NOS ESPERA MÁS DE LO MISMO CONOCIDO

  • Benjamín Fernández Bogado

Cuando un pueblo confía más en sus afectos y en sus odios que en su razón y su juicio, los resultados suelen generalmente ser malos, y cuando aparentan ser buenos, es solo por un corto tiempo.

Nuestra inteligencia emocional nos traiciona de manera recurrente cuando elegimos, juzgamos o calificamos algo. Nos molesta cuestionar y que nos cuestionen, y como casi nadie tiene tiempo para reflexionar los resultados, nos terminan estos por golpear negativamente de manera recurrente.

Creemos, en consecuencia, más en nuestra suerte que en el trabajo silencioso, duro, constante e inteligente.

Una vez me tocó moderar un debate de presidenciables del 2008 en la Facultad de Derecho UNA. Antes de iniciar el acto, hablé por primera vez con Fernando Lugo que en menos de un minuto me mostró su dolencia en la pierna al tiempo de contarme que seguía un tratamiento para evitar la trombosis, dolencia de la cual habían fallecido su padre y hermano.

Me dijo que se trataba en el estado de Paraná (Brasil), gracias a una concesión del gobernador Requião. Además, me comentó que no pensaba ganar y que había entrado a la política solo para “agitar un poco el ambiente”.

Nada hubiera sido demasiado llamativo si esa misma persona meses después no solo ganaba la Presidencia de la República, sino que además lo hacía a caballo de la reivindicación de la soberanía energética en el caso de Itaipú.

Debo reconocer que me sorprendió el candor y la ingenuidad con que había abordado no solo su ingreso a la política, sino la relación que mantenía con quien después tendría que negociar de manera dura mejores tratos en la repartición de los beneficios de la hidroeléctrica.

Hoy cumple dos años en el gobierno con un severo cuestionamiento en torno a su capacidad de gobernar y a los resultados de un trabajo que demanda inteligencia, dedicación y responsabilidad. Lugo solo cuenta con la suerte y eso no es suficiente.

A ella habría que ayudarla y fundamentalmente apuntalarla con un trabajo creativo, riguroso y controlado. Demasiadas cosas juntas para alguien que debería haber sido el primer sorprendido en haber ganado los comicios de abril de 2008.

Si ya tiene serios problemas de gestión, es absolutamente lógico pensar que con su nueva enfermedad los mismos tenderán a agudizarse.

Manejar un Estado es cosa seria y requiere una alta dedicación en cualquier país, menos aparentemente en el nuestro, donde es posible volar en piloto automático por un tiempo suficiente toda vez que quien lo sustituya pueda proyectar un temor aún más grande.

A eso debemos sumar la compasión, una poderosa fuerza que en el Paraguay puede incrementar los números favorables de cualquier encuesta, independiente de los desaciertos y errores que tuviera uno. Todo finalmente como consecuencia de lo mismo: sobredosis de inteligencia emocional.

Este Gobierno hasta ahora ha tenido mucha suerte, pero bien lo decía Einstein: “Dios no juega a los dados”.

Nos espera más de lo mismo conocido: una travesía tortuosa, inestable y compleja, cuya navegación dependerá más de factores emocionales que racionales, y aunque parezca riesgoso, vamos a seguir jugando a la ruleta que en la variante paraguaya siempre funciona bien mientras los números y la inclinación favorezcan al que lanza la bola. La pregunta es: ¿Cuánto tiempo más creeremos en la teoría de los juegos y no en la severidad de la razón?

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Anónimo

Todavía hay confianza
Por Antonio López

Otro aspecto que desde ahora hay que tener en cuenta, muy en cuenta, es la salud del Presidente. Desde hace más de una semana, el cáncer que padece Lugo se sumó a los problemas del país y, en consecuencia, es un factor que bien puede jugar en contra de la gestión del jefe de Estado. Y eso no es poca cosa.

La Nación publicó ayer una encuesta donde la ciudadanía calificaba de regular la gestión de Fernando Lugo durante sus dos primeros años de gobierno, cumplidos en la víspera. No obstante, también en otro punto del sondeo, la misma ciudadanía depositaba sus esperanzas de que en adelante la situación podría ir cambiando, mejorando.

Y es cierto, al gobierno de Fernando Lugo no se lo puede destacar como una buena administración. Mi visión es que se ha avanzado muy poco en muchos aspectos, además de que el ex obispo de San Pedro en ciertos momentos demostró algunas que otras contradicciones, que en nada ayudaron a su gestión. Es cierto también que quizás pesó la poca experiencia política de Lugo, como la mala elección de muchos colaboradores, y el apego a personas que lo mal asesoraron. Es decir, varios son los aspectos que pudieron haber contribuido para que la ciudadanía casi aplace la gestión del presidente de la República.

Sin embargo, y de acuerdo a lo que mostró el sondeo, Lugo aún tiene la confianza ciudadana para dar una vuelta de tuerca a su administración y, en los restantes tres años, cambiar el rumbo de su gestión y buscar una solución a los múltiples problemas por los que atraviesa el país.

Otro aspecto que desde ahora hay que tener en cuenta, muy en cuenta, es la salud del Presidente. Desde hace más de una semana, el cáncer que padece Lugo se sumó a los problemas del país y, en consecuencia, es un factor que bien puede jugar en contra de la gestión del jefe de Estado. Y eso no es poca cosa. Un presidente que no está físicamente al ciento por ciento, es un presidente que no podría darse al país en un ciento por ciento.

