• Benjamín Fernández Bogado. 

La grave crisis de Honduras terminó por demostrar que la multiplicación de organismos internacionales  a nivel regional lejos de servir como mecanismo eficaz para afrontar situaciones conflictivas, solo ha conseguido incrementar los niveles de crítica sobre su real eficacia. La OEA, Unasur, Mercosur, Aladi, CAN, etc., probaron en la práctica que poco pueden hacer ante un hecho que abierta violación a los preceptos democráticos y que por lo tanto, requieren con urgencia replantear  primero su existencia y segundo la capacidad para hacer frente a circunstancias como estas.

Al final los mismos que criticaban el intervencionismo estadounidense en la región terminaron por implorar una vigorosa respuesta de los EE.UU. al golpe de Micheletti al tiempo de reclamar que las medidas fueran cada vez más duras ya que las que podría aplicar la comunidad subregional no surtirián el impacto deseado. Pidieron a Arias  presidente de Costa Rica fuerte cuestionador del rol político de Venezuela y al que Zelaya muchas veces se encargó de mofarse de su actitud para que mediara en la crisis en una clara incoherencia de quienes todos los días se encargan de debilitar con sus actitudes, medidas y comportamientos a la misma democracia que cuando la pierden lloran y claman para que la restituyan, incluso quienes se convirtieron en  adversarios ideológicos.

Es evidente que lo que ocurrió en Honduras muestra el grado de debilidad de nuestras organizaciones y nos presenta ante el mundo como una subregión que no ha podido aún ganar la mayoría de edad y el comportamiento que eso supone. Seguimos jugando a la democracia, a los desplantes soberbios que no se compadecen con la capacidad real de respuesta. Los mecanismos regionales no sirven para casos de crisis y eso debería ser un tema concreto a debatirse  a futuro. La cláusula democrática de la OEA no alcanza para reprimir circunstancias de este tipo y cae como siempre en contrariedades profundas como las de admitir a Cuba en su seno y no tener la capacidad de cuestionar el régimen autoritario de Castro. Lo mismo con Venezuela, donde los virulentos ataques de Chávez terminen por generar lo que pareciera ser su objetivo: torpedear toda organización regional que pueda hacerle frente.

Si los organismos internacionales continúan mirando la crisis con la misma falsa y débil preocupación que han mostrado, lo único cierto parece ser que el virus fragmentador está instalado y es cuestión de tiempo para que termine operando sus funestas consecuencias. Lo de Honduras ha sido un ejemplo y quizás un inicio de cambios profundos en la realidad latinoamericana y el rol de organizaciones como la OEA absolutamente rebasada y en donde la reelección de Insulza es casi una metáfora como el significado de su apellido.

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