• Carlos Maldonado

La crisis político institucional que azota a Paraguay desde hace dos años continúa su intensidad. El primer gobierno que puso término a más de cincuenta y cuatro años de dominio del Partido Colorado, inaugurado por la dictadura del general Alfredo Stroessner, ha tenido serias dificultades para lograr estabilidad y mínimos consensos políticos.

En agosto de 2008 asumió la presidencia de este país mediterráneo sudamericano, uno de los más pobres de la región, el ex obispo Fernando Lugo, un neófito en política y sin un partido propio. Encabeza una alianza de centro izquierda con el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), el que se quedó con la vicepresidencia y más de la mitad de los ministros del gabinete. Desde entonces se han sucedido los desencuentros. Mientras Lugo se ha ido acercando cada vez más a los modelos izquierdistas de la región, el vicepresidente Federico Franco se ha situado a la derecha criticando de paso al régimen de Hugo Chávez, a la UNASUR y a todo lo que parezca pensamiento progresista. Las diferencias entre Franco y Lugo se han vuelto algo rutinario. A ello se suma el hecho de que el presidente Lugo tiene que gobernar con minoría en el Parlamento, dominado por colorados y liberales, los mismos que se supone están representados en el gabinete. Las diferencias han llegado al extremo de que la mayoría del Congreso rechazó un proyecto de estado de excepción en el norte del país debido al supuesto peligro que representa el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), y terminó imponiendo uno propio.

 

El último episodio de esta confrontación tuvo como protagonista al ministro de Defensa, general Luis Bareiro, quien renunció al cargo para evitar un juicio político en el seno del Congreso, acusándolo de ser responsable del robo de tres fusiles de la sede del Mando del Ejército (...). La mayoría opositora nunca le perdonó haber denunciado una supuesta reunión conspirativa entre Franco, varios políticos desafectos y la embajadora de los Estados Unidos Liliana Ayalde. En la cita se habría discutido sobre un eventual juicio político al presidente Lugo por "mala gestión".

 

La denuncia de Bareiro implicó de paso la suspensión unilateral de los operativos de asistencia cívico-militar "Nuevos Horizontes", ejecutados por el Mando Sur estadounidense, los mismos que ahora, luego de su alejamiento del cargo, se podrían reanudar.

 

Por cierto, el vicepresidente Franco se ha opuesto al nombramiento del nuevo ministro de Defensa, señalando que "se destituye a Bareiro, pero se pone al delator", en referencia a que su sucesor, el general Cecilio Pérez, hasta ahora viceministro de Defensa, le habría informado a su superior sobre la citada reunión. Por cierto, esta declaración de guerra le augura al general Pérez un breve paso por la cartera de Defensa.

 

El desenlace de la crisis política paraguaya es de difícil pronóstico. Podría precipitarse si el cáncer que aqueja a Lugo se agravara. En caso contrario, los tres años que le restan en el Palacio de Gobierno en Asunción podrían convertirse en un infierno. Esto no es muy halagüeño para la novel democracia de este país, pues un creciente desgobierno podría facilitar los ya serios problemas existentes en materias como seguridad pública, narcotráfico, corrupción, indisciplina y golpismo en las Fuerzas Armadas y la eventual emergencia de una guerrilla que, aunque por ahora muy pequeña y diezmada, podría convertirse en el futuro en un peligro mayor.

 

*Carlos Maldonado es Historiador por la Martin-Luther- Universitat (Halle, Alemania).

Actualmente es asesor internacional del Ministerio de Defensa chileno.

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Anónimo

La clase política tiene que dedicarse a construir y no a obstruir los avances del país


En momentos en que la situación del Paraguay exige a la clase política cordura y contracción a sus funciones, ésta pierde el tiempo en inútiles confrontaciones. Los trabajosos avances, registrados con el crecimiento de la economía, no son acompañados por quienes tienen el compromiso de traducir la política en acciones constructivas. Les importan más sus intereses facciosos que contribuir al bienestar. Sin pudor, se distraen en debatir interminablemente sobre una banca en el Senado, cuando deberían ocuparse en la solución de los problemas nacionales.

Pese a la frágil institucionalidad política, el Paraguay está en la senda de un crecimiento histórico en su economía. Ante este cuadro positivo, la obligación de los actores políticos es mostrar que el Estado y el Gobierno funcionan. Pues este crecimiento hay que convertirlo en desarrollo.

