• por Gustavo Laterza Rivarola

Amparo y Reparo de la Conquista. Esta metáfora, tan conforme con aquel abigarrado conjunto de ranchos que Asunción fue en sus comienzos, expresa en clave poética una idea principal: que esta ciudad se constituyó en el refugio donde los esforzados y desafortunados conquistadores del Río de la Plata hallaron descanso y solaz. De modo que reparo –no obstante que hoy en día se lo escucha más frecuentemente empleado como objeción– en la primera acepción del DRAE significa restauración o remedio; y en la sexta: cosa que se pone por defensa o resguardo.   

Los conquistadores establecidos en La Asunción hicieron mucha gala de indisciplina y elevaron la práctica de revueltas y conspiraciones casi a niveles deportivos. Esto confundió a quienes, posteriormente, interpretaron que lo de reparo fue dicho en relación a esa tendencia libertaria o subversiva (según cómo se mire) de los asunceños, que antaño los hiciera famosos. Pero se equivocaban de medio a medio, pues aquellos revoltosos no ponían reparos al poder real ni a la Conquista en sí misma; y aunque esa versión nacionalista convenga a los fines propagandísticos que en estos días suenan tan estridentes, es mejor desecharla por mentirosa.   

 

Recordemos quién compuso esta metáfora: don Juan de Salazar Despinosa (como firmaba), en su información al rey. Y lo que dijo fue literalmente esto: Así en ella (Asunción) Dios por su infinita bondad a este testigo y a los que con él quedaron hizo muy grandes mercedes y ha sido la dicha casa y fortaleza amparo y reparo de toda esta conquista...”; es decir, Asunción fue defensa y resguardo de una empresa que había comenzado en Buenos Aires y había estado por acabar penosamente en el Alto Paraguay, con el abandono y muerte de Juan de Ayolas.   

 

Esta pintura de Asunción es fiel a la realidad. Era el hogar que amparaba y reparaba a los que a ella llegaban arrastrados, piltrafas humanas, quebrantados por los combates, el hambre, la desilusión, la soledad. Y lo siguió siendo durante medio siglo más.   

 

El acta notarial de una reunión secretamente realizada un jueves 13 de octubre de 1547, entre los oficiales de S.M. Domingo Martínez de Irala, Felipe de Cáceres, Pedro Dorantes, Antón Cabrera, Andrés Fretes y el escribano Bartolomé González, consigna que “se va a hacer entrada e descubrimiento a la Sierra de las Minas ... mejor noticia se tiene que hay riquezas de oro y plata ... la dicha jornada se acertará con muy próspero suceso en servicio de Dios e de Su Majestad e ... la santa fe católica e bien universal de todos los pobladores e conquistadores que residen en esta Provincia e a ella vinieren de aquí en adelante e porque esta dicha ciudad e puerto es la llave e ... refugio e socorro necesario para prosecución de esta conquista e no hay otro pueblo ni ... da tener recurso de cosa alguna hasta que con ayuda de Dios venga gente e socorro de España...”. 

 

 He aquí otra vez el reparo que Asunción prodigaba. Entre las sierras peruanas y los puertos españoles no había para los conquistadores del Río de la Plata otro techo bajo el que refugiarse. Estarían solos y abandonados una década, hasta la llegada de los restos de la infortunada expedición de Mencia de Sanabria, más las siete vacas y un toro que traían los hermanos Goes, manifestación de la muy parva ayuda de Dios clamada por el escribano Bartolomé González.   

 

Mucho más tarde, Asunción llegó a ser amparo y reparo de pájaros de cuenta, conquistadores de variados matices del rubro delictivo. Hacia los años sesenta y setenta del siglo pasado se refugiaban en Asunción truhanes franceses, alemanes, austriacos, italianos o españoles, prófugos perseguidos por la justicia o por sus acreedores defraudados. Y aquí resultaban protegidos, primero, y luego esquilmados por sus asesores policiales y judiciales, por sus abogados o gerentes; o sea, siendo a su vez víctimas de los truhanes locales.   

