• Cecilia Vuyk

DISPUTA ENTRE DILMA ROUSSEF Y JOSÉ SERRA

Cuánto nos jugamos en las elecciones brasileñas próximas, teniendo en cuenta la influencia del Brasil en la política y la economía paraguayas. Este 3 de octubre, más de 135 millones de electores del Brasil  elegirán al nuevo presidente,  a 27 gobernadores, todos los diputados, 1/3 de los senadores y 1.059 representantes en las asambleas estaduales.

La disputa principal se centra en quién sucederá a Inacio “Lula” da Silva en el Palacio do Planalto: Dilma Roussef del PT, ex Ministra en Jefe del Gabinete Civil del gobierno de Lula, candidata por la Coalición Para o Brasil Seguir Mudando (PT, PMDB, PR, PSB, PDT, PC do B, PSC, PTC, PRB y PTN), o José Serra del PSDB, ex gobernador del Estado de San Pablo, candidato por la Coalición O Brasil Pode Mais (PSDB, DEM, PTB, PPS, OMN, PT do B) . Si ninguno llega a una mayoría, iría a segunda vuelta el 31 de octubre, lo cual sin embargo ya no parecería ser necesario.

Hasta hace un mes las intenciones de voto se encontraban reñidas. En una encuesta publicada por la brasilera IBOPE el 30 de julio, Dilma encabezaba las intenciones de voto con 39%, pero Serra se encontraba segundo con 34%, lo cual subía y bajaba en una carrera por tomar el primer lugar. En tercer lugar se encontraba la candidata por el Partido Verde, Marina Silva, con 7%, y Plinio de Arrua Sampaio, del PSOL -así como los demás 5 candidatos con menor intención de voto- se encontraban con menos del 1%.

A finales de agosto Dilma saltó al 46%, para posicionarse luego a comienzos de este mes en el 51% de las intenciones de voto, mientras Serra cayó al 25%. Los intentos de los tucanos (PSDB) de denunciar espionaje en la campaña del PT y corrupción en el gobierno lulista no han servido para repuntar lo necesario. Siguiendo con esta racha, sería Dilma la sucesora de Lula en el siguiente periodo presidencial en el Gran Vecino Brasil.

 

Dos periodos de gobierno Lula

Podríamos sostener que estos dos periodos de Lula han significado para el Brasil la vuelta a un proyecto nacional-desarrollista y la consolidación del país como actor relevante en el escenario internacional.

 

Caracterizan al modelo neo-desarrollista de Lula dos vertientes: un Estado financiador que, a través de su banco estatal –el BNDES- induce el crecimiento económico fortaleciendo al capital privado en sectores estratégicos, tanto en el país como en el exterior; y un Estado inversor, que realiza mega-obras de infraestructura, materializadas en el Programa de Aceleración de Crecimiento (PAC), dirigido por Dilma. De esta manera, el gobierno Lula retoma el trípode creado con J. Kubitschek: Estado – empresas extranjeras – empresas nacionales privadas, donde el papel del Estado es responder a las demandas de infraestructura, energía y logística del capital privado nacional y transnacional (CEPAT, 2009).

 

A este fortalecimiento del desarrollo capitalista, el gobierno Lula le suma al Estado un carácter social, a través de las políticas compensatorias de alivio a la pobreza, en la línea de las recetas de los organismos internacionales como el Banco Mundial. Quizá el principal ejemplo es la Bolsa de Familia, que realiza transferencias monetarias con condicionalidad a más de 12 millones de familias en todo el país.

 

En el plano internacional, el gobierno Lula ha avanzando en la línea de Itamaraty de constituirse en un global player (jugador mundial). Ha apostado a fortalecer la integración regional sudamericana y a desarrollar una política exterior no directamente alineada a los UEA, retomando la multilateralidad en la política exterior, desarrollada por varios de sus antecesores (Vargas y Quadros principalmente).

 

Como un hito en este proceso, el gobierno Lula se niega en el 2005 a conformar el ALCA, luego del apoyo de los anteriores gobiernos de Fernando Henrique Cardoso al proyecto de los Estados Unidos. El gobierno Lula amplía sus relaciones internacionales, consolida alianzas fuera del continente y del hemisferio, prioriza la integración sudamericana –MERCOSUR y UNASUR- y las relaciones con potencias emergentes, como el BRIC, bloque conformado por Brasil, Rusia, India y China, quienes se constituyen en las principales economías emergentes del mundo. El año pasado, logra por décima vez un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU por el periodo 2010-2012, mientras puja por conseguir un lugar permanente.

 

La integración sudamericana del gobierno Lula se realiza en tres niveles: el MERCOSUR, la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (IIRSA) y la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) (Fagundes, 2008). Esta integración es clave para Brasil en el proyecto de disputa por mejorar su posición en el sistema capitalista mundial. En algunos casos, su proyecto le ha llevado a enfrentarse al grande del Norte (EUA), como en la instalación de las bases militares en Colombia y el golpe de Estado en Honduras. En otros casos, donde el beneficio es mutuo -como en el avance del IIRSA y del etanol- Brasil y el imperio siguen trabajando de la mano del mismo lado.  

 

Paraguay y el Gran Vecino: la relación de dependencia paraguaya del Brasil

 

Con el giro geopolítico de Paraguay en la reconfiguración del escenario mundial de posguerra, nuestro país pasa de la dominación anglo-argentina que lo caracterizó desde 1870, a la brasi-norteamericana, consolidada con el golpe de Estado que instala la dictadura stronista. La clase local dominante, servil al imperio y aliada a la clase dominante brasilera, entrega gran parte de nuestro territorio nacional y de nuestros recursos naturales al capital brasilero.

