Una bomba tronó muy cerca. Otra más le siguió. Eran estruendos secos, preludios de otras estampidas, estampidas que enmudecieron sin alarde, muy por el contrario de otros tiempos. El nuevo día marcaba el aniversrio de laANR. Adentro, en el Café del Teatro Municipal, Los del boulevar afinabanVioletas para Violeta, esta consagración del mundo poético de Joaquín Sabina dedicada a Violeta Parra. En esta pieza el poeta español expresa, magistralmente, una denuncia feroz de lo ocurrido en este país con el golpe militar que derrocara al presidente electo Salvador Allende e impusiera la dictadura de Augusto Pinochet.

No era necesario mirar el reloj para saber que la medianoche en punto había llegado y que el nuevo día marcaba, sin aviso, el aniversario del Partido Colorado.

Adentro, entre imágenes proyectadas a la pared de Joaquín Sabina, los acordes de Lorenzo Morales y unas cervezas cada vez más caras, las bombas incitaban apenas algunas miradas curiosas sin pretensión de respuestas.

A esa misma hora, en Chile el reloj también marcaba el aniversario del comienzo de esa etapa sangrienta que nos recuerda, con las manos destrozadas de Víctor Jara, cómo nuestros pueblos fueron atropellados sin miramientos, ay, sin miramientos. Esto ocurría en 1973. La vía electoral para discutir con el capital la construcción de un Estado autónomo terminaba en un muro de lamentos, exilios, muerte y desaparición. En Paraguay, dos décadas antes, en 1954, un hombre de labios gruesos y rasgos agringados, asumía a través del Partido Colorado el Palacio de Gobierno.

Veníamos de acariciar identidad de nación guaraní -a cuyo estado se lo mató en la Guerra Grande- en la Guerra del Chaco y de acribillarse los sentidos en la Guerra Civil de 1947. Tras esta guerra civil, el Partido Colorado emerge con un poder total, retomando la administración de la República luego de décadas de gobiernos liberales.

Cómo ubicarse en estos tiempos, desde dónde mirar nuestra historia de profundas heridas.

El régimen de Stroessner, muy pronto, vacía al Partido Colorado de democracia interna. Los primeros expulsados del régimen serían justamente los del Movimiento Popular Colorado (Mopoco), cuyo líder en aquel tiempo, Waldino Ramón Lovera, llegó a ocupar, ya durante la transición muerta, la presidencia del Congreso.

El régimen era el partido y el partido era el régimen. Los bienes de la nación se funden con los bienes del Partido Colorado, a punto de que las medicinas eran conseguidas en las seccionales, la recomendación para la atención en el sistema público, la posibilidad de ingresar al Estado, al Ejército, de tomar parte del contrabando mayor, de participar de licitaciones, de ingresar a las universidades.

El Partido Colorado se recreaba en los 50 con el discurso de Natalicio González, pero el régimen de Alfredo Stroessner solo utilizaría su tratado para exaltar un nacionalismo trasnochado, una exaltación folklorista de la “raza guaraní”. El estronismo impone un sello marcial desde el Ejército, creando un estereotipo de macho muy macho, y subordina todas las fuerzas armadas a su política de tráfico, en tanto que construye una economía agroexportadora, importadora y reexportadora, sacando al país de su antiguo letargo rural para convertirnos en lo que hoy somos: urbanos de mitos silvestres, vendedores de Rolex, Raiban, empanaditas, asaditos, yuyos..

El Estado que hoy conocemos es el construido por el régimen de Alfredo Stroessner que se sostuvo en el Partido Colorado como estructura de control y promoción sociales. Son sus escuelas, su educación, su forma de acción política, de asistencia, hasta se mantienen las formas folklorizantes con que se anula nuestra lengua fuerte, el guaraní.

A la retirada de Alfredo Stroessner, en 1989, el Partido Colorado era la única estructura que podría dominar “la transición”. Y así sucedió, aunque con gruesos conflictos de habitación entre las alas dispersas del antiguo régimen. Un pacto entre el brazo fuerte del Ejército, Andrés Rodríguez, el caudillo civil Luis María Argaña y la embajada norteamericana señalará el inicio de nuestra “transición”. Ya eran los “nuevos tiempos”. Tiempos del mercado libre, de vender las empresas públicas a las transnacionales, de convertir todo lo público en privado. Una cosa muy parecida al régimen estronista pero a otras escalas. El régimen de Alfredo Stroessner ya no era funcional a estos nuevos tiempos. Era ya también época de “formalizar” nuestra economía y de ajustar nuestras finanzas a lo dispuesto por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

El neoliberalismo llegaba a nuestro país sin que pudiéramos discutir sus grandes coordenadas, acá, en este paisito, en que nos debatíamos entre la mafia sicaria, el tráfico de autos, de drogas, el contrabando, el modelo agroexportador, sin debatirlo, y creyendo -o queriendo que así lo creamos- que la crisis del régimen era la crisis de pueblo. Lino Oviedo, Luis María Argaña, Juan Carlos Wasmosy y todo lo que esta gente representaba en los intereses creados, sostenidos y apuntalados por el régimen estronista, cubiertos por una falsa democracia, impuesta, nuevamente, desde el Norte.

El Partido Colorado de agrarista ya no tiene nada, de nacionalismo el folkore alienante, aunque el país, aun a su retirada formal de la Presidencia en 2008, hereda su modelo de exclusión, una economía depredadora y especulativa y toda una institucionalidad hecha a espaldas del pueblo, bueno para los “letrados”, los gestores, los fiscales, los aduaneros, los sojeros, los ganaderos y los importadores y reeexportadores. Las bombas dejaron de sonar. Es probable que, de no concebirse un proyecto profundamente superior al orden establecido en el país por el estronismo, las estructuras de poder ya no necesiten obligatoriamente al Partido Colorado en la administración central. Hay muchos que reproducen la práctica y creen que su podercito, desde algún carguito de prebendas, estaría en juego con que las cosas cambien, realmente. No en valde que el Partido Liberal Radical Auténtico, en los últimos dos años, afilió a unas 250 mil personas más, de las cuales 15% son “colorados”.

http://ea.com.py/a-cuento-de-el-aniversario-del-partido-colorado/#more-1733

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