LA HONESTIDAD TIENE SU PREMIO

Publicado: Viernes, 03 de Septiembre de 2010 16:13 por jotaefeb en CULTURA: lo que nos falta

  • Alcibíades González Delvalle

El pasado viernes 17 falleció Walter Cronkite, a la edad de 92 años. Fue el más célebre periodista de televisión de los Estados Unidos. Influyó en la opinión pública con la credibilidad de sus informativos. Se jactaba de contar solo la verdad y de no contaminar la noticia con sus opiniones. Con estas dos herramientas subió a los cielos de un prestigio inmenso que lo acompañó hasta su muerte.

En apariencia, la fórmula de Cronkite para el éxito es muy sencilla: aferrarse a la verdad y no mezclar la información, que es objetiva, con la opinión personal del periodista, que es subjetiva.

Al parecer es reciente la irrupción en los noticieros de profesionales que no pueden dar una información sin agregarle sus puntos de vista, generalmente obvios o errados. Cuando nos informan, por caso, que un peatón fue asaltado y acuchillado, a continuación el periodista opina que se trata de un hecho grave y que la policía debería empeñarse en combatir la delincuencia. Es como si a los televidentes, lectores o radioescuchas se nos escaparía, por tontos, que se trata de un hecho preocupante.

 

No se trata de que los periodistas dejen de opinar. Al contrario, deben hacerlo, el problema es que mezclan información con opinión. Entonces cuesta, muchas veces, distinguir el límite que separa la una de la otra.

 

Cronkite sabía que una información veraz y completa es la mejor práctica para que la opinión pública decida por sí misma lo que tiene que hacer y pensar. Entendió que buscar la verdad y contarla tiene sus dificultades pero también sus compensaciones expresadas en el mayor bien de un periodista: la credibilidad.

 

Desde los años 60 hasta 1981 Cronkite ha sido líder de audiencia en el telediario de las 19 de la CBS. Fue conocido como “el hombre más creíble de América”. El presidente Obama dijo de él: “Estuvo en guerras y manifestaciones, en marchas y acontecimientos históricos, informándonos con calma de lo que necesitábamos saber. Sobre todo, nunca perdió la integridad”.

 

“Informar con calma”, o sea, con serenidad, ecuanimidad, aplomo, es una de las claves para merecer la confianza del público. La otra: Informar acerca de lo que el público necesita saber. Con frecuencia se informa sobre aquello que el periodista quiere que se sepa, aunque el público no lo necesite.

 

Cronkite cerraba su informativo con esta frase: “Y así es como han sucedido las cosas”. Con estas palabras sintetizaba su ética profesional. Informaba sobre lo que sucedía, no sobre lo que hubiera deseado que sucediese a partir de su ideología, por ejemplo. Se cuenta que le habían preguntado, a raíz de su popularidad y prestigio, si estaría en su ánimo presentarse como candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Republicano o por el Partido Demócrata. Esta pregunta expresa que nunca se le vio inclinarse hacia uno u otro partido, a los que medía con la misma vara. Tal vez tenía su corazoncito, pero su profesionalidad no le permitía un trato desigual ni con las personas ni con las instituciones. Tenía que informar, contar la verdad, por encima de cualquier otra consideración. Se había ganado un sólido prestigio con su honestidad y no iba a echarlo a perder por vedetismo –que conduce al sensacionalismo–, unos pesos o un cargo público.

 

Durante la guerra de Vietnam se le había criticado porque parecía evitar su compromiso con el país. Antes que informar la versión del Gobierno o la de los sectores críticos, voló hasta el escenario de la tragedia, desde donde acercó al público unos reportajes que pulverizaron las noticias que llovían de las fuentes oficiales. Los televidentes se empaparon de la realidad amarga de la situación militar estadounidense y cambiaron irremediablemente de óptica. El presidente Johnson, que buscaba la reelección, no tuvo más remedio que apearse de sus pretensiones. Ante la verdad expuesta por Cronkite ya no podía seguir mintiendo al pueblo.

 

Informarse bien de los hechos es el camino seguro para difundir la verdad. En los medios se hizo costumbre la creencia que, en una controversia, publicar las versiones de las personas o sectores en pugna significa salvar la ética. Con esto no se hace sino confundir más aún a la opinión pública, que termina sin saber de qué lado está la razón.

 

La aureola que acompañó la vida profesional de Walter Cronkite nos dice que la honestidad tiene su premio.

 

 Periodista

 

Ex Presidente del Sindicato de Periodistas del Paraguay

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