Sin embargo, nuestros representantes y autoridades - con escasas excepciones- van a contramano de lo que está logrando la sociedad civil. Está claro que este crecimiento requiere sostenibilidad. Para eso necesita del esfuerzo de todos, especialmente de quienes asumen la responsabilidad de legislar, administrar y atender los asuntos jurídicos de la República.

Las descalificaciones siguen. La contención y la prudencia no están en la conducta de los políticos. Como si una parte de los poderes del Estado pudiera distinguirse por su autoridad moral o eficiencia. La tragedia es el vaciamiento de respetabilidad que deben merecer los gobernantes ante sus mandantes, el pueblo.

Cuando aparentaba que se iba avanzar hacia cierta concertación para la gobernabilidad, se profundiza la fragmentación política. Comenzó con un fallo de la Corte que encontró resistencia. Siguió con la pretensión del ex presidente Nicanor Duarte Frutos de asumir su banca en Senadores. Gesto de crispación que pudo evitar. La racionalidad obliga a cotejar la correlación de fuerzas políticas.

De nuevo el presidente de la República se manifestó expresamente contra los dos poderes del Estado. Y ya desde el oficialismo se habla de juicio político a los miembros de la Corte, para proceder a su renovación. Si esa es la agenda prioritaria que se quiere imponer a la política, ésta con mayor agitación agravará el divorcio con las verdaderas necesidades que nos apremian.

Para sumar su aporte, aunque sea mínimo, esta es la hora en que la sociedad política debería demostrar cierta cohesión. Que mediante el consenso que se pueda conseguir se avanzaría en mejorar la institucionalidad de la República. Y con ello ofrecer una imagen que interna y externamente favorezca al país.

Y no solo para destrabar las cuestiones pendientes para la formalización de los cargos en los tres poderes del Estado, de por sí ya impostergables. Además, y muy especialmente, para crear un clima positivo para la sostenibilidad del crecimiento y su orientación hacia el desarrollo económico, social y cultural. Por estas direcciones pasa el interés del Paraguay. No por oscurecer aún más la incertidumbre política.

En lo inmediato hay que estudiar y aprobar el Presupuesto para el 2011. Y con la expresa primacía del gasto social. Sin duda, la administración debe apuntalar la performance de nuestra economía, cuya involución sería lamentable. Para seguir con un alto crecimiento es imprescindible la afluencia de inversiones millonarias.

Es apremiante aumentar la producción y la productividad. Añadirles valor agregado, para crear empleo y mejorar los ingresos. Dinamizar con más ímpetu la construcción, e invertir en educación, salud y obras públicas.

Estos son los sectores prioritarios de la nación. Los actores económicos y sociales no se cansan de repetir. Y aunque en la retórica los aceptan los actores políticos, en la práctica solo se dedican a obstruir los escasos avances logrados. Olvidan que la irresponsabilidad los condenará al ostracismo.

Fecha: 19/09/2010 07:30.


Anónimo

¿QUIÉN CUIDA A NUESTRO PRESIDENTE?

El presidente Lugo fue internado de urgencia..., tal era la precariedad del estado de su salud, que tuvieron que trasladarlo en carácter de URGENCIA a São Paulo, dejando al descubierto la vulnerabilidad del tratamiento del Sr. Presidente, cuando en el país hay excelentes profesionales y estudiosos del tema.

¿Quién cuida de él? ¿Quién cuida de su plan alimenticio? ¿Hay alguien que le informa al Presidente las precauciones que debería tomar con el tratamiento? ¿Hay alguien que le explica las posibles reacciones de su cuerpo al tratamiento? ¿De los peligros del tratamiento?

El oncólogo que lo atiende se encuentra a 1.500 kms... ¿Por qué le llevaron a São Paulo para hacerse la quimioterapia, por qué tanto movimiento, si se supone que las fórmulas químicas son universales?

Me imagino que se deben tomar sus recaudos ante la delicadeza del estado de su salud. Cada vez que el presidente Lugo tiene alguna reacción, son los médicos quienes se asustan más que el paciente, proyectando una imagen desatinada de la medicina en nuestro país.

Al Presidente del Paraguay, no lo están cuidando bien, y a sus habitantes ¿qué nos pasa? ¿por qué nadie dice nada? Él es presidente de todos.



Teresita de Peroni

CIP 652.501

Fecha: 07/10/2010 11:04.


Anónimo

sobre el punto

Fecha: 07/10/2010 11:05.


Anónimo

BUENOS DÍAS, PARAGUAY

Fecha: 07/10/2010 11:06.


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