A cada tanto, las autoridades nacionales se lamentan porque el país carece de inversiones.

Datos estadísticos confiables señalan que Paraguay ha registrado una caída del 23% en concepto de Inversión Extranjera Directa (IED) durante el ejercicio 2008, logrando atraer fondos por valor de 150 millones de dólares (108 millones de euros), frente a los 196 millones (141 millones de euros) captados un año antes, tal y como constata el informe presentado por la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

Con mucha frecuencia, funcionarios del gobierno, incluido el presidente, recorren países, buscando captar inversiones. Hablan de las bondades de la tierra paraguaya, la disponibilidad de energía y otras cosas. Pero no hablan de la seguridad jurídica.

Es común escuchar en los medios, anuncios de supuestos campesinos sin tierra, que hablan del fracaso de la reforma agraria, de que la paciencia se agotó y de ocupaciones masivas. Eso quiere decir que invadirán, con violencia, tierras de propiedad privada en plena producción.

Esta noticia es común en la prensa paraguaya. Los supuestos campesinos, que no son sino delincuentes con impunidad, entrarán a propiedades privadas a arrasar con implementos y con la producción.

Una invasión de propiedad impune es mucho más elocuente que cientos de indicadores y miles de propuestas retóricas. Y se producen a diario sin solución de continuidad. El resultado es inversiones cero.

El perjuicio causado al país por estos delincuentes que se hacen pasar por campesinos es enorme. No sólo en lo que estos bandoleros dañan, sino lo que significa las noticias en el tema de las inversiones. Cada noticia de una invasión significa una inversión menos, una inversión desechada. Y todo el esfuerzo hecho por algunos en el gobierno se diluye y se pierde.

La impunidad demuestra que en el gobierno existe gente que torpedea, con éxito, todo esfuerzo por progresar. No se quieren inversiones, no se desea entrar en la modernidad. Se quiere que se extienda la pobreza para imponer ideologías fracasadas del siglo XX.

¿De qué vale ofrecer condiciones que se sabe son una mentira?

La verdad se lee cada día en los periódicos y se constatan por televisión. Invertir en el campo en Paraguay es una aventura con final previsible.

La Policía no hace nada, la Justicia tampoco y si lo hace no es obedecida, y eso es lo que llega al exterior en letras de molde. ¿Puede sorprender entonces que la inversión sea igual a cero?

El Paraguay no tiene seguridad jurídica de ninguna clase, lo que impide que haya inversiones. Y sin inversiones no se progresa.

Es el gobierno el que está trabajando contra el progreso al otorgar inmunidad total a los delincuentes que se hacen pasar por campesinos. Es el gobierno el que destruye todo el trabajo de sus mejores funcionarios por razones ideológicas y no se le puede pedir a nadie que oculte esta triste realidad.

 

EDITORIAL VANGUARDIA

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