• José Antonio Vera

(especial para ARGENPRESS.info)

El Frente Guasu, que aglutina a partidos progresistas, organizaciones gremiales y movimientos sociales, sufrió un duro revés ante el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), en las recientes elecciones internas para elegir a un candidato común e intentar ganar las municipales del 07 de noviembre, al Partido Colorado.

Ricardo Canese, Diputado del Parlasur, ingeniero prestigiado en obras sociales y en la reivindicación ante Brasil de los derechos paraguayos sobre la represa binacional de Itaipú, fue duplicado en votos por su colega Anki Boccia, en una consulta popular a padrón abierto que apenas atrajo el 9.6 por ciento de los 360 mil inscriptos en el padrón electoral de la capital.

A partir de ese resultado, Boccia quedó como candidato único de la Alianza formada por el Frente Guasu y el PLRA, y deberá enfrentar dentro de cinco semanas y media al candidato colorado Arnaldo Samaniego, en una disputa que la mayoría de las encuestas, anticipan muy reñida.

 

La apatía popular que se manifestó en las internas, tiene varias aristas: A) muy poca propaganda por parte del Frente Guasu, entre otras razones por falta de recursos, B) la izquierda y sus aliados progresistas continúan actuando como un conglomerado, sin disciplina y mucho voluntarismo e improvisación, ajeno al funcionamiento de un aparato, como es el caso del PLRA, a pesar de su resquebrajamiento interno.

 

En tercer lugar influyó que el grueso de la población está mentalizado para las municipales, y no para una intermedia interna casi desconocida como mecanismo electoral, que además genera movilización, gastos y tiempo, perjudicando en especial al segmento social más empobrecido, entre quienes Canese desplegó la mayor parte de su muy amplia y democrática campaña de participación ciudadana.

 

Otro factor y de no poca importancia, es que en Paraguay, a diferencia de otros países, la izquierda tiene mucha más presencia en el interior que en la capital, fenómeno que se explica por el mayor desarrollo de las reivindicaciones campesinas en las luchas sociales de los últimos años.

 

En quinto orden, de una posible explicación de esta nueva derrota en las urnas de la izquierda del Frente Guasu, la primera ocurrió cuatro semanas atrás en la elección de Concejales, tiene relación con las mañas y viejos vicios que habría empleado en los padrones el PLRA, cuyo candidato ofrece un programa de gobierno tan pobre como su rival colorado.

 

En sordina, el viejo y fraccionado pero aún poderoso Partido Colorado, socorrió a su cómplice histórico en el mal manejo del país, enviando a votar por Boccia a muchos de sus partidarios, con el fin de derrotar a la izquierda, aprovechando el padrón abierto que habilitó el sufragio de todos, sin distinción partidaria.

 

Urge una reflexión para redireccionar

 

Ante las narices de los dirigentes progresistas está noviembre, con unas municipales que tendrán fuerte influencia en el futuro político del país, el que mucho dependerá de las administraciones que pueda conquistar el Frente en el interior del país.

 

Nada garantiza que un triunfo del candidato oficialista Boccia refuerce a Lugo y, si Asunción continuara en manos de los colorados, seguramente se convertirá en un arma poderosa en la puja por las presidenciales del 2013, que están a la vuelta de la esquina y, aunque no descuella ningún candidato, son varios los aspirantes.

 

Esa proximidad quizás debería obligar a la dirección del Frente Guasu, a sus referentes en el seno del Gobierno, y al conjunto de las fuerzas democráticas, a comenzar de urgencia una revisión en profundidad de su conducta, ideas, conceptos y métodos de trabajo.

 

Un capítulo que la familia luguista no puede dejar de analizar tiene relación con sus vínculos con el PLRA, dado que si Boccia gana Asunción revigorizará a su partido, cuyo apoyo al mandatario disminuye, sacrificado por el constante reclamo de altos cargos en la administración y por el retorno agresivo del Vicepresidente Federico Franco, quien desde el primer día codicia el primer puesto.