 

Nuestra economía pasa a estar controlada en gran parte por el capital brasilero, con la clase política nacional al servicio de esta dependencia –sacando sus grandes tajadas en todo el juego. Ejemplos claves son el entreguista Tratado de Itaipú, así como los créditos nacionales a los colonos brasileros para la ocupación de nuestras tierras de la frontera, los negociados de las construcciones en la dictadura, la consolidación del sistema de triangulación y contrabando, etc..

 

Esta relación de dependencia política y económica del Brasil –con sus manifestaciones culturales e ideológicas, sobre todo en los territorios de la frontera- se fue desarrollando, profundizando y modernizando, manteniendo el elemento principal de control económico y subordinación política. Sin embargo, en la campaña de las elecciones generales del 2008, los sectores populares han instalado la necesidad de recuperar la soberanía energética, cedida a Brasil por la clase política tradicional entreguista. Esta bandera fue abrazada por todos los sectores, volviéndose uno de los puntos del programa de gobierno de la Alianza Patriótica para el Cambio, luego Gobierno Nacional del Presidente Lugo. 

 

La lucha por la recuperación de la soberanía energética en Itaipú ha despertado el debate en torno a la relación de dependencia del Brasil, y la imperiosa necesidad de una emancipación, tanto del Brasil como del imperialismo en general. El avance en las negociaciones por el precio justo de la energía –uno de los 6 puntos de negociación con nuestro vecino-, así como la integración energética con la red Itaipú-Villa Hayes, se constituye en una victoria histórica –pequeña, pero histórica- en el proceso de emancipación paraguaya de la dependencia del Brasil. Sobre todo, implica la constitución de una nueva clase política –con sus principales actores en los sectores populares organizados- que busca una independencia nacional, rompiendo con la histórica subordinación de la clase dominante local a los centros.

 

Dilma vs. Serra: perspectivas nacionales y regionales de la disputa

 

Uno de los principales puntos de divergencia entre tucanos (PSDB) y petistas (PT) radica en su política exterior. Dilma continuaría con la línea del gobierno actual, mientras que Serra anuncia cambios en la política externa, criticando la relación del actual gobierno con Venezuela, Cuba y Medio Oriente, calificando de “filantropía” las relaciones con Paraguay y Bolivia y sosteniendo que el MERCOSUR es una farsa y una traba para el Brasil.

 

Para Paraguay, en el marco de la actual política externa del gobierno, el panorama alega que con un Serra en el gobierno, las negociaciones en torno a la soberanía energética se verían cortadas, y cabría esperar una posible disolución del MERCOSUR; y con Dilma, podríamos seguir peleando por conquistar nuestras reivindicaciones de soberanía energética, mientras Brasil avanzaría en los controles militares en la frontera y en los procesos de integración sudamericana para la disputa por la tasa de ganancia al imperio, con Paraguay como enclave servil en el juego.

 

Las respuestas a otros puntos claves de nuestra relación de dependencia con el Brasil –tierra, triangulación, contrabando, control de la economía-, recién las podremos saber cuando los sectores populares y de izquierda logremos colocar estos temas en la agenda política nacional, tanto de los movimientos y partidos, como del gobierno.  

 

En el plano regional, un gobierno tucano modificaría la actual política de integración sudamericana, volviendo a una alineación directa con el Norte, como en periodos de Fernando Henrique Cardoso, gobiernos de los cuales Serra fue parte. El candidato del PSDB no se ha pronunciado sobre las bases norteamericanas en territorios latinoamericanos, ni sobre la IV Flota ni sobre el golpe de Estado en Honduras. Sin embargo, sí ha denunciado al gobierno venezolano por “albergar a las FARC”, ha criticado la posición tomada por Lula frente al golpe en Honduras y ha aludido a la criminalización de los movimientos sociales, principalmente de la mayor fuerza social organizada del Brasil, el Movimientos de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).

 

¿Qué implicaría esta nueva alineación directa al imperio del gigante sudamericano? ¿Se retomaría la concesión de la base de Alcântara realizada en el año 2000 por Fernando Henrique a los Estados Unidos? ¿Se avanzaría más en la militarización de nuestra región, con la excusa de la “internacionalización del terrorismo”? ¿Se retomarían las negociaciones del ALCA? 

 

 

 

Sin duda, el peso geopolítico del gigante, tanto en la región como en nuestro país, nos pondrá los ojos sobre su proceso y su devenir. Y en las nuevas condiciones pos elecciones de octubre, nos obligará a impulsar con más fuerza las acciones tendientes a avanzar hacia una real emancipación de nuestra dependencia del Gran Vecino, dependencia que fuera denominada “liberación nacional” (sic!) por los stronistas agentes de la construcción de esta perversa relación. 

 

setiembre 2010

 

Referencias

 

FAGUNDES VIZENTINI, Paulo. Relaçôes internacionais do Brasil. De Vargas a Lula, 3ra edición revisada y ampliada, Sao Pulo: Editora Fundaçao Perseu Abramo, 2008

 

CENTRO DE PESQUISA E APOIO AOS TRABALHADORES –CEPAT. A reorganização do capitalismo brasileiro, 2009

 

MARINI, Ruy Mauro. La interdependencia brasilera y la integración imperialista, Monthly Review, volumen 7, nº 7, diciembre 1965 

 

SOUCHAUD, Sylvain. Geografía de la migración brasileña en Paraguay, primera edición en español, Serie Población y Desarrollo, Asunción: UNFPA, ADEPO, 2007

 

LAÍNO, Domingo. Paraguay: Fronteras y penetración brasileña, 1ra edición, Ediciones Cerro Corá: Asunción, 1977

 

YNSFRÁN, Edgar L. Un giro geopolítico. El milagro de una ciudad, Instituto Paraguayo de Estudios Geopolíticos e Internacionales, Grupo Editor: Asunción, 1990 

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