Al ex obispo le quedan tres años más de gobierno. Tiempo demasiado largo para una persona que no está físicamente bien, y tiempo relativamente largo para cambiar el rumbo de gobierno. Es por eso que el Presidente deberá concientemente ver la forma de ahorrar energías para salir airoso de esta doble lucha.

Y eso es lo que justamente el presidente Lugo parece no tener en cuenta. El ejemplo claro fue el fin de semana donde, desde que llegó del Brasil, tras sus cinco días de internación, no paró de activar. En poco más de 24 horas, dio cuatro mensajes en igual cantidad de actos, se reunió con los presidentes de Bolivia (Evo Morales) y de Uruguay (José “Pepe” Mujica) y participó del festival por el Día del Niño en la Chacarita. No es poca cosa para una persona que no está bien de salud, y además tiene la responsabilidad de administrar un país.

La ciudadanía en la encuesta publicada por La Nación se mostró optimista de que la situación del país puede cambiar. Pero para eso hace falta mucho más que presencias en actos que pueden o no ser tildados de populistas (depende del cristal con que se mire); hace falta que el administrador del país piense más en la gente, piense que de nada servirá hacer actividades con la intención de demostrar que puede, cuando que con eso está deteriorando aún más su salud. Hoy el Paraguay, a partir de la salud del presidente Lugo, vive otra realidad. Una realidad que puede ser buena o mala, pero que depende en gran medida del camino que siga el ex obispo para no caer.

La ciudadanía tiene esperanzas en el Presidente, por lo que es el Presidente quien tiene que tomar todos los recaudos para no defraudar esa, por ahora, gran porción de confianza que todavía está depositada en su persona.

Fecha: 16/08/2010 16:17.


Anónimo

LOSDOS AÑOS DE VAIVENES POLÍTICOS NO IMPIDEN EL CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA
A dos años de la asunción de Fernando Lugo, en lo econó- mico hay estadísticas que alientan esperanzas, pero que no llegan a cristalizarse aún en un crecimiento sostenible que se convierta en desarrollo y apunte a una mayor equidad social. En lo político, el Gobierno ha dado tumbos, pero en los úl- timos tiempos demostró mayor pragmatismo luego de gratuitos conflictos de tinte ideológico provocados desde su pro- pio seno. Ahora aparece un factor que abre una gran incógnita: la enfermedad del presidente.

El crecimiento del 10,9% del PIB en el primer trimestre del 2010 despierta expectativas respecto a un futuro de bonanza. La tendencia continúa y eso da crédito al Gobierno. Sin embargo, el último Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (del 2009) señala que la brecha entre ricos y pobres se ensanchó en el Paraguay, y esa tendencia también parece continuar. El Gobierno no ha podido lograr aún un equilibrio social.

Transcurrido el bienio desde el 15 de agosto del 2008, dos de las promesas de Lugo - soberanía energética y reforma agraria- siguen siendo cuentas pendientes sin visos de reversión.

En el primer punto, Brasil no ha cedido un ápice en su hegemonía en Itaipú. En lo segundo, el Gobierno nunca tuvo claro qué es una reforma agraria en el siglo XXI, y su concepción en ciertos referentes gubernamentales es apenas una rémora sesentista. Los problemas del campo persistirán, sobre todo de la mano de dirigentes campesinos para los cuales los conflictos representan un negocio.

Sus problemas íntimos, su creencia original de que podía gobernar sin los partidos políticos y la influencia de un pequeño entorno de izquierda, hicieron que Lugo generara decepciones, cometiera errores estratégicos y perdiera el tiempo. Por ejemplo, sus arrogantes pichones izquierdistas realizaron un acto político en pleno Comando de Ingeniería (mayo del 2009) y, ante el escándalo, no asumió su responsabilidad y, en contrapartida, defenestró a tres altos jefes militares. Por otra parte, su puja con el Congreso hizo que la amenaza del juicio político enturbiara constantemente el ambiente.

En los últimos meses, sin embargo, el presidente se revistió de un mayor pragmatismo y entendió que sin un diálogo con los partidos la gobernabilidad se vería empañada. Y se abrió al diálogo. Pero en una cosa fue tajante desde el principio: no permitió nunca que el PLRA compartiera con él el poder. Encapsuló a Federico Franco y mantuvo cerca a Efraín Alegre y Blas Llano. Cuando este quiso avasallarle, ya en su papel de presidente de los liberales, le frenó enviándole un mensaje contundente: no nombró presidente de la ANNP a ninguno de los que apadrinó Llano y se acercó visiblemente más a Alegre.

Déficits notables del Gobierno de Lugo son su fracaso en el combate al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) y la persistencia de la inseguridad. A eso hay que sumar la corrupción en varios entes estatales.

Claro que tiene materias en su haber, como en salud pública, en el manejo prolijo de la macroeconomía o en el apoyo a ciertos ministros y funcionarios eficientes.

El análisis (aunque somero) de los dos años de Lugo no debiera soslayar una proyección futura. Pero, por ahora, eso debe esperar ante un nuevo y sorpresivo factor: la enfermedad del presidente. Habrá que ver aún su repercusión en la salud de la República.

Fecha: 16/08/2010 16:32.


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