunista se aprovecha de la ocasión para buscar réditos vinculados a intereses sectoriales o egoístas, sin importarle las consecuencias de dicha renta circunstancial.

El objetivo, la intencionalidad, distingue al oportunista de aquél que, en mérito de la ocasión o la oportunidad, plantea una cuestión, un debate, una reflexión, una discusión en torno a temas de interés común.

No es desatinado hablar de la seguridad del país en medio de un hecho de secuestro. ¿De qué hablaríamos entonces? ¿Del sexo de los ángeles?

 

En estos días, la sociedad se encuentra impactada por un hecho delictivo de proporciones y de suma gravedad. No es un delito contra una persona o su integridad, nada más. Es un atentado contra el Estado de Derecho, contra la sociedad misma. Éste es el verdadero “golpe de Estado” gestado por una gavilla de delincuentes altamente entrenados y con inocultables intenciones políticas.

 

No está bien que se aproveche la circunstancia para buscar ventajas politiqueras. O para reavivar tirrias personales y buscar arrinconar al enemigo político. Desde izquierda y derecha, desde el oficialismo y la oposición se han escuchado y visto actitudes oportunistas en estos días. Tanto la incontinencia verborrágica en la reaparición pública de Duarte Frutos como la ahora “oportuna” convocatoria de Lugo a la reunión de poderes, delatan un oportunismo insensible y carente de principios. En el primer caso, no se precisan más argumentos que la propia realidad. En el segundo, nadie puede obviar que apenas semanas atrás al Ejecutivo le importaba un bledo reunirse con sus pares de los otros poderes y mucho menos enfocar “temas de interés nacional”, habida cuenta su respuesta inconsistente e ideologizada a la propuesta de agenda política hecha por el titular del Congreso. Evidentemente, ahora necesita un balón de oxígeno ante el ahogo y la intoxicación producidos por la torpeza de sus principales “socios” (en el tema de las tierras de Teixeira) y por el hecho del secuestro que sensibiliza a la población.

 

Pero, por todo esto, si bien hay que desechar el oportunismo, no hay que rehuir la responsabilidad ni apagar el debate sobre temas que son de vigencia y preocupación. Lamentablemente es costumbre paraguaya que, ni bien pasa el efecto instantáneo de la preocupación, mandemos los temas importantes al olvido. La reflexión que no debe parar y debe fortalecerse debe abordar temas relevantes, como la seguridad ciudadana, la necesidad de una defensa férrea y permanente del Estado de Derecho, de la soberanía del poder público que es expresión de la soberanía que reside en el pueblo, de la presencia del Estado para revocar las “zonas liberadas”, de la necesidad de hacer vigente la ley y el Estado por encima de las ambiciones o ideologías del entorno nuevo que repite viejos apetitos y criticados vicios ajenos como propios.

 

Las autoridades, los políticos, la ciudadanía, todos debemos actuar con responsabilidad y mesura ante el plagio que hoy impacta a la sociedad. Pero el secuestro de Fidel Zavala no debe apagar el debate. Al contrario, debe hacerlo más responsable, vigoroso y profundo. Incluso para aquellos graves temas que, evidentemente, algunos tratan de ocultar bajo la alfombra gentilmente ofrecida por el autodenominado EPP. 

http://pepecostablog.blogspot.com/

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