 

Meses atrás, en la cancha de la desordenada y muy mediática discusión política nacional (el diálogo civilizado es liviano), se observaba fácilmente dos fuerzas en pugna: A) el pueblo más consciente reclamando profundizar el proceso de cambios iniciado con la victoria de Lugo en abril del 2008, y B) la oposición de los sectores más retardatarios, concentrados en el Congreso y en las corporaciones empresariales.

 

Hoy, ese escenario se ha desplazado, ganando espacio la derecha, que ha recuperado cargos de importancia en el parlamento y en entes descentralizados, observándose una inoperancia gubernamental nada ingenua ante los grandes problemas del país, cuya atención social está desviada por la expectativa generada por la enfermedad de Lugo y el proceso de su tratamiento.

 

En el plano social, tan determinante para hacerse querer u odiar todo político, muy tímidos son los avances que exhibe la administración del ex Obispo, cuyo principal mérito es el decreto de gratuidad de la salud.

 

Los progresos en el sector son notorios y, aunque el servicio sigue afectado por viejos males, para afirmarse necesita más presupuesto, mucho tiempo y una voluntad férrea para superarlos, empezando por mejorar la formación técnica y cultural del personal, con ramas de deficiente conducta individual e insensibilidad, que agrava la rutina y la falta de higiene en la avejentada e insuficiente infraestructura de los hospitales y centros descentralizados.

 

La prometida reforma agraria carece de motor, mientras 300 mil familias de labriegos sobreviven en la miseria, crece incesante el éxodo rural, a la par del trabajo informal, es decir, la venta callejera de toda clase de productos, baratijas, quiniela, sorteos, celulares, alimentos, golosinas, y el aumento de familias divididas e hijos abandonados, por efectos de la emigración.

 

La Secretaría de Acción Social ayuda a 120 mil familias entre las más míseras, diez veces más que todos los gobiernos anteriores, pero su labor no supera el marco asistencialista, impotente para satisfacer toda la demanda que recibe, de una población que tiene un cuarto de sus seis millones y medio en la pobreza extrema, acostumbrada a recibir migajas a cambio de mantenerse alejada de la izquierda.

 

En general, la conducción política nacional manifiesta una objetiva mediocridad, afectada por la escasez de cuadros competentes, producto, entre otras causas, de la larga censura y encarcelamiento del pensamiento libre que ha sufrido esta sociedad.

 

A nivel del Estado, la mayoría de los pocos capaces se ha dejado prostituir por la maquinaria de una administración autista, que marcha a paso de tortuga, sólo agilizado ante el interés económico y las ventajas que pueda sacarle al erario público, como lo viene haciendo desde hace más de un siglo.

 

Hace décadas que en Paraguay no se vislumbra ningún proyecto de gobierno decidido a erradicar los viejos vicios de una estructura de poder raigalmente injusta, que mantiene el país secuestrado por la carencia de ilustración y por una corrupción rampante, mezcla de politiqueros, juristas, empresarios, militares, policías y altos funcionarios estatales, contrabandistas y analfabetos.

 

El país puede estar entre los primeros en el mundo con el mayor número de analfabetos con cuentas bancarias multimillonarias dentro y fuera de fronteras.

 

Si bien es cierto que la campaña por las municipales es otro tema que distrae la mirada de la gente, la mayor preocupación del pueblo es resolver los problemas cotidianos de sobrevivencia, en un país con una población de seis millones 300 mil personas, 40 por ciento en la pobreza.

 

Buenos Aires, con cerca de un millón y medio de paraguayos residentes, casi duplica a Asunción en el número de pobladores y, en España, con buen y maltrato, viven más de cien mil, mientras en el país ha desaparecido un importante porcentaje de médicos, enfermeras, albañiles, carpinteros y otros profesionales de buen nivel.

