• Adrián Cattivelli

Fernando Lugo y su gobierno no tienen vida propia. Las elecciones internas del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) volvieron a ponerlo en evidencia. Para algunos, el triunfo del senador Blas Llano supone un logro fundamental para el presidente de la República. Puede ser, pero logro a medias, temporal.   

Un logro solamente porque su principal rival en el partido “aliado”, Federico Franco –paradójicamente su vicepresidente– fue derrotado. En realidad, el verdadero triunfo conseguido por Lugo en las internas liberales es que obtuvo el balón de oxígeno necesario para cumplir su periodo presidencial y abandonar pacíficamente el Palacio de López el 15 de agosto de 2013.   

 

Aunque en esta materia, el mérito no es pura y exclusivamente de Blas Llano. El acuerdo con el nicanorismo para la integración de las cámaras del Congreso, también permite al mandatario esquivar la espada de Damocles del juicio político, con la que la oposición lo jaqueaba permanentemente.   

 

Pero el logro no va más allá de eso. En realidad, Fernando Lugo continúa ejerciendo un liderazgo –si es que tal concepto puede aplicársele a su apocado estilo político– y encabezando un gobierno débil sin sustento político propio. Sigue dependiendo de los demás para obtener gobernabilidad. Por otra parte, a un precio bastante elevado, ya que responder a las permanentes exigencias que le plantean sus eventuales “aliados” tiene un altísimo costo político para él.   

 

En breve sabremos la factura que Llano le pasará al Presidente por haberlo dotado del aire que precisaba para dar estabilidad a su esmirriada administración. Y que se prepare Lugo, pagar la cuenta le llevará los tres años de gestión que le quedan. En el fondo, los dos se usan mutuamente, pero quien lleva las de ganar son los azules, fortalecidos políticamente por manejar una parte del aparato estatal que les reditúa innumerables beneficios en términos de consolidación de su propia estructura política.   

 

Por lo demás, Lugo también pierde porque las elecciones internas, fundamentalmente las de los dos partidos políticos tradicionales, han demostrado que amplios sectores de la población continúan validándolos como herramientas de participación, representatividad y expresión. El plan de Lugo –si es que alguna vez existió– de fortalecer a los partidos políticos de izquierda, continúa revelándose endeble, por no decir inexistente.   

 

Si lo fuéramos a definir en clave porteña, diríamos que Lugo ya fue. El escenario político nacional de cara a las elecciones de 2013, seguirá estando dominado por colorados y liberales, de allí surgirá todo lo interesante que se pueda ver en la activísima vida pública del Paraguay. De ahora en más todo apunta a la conformación de los nuevos liderazgos.   

 

Seguramente, cuando entregue la Presidencia de la República, Fernando Lugo desaparecerá sin dejar rastro. Habrá sido un periodo presidencial marcado por el desencuentro, la angustiante necesidad de asegurarse la propia subsistencia y la falta de fortaleza política para emprender los cambios que el país verdaderamente precisa. Habrá que seguir esperando, entonces, la llegada al poder de un ciudadano que disponga de las herramientas requeridas para gobernar de manera efectiva, cumplir sus planes –con la condición de que primero los tenga– y tener la suficiente autonomía para llevar adelante una administración que deje surco en el desarrollo del país.

26 de Julio de 2010

 http://www.abc.com.py/2010/07/27/nota/158454-Vivir-prestado/

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