QUIEBRE INSTITUCIONAL

Por Benjamín Fernández Bogado

Hemos cruzado el Rubicón, el mismo que el emperador Julio César en su megalomanía del poder había decidido hacerlo para invadir las Galias y abrir un periodo de confrontación y de luchas. Nicanor Duarte Frutos no tiene nadie que le diga que está desnudo y que su decisión personal, la misma que colocó por encima de la República y sus normas, abre paso de nuevo al relativismo más perverso de la norma y la fragilidad de las instituciones democráticas. Arrasará con su juramento a su partido, a Castiglioni y probablemente hiera gravemente a la democracia. No hemos escuchado una sola voz que se levantara contra este peligroso quiebre a la institucionalidad de la república, la única garantía que tenemos todos en una democracia y que por decisión personal del ex presidente en connivencia con la pusilanimidad de la Corte, el tribunal electoral y la mayoría del senado, se ha puesto en entredicho.

A partir de ahora volvemos a desandar el incierto camino del relativismo en el que cualquier cosa puede pasar y en donde la emboscada más artera y ruin puede tener el aval social y el fundamento autoritario.

 

El mensaje que se envía desde los poderes del Estado es que vivimos en una democracia quelembú. Una que no respeta normas, donde algunos con mayoría se mofan de la Constitución y en donde un pueblo agotado en su paciencia ve cómo cada día la clase política pierde su tiempo en degradaciones populares mientras la inseguridad, la pobreza y el desempleo campean en el país. Nada de las cuestiones trascendentes constituyen prioridad alguna. El debate político nacional pasa por la impertinencia ruin de Nicanor y por el apoyo de un sector que no analiza el impacto que esto tiene sobre el pueblo en general que percibe, con justa razón, que el estado de derecho en el Paraguay es una ficción. No le sirvió de nada la experiencia de un Oviedo trasgresor de la ley víctima después de su reiterada falta. Cuando buscó la justicia de la que él mismo se mofó cuando tenía poder, fue demasiado tarde. Esta lección no termina de aprenderse por los poderosos. Respetar la norma y la institucionalidad es la única garantía que tenemos todos de que cuando recurramos a la Justicia ella responderá como es debido.

 

Los magistrados de la Corte y los miembros del Tribunal Electoral han confirmado las peores sospechas que tiene la ciudadanía sobre el ejercicio de sus funciones. Ahora se confirma que son funcionales al poder de turno y que la única preocupación real que tienen es mantenerse con los buenos salarios que cobran y con el poder que pueden ejercer. No les mueve otra preocupación más. Cuando los quieran "pulverizar" nadie los defenderá ni llorará por ellos y eso lo saben por eso actúan con alevosía. Por eso viven "complicados" con el poder político porque con ellos medran y a ellos les son funcionales. Por eso no hay juicio político que corra contra ellos y a pesar de que esto no puede continuar así, todavía creen tontamente que esto es eterno. Así fue en Ecuador y Venezuela y hoy lloran los demócratas sus consecuencias. No encontraron amparo ni reparo cuando al grito de cargar contra las instituciones tanto Correa como Chávez encontraron eco popular. A Carlos Andrés Pérez solo le quedó el exilio en Dominicana como quizás le espere a Nicanor su departamento en Buenos Aires. Los que los acompañaron sufrirán la misma suerte y en el medio como siempre: el pueblo sufrirá sus consecuencias.

 

Alea iacta est (los dados han sido echados), vamos a un camino sin retorno. ¿Quién podría corregir esto cuando la mayoría está complicada con la ilegalidad?

 

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