 

En noviembre, el Frente Guasu peleará en los 233 distritos de todo el país, con casi 150 candidatos propios a Intendentes y Concejales, lo cual marca un hecho sin precedentes en la historia política nacional, porque además de posibilitarle ocupar gobiernos comunales, se puede consolidar como la tercera gran fuerza, aunque uno de sus grandes problemas es la carencia de suficientes cuadros de gestión.

 

Incluso, al más alto nivel de dirigentes, los sectores progresistas paraguayos continúan siendo incapaces de formar líderes destacados, al punto que alguno pueda proyectarse como el potencial sucesor de Lugo. Tienen el alivio de que, por ahora, sus adversarios y enemigos tampoco tienen candidatos presentables.

 

El empresario en automotores Miguel Carrizosa, del Partido Patria Querida, que en el lenguaje de algunos contrarios se le conoce como Plata Querida, mantiene en estas semanas un juego casi infantil como candidato a la Intendencia de Asunción, en la que no tendría ninguna posibilidad y tampoco le interesaría mucho.

 

Su propio nuevo look, en la búsqueda de dar imagen de hombre mesurado y moderno, no es otra cosa que una gimnasia y un aprendizaje de presentación en sociedad, como aspirante a la Presidencia de la República.

 

Varios son los que le pondrán piedras en los zapatos, mayoría muy cercanos suyos en la defensa de doctrinas conservadoras, fáciles de encontrar en la derecha liberal, encabezada por el Vicepresidente Franco, codicioso aspirante al igual que el ex General Lino Oviedo, colorado de origen pero renunciante sin alejarse mucho, con conocidas posturas inspiradas en el fascismo.

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Anónimo

AKÂPETE
Taquicardia

"Soy un vicepresidente predecible". Esta fue la frase reveladora este miércoles. El segundo del Ejecutivo trató así de sacarse de encima la acusación de estar conspirando contra el presidente Lugo, aprovechando su ausencia del país por un cuadro progresivo de cáncer linfático.

No es para menos, porque si bien aquellas palabras suenan a sinceridad, las que las siguieron abren muchas dudas sobre lo honestas y legítimas que pudieran haber sido: "Y mi lealtad es a toda prueba".

Desde el inicio del actual gobierno –por no decir ya durante la campaña– el vicepresidente mostró todo tipo de molestia y mala leche hacia quien se perfilaba presidente de la República y lo consiguió: Lugo.

Muy pronto, el segundo quiso igualarse al primero, pese a las limitaciones constitucionales. De haber sido por él, hubiera incluso pretendido cogobernar, 50/50. Para ello, él y sus correligionarios esgrimieron todo tipo de recursos y empezaron a hacer la contra al Gobierno, siendo Gobierno, en el Parlamento.

Siguió, siguió, y la conducta fue siempre la misma: enojarse, reclamar y acusar como opositor, pero a la mínima oportunidad tratar de ser presidente. Es acusado de varias conspiraciones contra Lugo. En el imaginario político local es moneda corriente usarlo como sinónimo de deslealtad y conspiración. Muchos dicen que su esposa es quien gravita más aún sobre esta idea, que a la menor ocasión pretende situarlo como el mandatario.

Siempre pareciera estar buscando "la oportunidad". Aunque lo desmienta, es una aspiración gestada desde que se armó la alianza y se puso en tela de juicio la legitimidad de la candidatura del ex obispo, sin dispensa y con todo tipo de críticas religiosas y moralistas en contra.

Un día se supo que el presidente tenía cáncer; y entonces una ligera sonrisa recorrió su círculo más cercano, incluyéndolo. Pero finalmente las cosas no estaban tan mal como para que el desenlace de la historia cambiara radicalmente.

