Una semana atrás, los medios masivos comerciales impresos publicaban, con disimulado festejo, un crecimiento económico del país del 9%, gracias a una exportación agrícola record, en el primer semestre de este año, que arrojó la hermosa suma de alrededor de 2.400 millones de dólares.

Lo que dejaban inferir los periodistas y economistas de los medios en sus informaciones y análisis es que la bien aventura era de todos los paraguayos y paraguayas.

Uno de los medios, sin embargo (Ultima Hora), en un aparente rapto de culpa no exento de cinismo, trató de explicarse porqué divinidad hay un crecimiento económico pero la gente sigue muriéndose de hambre. Entrevistaron a varios de sus viejos clientes de la ciencia económica. Aquí solamente citaré a tres de los conspicuos: Manuel Ferreira, Ricardo Rodríguez Silvero y Gabriel González. Los tres, como si tuvieran la siquis de unos trillizos, repitieron el libreto anacrónico: la contradicción señalada arriba, afirmaron nuestros economistas, tiene sus causas en la falta de mano de obra calificada, de inversión extrajera y de infraestructura. Y todos, al unísono, le echaron la culpa al Estado.

 

 

 

Kiko Torres, el dueño de la revistería de la esquina de mi casa, es sencillamente más serio que nuestros académicos. Le comenté: “Nde…mba’ere pio oi la crecimiento económico ha ñande cada ve ñande mboriahuve…” Kiko me respondió: “Ha sencillo che mano: umi iricova ko ndo pagasei la impuesto…pe’ako la problema”.

 

 

 

A diferencia de Kiko, aquellos tres oráculos no habían hablado de una de las causas estructurales de la miseria en el país: el sistema impositivo diseñado para beneficiar a los bandidos legales, que se resume en: a) Un régimen impositivo aplicado al uso y tenencia de la tierra risible: un latifundista paga un promedio de 620 guaraníes por hectárea b) Paraguay es un enclave por cuyo puerto salen sin pagar aranceles millones de toneladas de granos y carne vacuna c) Los bancos internacionales remesan a sus matrices miles de millones de dólares sin pagar aranceles especiales d) Un hato de supermercadistas que oligopolizan la comercialización de alimentos y consiguen el 70% de sus productos de contrabando e) Las empresas industrializadoras del agua extraen millones de litros de agua dulce subterránea sin decirle gracias al Estado f) Las empresas pagan un estúpido 10% de impuesto a la renta g) No existe el Impuesto a la Renta Personal. En síntesis, un Estado que existe como fachada para darle formalidad económica a los productores y para condenar a la exclusión económica a 4.500.000 de sus habitantes.

 

 

 

Sabrán nuestros oráculos que los recursos naturales y materiales del Paraguay están siendo drenados por las políticas trasnacionales de los Estados Centrales Capitalistas, mediante una estrategia, la geoeconomía, que no necesita de invasiones ni fusiles para aniquilar un país. Y que un ejemplo de esto son los casi 2.400 millones de dólares al que ascendieron el valor de las exportaciones agrícolas en el primer semestre de este año, sin pagar impuestos y produciendo una depredación ambiental sin proporciones.

 

 

 

No los voy a culpar completamente. Sé que nuestros ilustres economistas fueron colonizados en o desde altas casas de estudios de los centros de poder, lo cual los vuelve inútiles para analizar con seriedad las economías de los países de la periferia. Pero sé también que sus consultoras viven del trabajo que les dan las empresas nacionales y extranjeras, y que los medios, que defienden los intereses de aquellas, son un gran escaparate que los visibiliza, lo que les permite consiguir importantes contratos de trabajo.

 

 

 

Así que la causa de la poca seriedad de nuestros economistas es una mezcla de estupidez e interés crematístico.

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