• Juan G. Granada

Las declaraciones del Presidente Fernando Lugo contenidas en la nota dirigida al Presidente Senado, como respuesta a la invitación de firmar el Acuerdo Democrático, es un valioso aporte a la doctrina Constitucional y nos obliga a repensar sobre viejos esquemas doctrinarios y admitir que el Paraguay se instala en el mundo de las ideas con un aporte explosivo que de un solo codazo descoloca a los pensadores y juristas que ambulan por el mundo.      

La Democracia Burguesa es la que ha adoptado, EEUU, Francia, Europa, Rusia de hoy, Irán, Irak, Israel, India, Inglaterra, México, Costa Rica, es decir el 90% de los países del mundo. Pues bien, ese tipo de gobierno es de mera apariencia. Pero el sistema Democrático que practicaron los Atenienses, las realizadas en plazas públicas en forma directa con discusiones entre ellos en igualdad e condiciones, es la autentica, y que tienen que adoptar los países que tienen más de 20 – 30 – 100 o 600 millones de habitantes de las cuales basta contratar o facilitar a 1500 personas entre jóvenes, viejos, niños, y animales domésticos para darles el carácter representativo a sociedades complejas, industriales o de servicios modernos de comunicaciones inalámbricas, con uso de computadoras y otros adminículos.

Esa reunión de campesinos con caracteres de indudable entusiasmo, que deben hacer ruidos, gritar frases, reclamar raciones, pedir que le alojen en hoteles construidos por despiadados capitalistas, que sepan aplaudir al orador en cada pausa son los representantes del pueblo, que deben substituir a los burgueses del Parlamento.

La Teoría de Lugo plantea el reemplazo de los actuales Parlamentarios por otros de extracción popular surgidos de concentraciones espontaneas, tumultuarias, reunidas sin convocación de órganos competentes, sin consignar resultados de los comicios si los hubieran realizado. Es la llamada “Participación Democrática” de las masas que se integran con personas mayores de edad, menores que acompañan a sus madres y estas con niños de pecho, que en conjunto forman la verdadera fuente “del pueblo en estado de participación”, exigiendo modificación de las cuestiones que interesan al Estado como tratados internacionales, impuestos, reformas del régimen aduanero o modificaciones del Código Penal. En realidad esta forma de convocar al pueblo no es sino una simulación “consultiva” porque de esas concentraciones o manifestaciones no surgen propuestas o proyectos, sino gritos airados contra algunas autoridades o sectores de la sociedad que los adiestradores de masas incultas y excitadas redondean como supuestos mandatos del pueblo, entregados a los intérpretes “auténticos” del pueblo que toman el carácter de participación popular en las decisiones del Gobierno en contraposición a los representantes de la burguesía que “masifican la pobreza y se reparte el botín de privilegios”.

Admitamos por nuestra parte que los elegidos por el pueblo en elecciones generales no son los mejores intérpretes de las necesidades del pueblo. Si Jesús hijo de Dios, no pudo seleccionar a todos los apósteles para cumplir con la misión divina, ¿Por qué no se filtrarían entre 120 parlamentarios algunos trapaceros, tahúres o picaros criollos que en sus jurisdicciones hayan ganado la preferencia de sus electores y así tomaron la representación del pueblo con los votos de quienes apoyaron sus nombres en las listas de votaciones? Lo inadmisible en las llamadas consultas populares directas es que no hay una norma legal que determine el número de asistentes necesarios en las concentraciones para darle categoría de “pueblo en consulta”, no hay autoridad que debe convocarlos o si la resolución se toma, a viva vos, con boletas, si el objeto una Ley, como se discute sus términos o texto; si hay oposición

 

Entre los concurrentes de qué modo se mide el número de personas que sostienen la disidencia; si hay algún tribunal que dicte resoluciones sobre la extensión del proyecto considerado; si hay control sobre menores de edad para excluirles de las mayorías o minorías; si hay recursos a favor de la misma oposición o si es que no hay voces en contra en todos los casos etc., etc.

Si las elecciones de los actuales Parlamentarios o Munícipes, o del propio Presidente de la República no tiene el acierto que la legislación ha pretendido darle, dudamos que las llamadas participaciones directas del pueblo, sin norma, sin padrón, sin mesas electorales, sin tribunal de proclamación sean mejores que el régimen comicial adoptado por todos los pueblos civilizados del mundo.

Me dirán que en la Constitución existen mecanismos de consulta directa, pues bien entonces debemos admitir que deben someterse al régimen legal exigido por el Estado de Derecho y no al guara-rá que propone nuestro Presidente de la República  y algunos colaboradores suyos.

De paso diremos que la cuestión Constitucional o en su caso el Régimen Jurídico Electoral no es materia que cualquier Pakova Ledesma o Elvio Benítez pueden manejar. El derecho está reservado para quienes son aficionados a la Constitución o al Código Civil. Es lo mismo que yo pretenda proponer injertos de Marihuana con naranja agria para cultivadores avezados en la materia. Por estos mismos argumentos, lo que el Presidente Lugo ha lanzado como nueva tesis sobe normas Constitucionales de consulta directa seria la “Tisis (tuberculosis) del Electoralismo”, como diría el recordado Laconich y no una propuesta para disimular su simpatía hacia el Marxismo enmascarado de Socialismo siglo XXI.

 

Disparates como el contenido del discurso del Presidente en Cnel. Oviedo nos lleva a la añoranza de propuestas más práctica del inolvidable José Gil que electrizaba de entusiasmo a los concurrentes a las reuniones políticas. Dejemos de lado esta cuestión para gente mas despierta que nosotros.

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