La desigualdad es el rasgo característico de América Latina que con mayor crudeza define la realidad de los diversos países que la componen.

Y la educación es el campo en el que se pone en juego la posibilidad de reducir ese registro de injusticia de cara al futuro, pero esta tarea demanda la toma de medidas profundas y ambiciosas, muchas de las cuales deben coordinarse entre los Estados de la región.

Ayer nos referíamos a la carrera armamentista que se registra en la región, impulsada - probablemente -por el bolivariano Hugo Chávez, quien no tiene problemas en usar sus petrodólares en la adquisición de armamento pesado, de diversas partes del mundo.

Muchas otras naciones, incluyendo a nuestros vecinos bolivianos y brasileños, los emularon, descuidando al verdadero enemigo, la pobreza, a quien no se combate con armas - contrariamente a lo que dijeron los bolivianos - sino se lo combate con creación de fuentes de empleo, educación y capacitación.

El problema referido a la exclusión educativa incluye el bajísimo nivel de escolarización de chicos menores de cinco años provenientes de hogares pobres, los elevados niveles de repitencia y deserción escolar que aparecen en el mismo segmento social y especialmente durante el ciclo secundario, la baja calidad de la educación pública y la escasa proporción de estudiantes de bajos recursos que accede al nivel universitario.

Además, hay que renovar los esfuerzos contra el analfabetismo y mejorar el acceso y el uso pedagógico de las nuevas tecnologías.

Se trata, en suma, de un problema que compromete el futuro social de un importante segmento de la comunidad latinoamericana, cuyo acceso al universo económico y cultural se encuentra severamente condicionado.

En ese sentido, un proceso relevante es el que realizan las autoridades educativas latinoamericanas conjuntamente con la Cepal y la Organización de Estados Iberoamericanos. Así se ha fijado como principal meta acabar con la desigualdad educativa durante el decenio 2011/2021, que demandará un incremento de la inversión en educación de todos los países latinoamericanos, a los cuales se le sumarán aportes de España, la Unión Europea y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Este compromiso se asumiría en la Conferencia de Ministros de Educación que se celebrará en la Argentina el año próximo. Del cumplimiento de esta meta dependerá el futuro social de la región, una de las de mayor nivel de desigualdad del mundo actual.

La educación puede contribuir a reducir la desigualdad en América Latina.

 

editorial VANGUARDIA 

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