 

Hoy en día no es habitual que la ciudad refugie a aventureros ilusos y a bandidos naif. La gran mayoría de los extraños que llegan a Asunción para afincarse traen entusiasmo e incorporan inteligencia, laboriosidad, inversiones y donaciones, motivo que hace que oficinas públicas, empresas, medios periodísticos, universidades, academias y clubes sociales les franqueen puertas sin más exigencia que la de escuchar el agradable tono de su hablar extranjero.   

 

Si hoy Asunción resulta amable para muchos extraños, puede que alguna vez logre serlo también para los nativos. Tal vez se la conozca entonces como “amparo y reparo de los mismos asunceños”.   

 

glaterza@abc.com.py

22 de Agosto de 2010

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Anónimo

Asunción, el latido distinto de una hermosa ciudad

El libro Así es Asunción es un inventario fotográfico y narrativo que nos permite redescubrir un abanico positivo y sonoro de la ciudad.
Por César González Páez


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Escuchando Noches blancas, de la autoría de Mauricio Cardozo Ocampo, con las voces de Sembrador, la lectura del libro Así es Asunción se convierte prácticamente en un paseo. Recorremos, a través de las fotografías, recodos mil veces frecuentados, pero vistos desde un ángulo que nos permite redescubrir y cambiar la opinión sobre la ciudad. La música que proviene del cedé que acompaña a esta edición, pone la nota musical al colorido de los diversos tajy y los edificios históricos. La mirada del lector se pasea, como diría Eloy Fariña Núñez, por "la ciudad floral, gentilicia y solariega, la capital del Paraguay histórico".

Cada edificio tiene su historia, desde la Catedral de Asunción ocupando el mismo predio adonde fue trasladada tras el gran incendio de Asunción, en 1543, y restaurada en tiempos de Carlos Antonio López, en 1859. En verdad, honra muchos años de historia, y su sola presencia nos trae episodios de grandes momentos litúrgicos, hasta escenarios de revoluciones. Sin embargo, la fotografía retrata el edificio desde un ángulo que lo favorece y hasta parece una postal melancólica. Una imagen que se revaloriza con la vista nocturna y los efectos lumínicos.

El recorrido no se detiene allí. Podemos apreciar ángulos llamativos como, por ejemplo, los de la centenaria Estación del Ferrocarril, hoy restaurada y convertida en centro cultural. El recorrido nos lleva por el antaño concurrido centro comercial, la zona del Puerto, con sus edificios inevitables de observar, como el Puerto mismo o el edificio Marco Polo.

Cotidianidad

El libro nos lleva por escenas cotidianas de la vida asuncena: la colorida presencia de los indígenas; la imagen siempre presente del vendedor de chipas, con el aroma de ese alimento que surge con tan solo pensar en ello. También hay registros de la vida diaria del Mercado Cuatro, la exposición de los productos que venden hasta la imagen de un vendedor de mosto. Facetas que hacen a la ciudad y que pintan con recuerdos escritores y periodistas como Rubén Bareiro Saguier, Alcibiades González Delvalle, Pepa Kostianovsky, Mario Ferreiro, Dirma Pardo, Humberto Rubin y otras voces que completan esta gran postal de la ciudad. Palabras que se bifurcan en recuerdos y anécdotas que tuvieron como escenario a la denominada Madre de Ciudades. Un bello gesto editorial de honrar y revalorizar a Asunción.


Testimonios

Para el periodista González Delvalle, "Asunción nació bajo el signo del espejismo. Sus fundadores levantaron una Casa Fuerte para que sirviera de 'amparo y reparo en la Conquista', en la creencia obstinada de que sería el punto de partida para escalar las montañas de plata y oro".

Para Humberto Rubin, su enfoque no es histórico, sino ecológico, cuando escribe que "nadie imagina el placer inmenso que siento cada día cuando puedo caminar por Ñu Guasu (Campo Grande)". Destaca ese "pulmón abierto que es la antesala de Asunción". Dirma Pardo resalta la belleza de la mujer asuncena y su rol, desde la típica mujer de trenzas floridas a la actual protagonista en todas las actividades de la ciudad. En fin, esta edición es un espejo para mirar y mirarnos.

Fecha: 10/09/2010 16:38.


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