• Benjamín Fernández Bogado

Luego de cada intentona golpista, algún presidente latinoamericano sale diciendo para tranquilizar que "la democracia no corre peligro" como si ella tuviera vida propia fuera de las acciones que los demócratas hacemos o dejamos de hacer todos los días. Si las instituciones y las personas que las ocupan no hacen lo que debieran en tiempo y en forma, la democracia: está en riesgo y corre peligro.

Si los funcionarios electos o nombrados no logran que el Gobierno fortalezca el estado democrático con un nivel de eficacia que muestra compromiso y responsabilidad hacia los mandantes, la democracia está caminando todos los días el delgado límite que lo separa del autoritarismo.

 

Si la corrupción encuentra complicidad con la impunidad y nadie se escandaliza porque la considera "normal", entonces, no debemos asombrarnos que la mitad de los paraguayos crean que un Gobierno autoritario haría mejor las tareas que uno democrático.

 

Si los niveles de inversión educativa continúan criminalmente bajos, si las clases son suspendidas con los pretextos más delirantes y esto sea celebrado por maestros, alumnos, padres y autoridades ministeriales... la democracia está en riesgo. Si seguimos pagando a los que no trabajan, subsidiando la miseria para aumentar la clientela política y desmoralizar a los que trabajan duro todos los días para salir adelante, no nos quejemos que la democracia signifique para muchos la coartada perfecta para la mediocridad, la pillería y el chantaje.

 

Si no hacemos la tarea como es debido todos los días, este sistema político no podrá resistir el embate regresionista, y la nostalgia autoritaria que la sostiene, encontrará cada día mayores adeptos. Pero eso no es consecuencia de esos "virus" que viven en toda sociedad democrática y que incluso muchas veces la fortalecen porque diariamente los combate de manera fiera con todos los recursos legales que tiene a mano; el problema es: ¿cómo mantener "sano" un sistema político que no hace más que multiplicar el número de pobres o analfabetos?

 

Es posible acaso que una democracia se fortalezca con un 42% de pobreza o analfabetismo? Y la respuesta es sencilla: no. La democracia no está en riesgo en sociedades educadas en capacidades de hacer, de ser, de conocer y de convivir. Si no logramos que la democracia sea percibida como un espacio de oportunidades, nadie creerá en ella y menos saldrá a las calles para defenderla.

 

Las fallas estructurales del sistema nos demuestran que el ejercicio del poder político debe ser serio y responsable. Debemos ser vigilantes en aquellos sectores donde se incuban el odio y el resentimiento, que son los verdaderos combustibles para la subversión, la violencia o la inseguridad.

 

No es con demagogos que celebran la chapucería que se construye la patria; generalmente, los aburridos e inteligentes, como Eligio Ayala o Adenauer, han hecho más por sus países, que los que creen inútilmente que pueden sepultar con palabras las críticas permanentes que la realidad hace a la conducción política de nuestros pueblos.

 

La democracia está en riesgo no solo en el Paraguay, sino en gran parte de América por los incompetentes que nos gobiernan y que nos postergan como nación.

 

 

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.