Como al final vendió su emisora de radio en torno a la cual se tejieron tantas historias, Mina Feliciángeli fue entrevistada aquí y allá para hablar sobre el trabajo que hizo, la línea que siguió, quiénes son en realidad sus amigos y quiénes la ayudaron y quiénes no en esta aventura. “Calé” Galaverna no fue uno de ellos, según sus confesiones. Hoy carece de relevancia saber quién puso dinero y quién no. Creo que nunca la tuvo, cuando lo que importaba conocer era la línea editorial que mantenía la emisora. Pasemos, entonces, por alto.    

Hay algo que me llamó la atención en sus declaraciones y que se escabulló en una frase rápida, casi perdida en una larga página de declaraciones: Lugo tuvo relaciones con miembros del EPP durante los años que fue obispo de San Pedro. Palabra más, palabra menos, fue lo que Mina Feliciángeli dijo, y la persona que la entrevistaba dejó pasar el tema, que es mucho más trascendental de saber si “Calé” había dado dinero o no.    

Casi el mismo día, en un periódico se publicaba una infografía a página completa relatando la trayectoria del Ejército Paraguayo del Pueblo (EPP), remitiendo sus orígenes al año 2004, cuando un grupo de hombres fue entrenado en técnicas de la guerrilla por dos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que estuvieron en Paraguay, de manera clandestina, durante casi un año. Del año 2004 también data, el 19 de agosto, el ataque e incendio de la comisaría policial de la localidad Kurusu de Hierro. Creo que los secuestros, enfrentamientos armados, muertes, asesinatos a sangre fría (como el caso de Cecilia Cubas) y otros hechos delictivos son ya muy conocidos para estar enumerándolos. Lo que importa saber es dónde se encuentran sus bases de apoyo logístico y si es cierto que el grupo criminal tiene metidos sus tentáculos en la capital y en esferas del gobierno, el Ejército y la policía.    

Si Mina Feliciángeli sabe que Lugo tenía relaciones con integrantes del EPP, pues tendría que hacer una denuncia formal ante quienes investigan las actividades delictivas de este grupo y no limitarse a una afirmación, hecha al pasar, en una entrevista, de una manera tan superficial que aparentemente nadie la tomó en cuenta. Por lo menos, no escuché a nadie, de entre quienes leyeron la entrevista, que les hubiera llamado la atención.    

He estado leyendo artículos en los que se demuestra, incluso con fotografías, la estrecha relación de varios integrantes del primer círculo del gobierno de Lugo con miembros del EPP, algunos condenados ya por la justicia, otros muertos en enfrentamientos armados y otros más que se encuentran prófugos de la justicia. Entre ellos, Camilo Soares, la concejala Rocío Casco, el funcionario de Itaipú Constancio Mendoza y el propio canciller Héctor Lacognata están en esa lista de personas que, en un momento dado, de manera más directa o lejana, han aparecido relacionados con el EPP, como la “bien intencionada” abogada Raquel Talavera, siempre dispuesta a hacer un “sacrificio” para mediar entre el Gobierno y el EPP. Pero cada vez que se plantea el tema, la gente del gobierno sencillamente mira hacia otro lado. Es de temer que la gente no caiga en la cuenta de la espiral de violencia en la que vamos entrando.

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