Siguió y pasó el tiempo. Con quejas siempre, victimizado y haciendo oposición a su propio Gobierno. Hasta que el sábado pasado, la oportunidad nuevamente "asomó en el horizonte". Triste, vergonzosa, pero oportunidad al fin. El presidente empeoró, fue llevado de urgencia al Brasil y él estuvo firme asumiendo la sucesión temporaria –que él deseaba fuera hasta el 2013–, mientras durara el tratamiento.

Pronto un sector del liberalismo, con el silencio vicepresidencial, empezó a enarbolar la bandera de la sucesión. Hasta un permiso especial o crear una ley en el Congreso plantearon para buscar sacar a Lugo de carrera. Y aunque esta posibilidad se abría con algún consenso en la oposición, los temores del vicepresidente se ubicaron en su casi segura candidatura en el 2013 que se vería truncada si asumía como presidente ahora.

En medio de esos devaneos, sorpresivamente, Lugo mejoró y anunció su retorno al país de modo casi inmediato; y la luz volvió a apagarse para el liberal. A modo de salirse del paso, recién el día en que el mandatario recibía el alta habló sobre la situación que lo situaba como cabecilla de un complot, con todo tipo de condimentos. Antes habían pasado reacciones, propuestas y reuniones de gente del liberalismo.

Finalmente, con un claro sabor a frustración, el vice salió a decir que la presidencia no le producía taquicardia, que ya la ejerció en varias ocasiones. Sin embargo, unos días antes, confesaba al gobernador de Misiones que estaba listo para ser presidente de la República. ¿Qué tal?

Si de palpitaciones cardíacas se trata, el segundo tiene sobresaltos presidencialistas, que le sitúan en medio de conspiraciones, muy frecuentes...

Por Miguel H. López mlopez@uhora.com.py

Fecha: 07/10/2010 10:52.


Anónimo

La salud del presidente Fernando Lugo

El pueblo paraguayo está pendiente de la salud del presidente Lugo, en especial aquellos que dicen ser sus amigos (primer anillo, grupo de izquierda, que está perdiendo fuerza y credibilidad en estos últimos tiempos), como así también de sus de detractores, quienes están esperando el momento oportuno para "tomar" el gobierno.

Algunos hablan de que le quedan pocos años de vida. Yo inconscientemente me hago una pregunta: ¿y si muere primero el vicepresidente de la

República?, una alternativa que está dentro de las posibilidades existenciales; con este comentario no quisiera alarmar, ni causar pánico a nadie, solamente traer a colación una experiencia personal, que marcó y cambió mi vida y que quisiera poner a su consideración.

Al cumplir mis 20 años, un 18 de julio de 1992, tiempo frío y lluvioso en pleno invierno, luego de recibir las felicitaciones de mis padres (+), abrí la Biblia al azar y leí San Lucas Cap. 12, 13–2 (la cita bíblica dejo al lector para su lectura e interpretación), desde esa fecha hasta el presente se me plantearon dos interrogantes en mi vida que constantemente me asedian: una mi muerte (soy consciente de mi mortalidad) y la segunda cuál es el verdadero sentido de la vida.

En todo este tiempo han habido personas importantes cercanas a mí que fallecieron, algunos, niños, jóvenes, personas maduras, etc., con ello quiero significar que la muerte no tiene edad, religión, partido político ni clase social, es la situación en que Dios nos iguala a todos.

Este comentario también es un llamado de atención para aquellas personas que se creen inmortales, poderosas, satisfechas y que la codicia o la ambición es el único motor de su vida.

Finalmente, en mi opinión, las personas no cambian de actitud porque no piensan en su propia muerte.

Espero que el presidente Fernando Lugo rectifique su vida y concluya su mandato, realizando un buen gobierno, con mucha Asistencia Social y optando preferencialmente por los más pobres.

Presidente, a usted le digo: No se olvide que "estamos de paso", y que lo único que no se puede recuperar es el tiempo perdido.

Profesor Federico Cañete

CINº 747.650
Doctorado en Psicología Laboral

Fecha: 07/10/2010 10:52.


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