El famoso país de las maravillas de Sotero Ledesma primero y de Herminio Cáceres después continúa encantando a los autores de discursos políticos y de informes económicos para organismos nacionales e internacionales. Según el Banco Central del Paraguay y también según algunos analistas económicos reconocidos, nuestro país crecerá este año casi el 10 por ciento, todo un récord en nuestra tierra guaraní. Lo que no se dice con el mismo énfasis es que mientras algunos efectivamente crecen, otros se estancan o incluso se achican en cuanto a ingresos económicos se refiere.    

Todas las semanas escuchamos la misma cantinela de que el país está bien, la economía está en franco progreso, los números macros están excelentes, que posiblemente cerraremos el año con un inédito 10 por ciento de crecimiento, etc. Dan sustento a estas cifras los importantes volúmenes de exportaciones de soja, de carne y otros productos agrícolas, así como la triangulación de la importación de mercaderías del Asia y la reexportación de los mismos a los países vecinos.    

Lo pintoresco del caso es que los números macroeconómicos están realmente bien y que en verdad Paraguay crecerá un 10 por ciento este año. ¿Entonces, en dónde está el problema? ¿Por qué no estamos todos contentos y bailando en una pata?   
La respuesta no es muy difícil de encontrar. La riqueza y el crecimiento del país no están bien repartidos, los altos niveles de ingresos llegan solo a un porcentaje limitado de nuestra población, en tanto casi un 40 por ciento de nuestra gente continúa bajo el nivel de pobreza. Tenemos un modelo de desarrollo socioeconómico profundamente inequitativo e injusto.    

Si tomamos otro instrumento de medición de nuestra situación económica, tendremos un dato complementario muy importante y revelador. Paraguay tiene el producto interno bruto (PIB) por persona más bajo de América Latina. Mientras nuestros vecinos como Uruguay, Argentina y Chile hace rato superaron los 12.000 dólares de PIB per cápita, nosotros ahora recién alcanzamos los 4.000 después del crecimiento sostenido de un 4,5 por ciento de promedio en los últimos años.    

Esto nos recuerda el viejo chiste del encuestador comunista que entró a un restaurante y vio que un señor gordo estaba comiendo un pollo mientras en la puerta le esperaba su chofer flaco y hambriento. El encuestador reflexionó: dos personas, un pollo, y anotó en su registro: Cada ciudadano consume medio pollo.    

Para construir una sociedad justa, equitativa, solidaria y acorde a la dignidad de todas las personas, no podemos quedarnos solo en los números de la macroeconomía, sino ver también la situación real de millones de compatriotas que no figuran en las estadísticas del desarrollo porque no producen nada ni tienen empleo alguno. No es buena una sociedad que solo genera el crecimiento de algunos de sus miembros y paralelamente mutila a otros.    

Tan importante o más que crecer mucho es que crezcamos todos juntos, sin exclusiones, aunque el ritmo sea más lento. Martín Fierro decía que en sus pagos “un asado no es de naides y es de todos”.    

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Anónimo

Las empresas de celulares ganan miles de millones de dólares
Hector Fretes Barreto ⋅ Octubre 22, 2010 ⋅


Solo en los primeros cinco meses de este año, las cuatro empresas de telefonía móvil facturaron 1 billón 221.000 millones de dólares. Las cuatro empresas de telefonía móvil (TIGO, PERSONAL, VOX y CLARO) desarrollan una encarnizada batalla por captación de clientes y por los fabulosos ingresos que ello implica.

En los primeros cinco meses de 2010 la facturación total alcanzó nada más y nada menos que un billón 221.000 millones de guaraníes, monto que supera por 92 mil millones de guaraníes al mismo periodo del año anterior, según indicadores del Ministerio de Hacienda.

El éxito del negocio de los celulares radica en dos factores fundamentales: las generosas medidas impositivas y la inversión publicitaria. Por un lado, una ley tributaria aplicada en tiempos de transición democrática, permite que las telefónicas se abstengan de pagar varios impuestos que en teoría favorecen a la inversión extranjera.

Por otro lado, los impuestos indirectos que se les aplica permite a las empresas tranferir el pago del IVA, al usuario de los teléfonos, quien es el que finalmente paga los impuestos. Así, los más de 6 millones de portadores de líneas telefónicas son los que pagan los impuestos y los que posibilitan las siderales ganancias de las compañías de telefonía móvil.

Fecha: 23/10/2010 07:18.


Anónimo

El Mercosur se desvanece

Aunque es de suponer que el Mercosur, este remedo nada convincente de lo que andando el tiempo sería la Unión Europea, servirá por mucho tiempo más para mantener ocupadas a cohortes de burócratas y para brindar a los gobernantes de turno de los países miembros, la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, acompañados a veces por Venezuela que es una especie de socio virtual, oportunidades para celebrar aquellas "cumbres" que tanto les encanta, parece destinado a compartir el destino de otras agrupaciones como la Alalc y la Aladi que, según sus impulsores, harían de la integración latinoamericana algo más que una expresión de deseos. Por cierto, es muy poco probable que un día lleguen a cumplirse las esperanzas de los fundadores del Mercosur que creían que, lo mismo que la UE, continuaría profundizándose y ampliándose hasta formar una entidad supranacional, sin fronteras internas que trabaran el movimiento de personas y bienes, y dotarse de una moneda común y un parlamento. La verdad es que el Mercosur dejó de avanzar hacia una unión aduanera no bien chocó contra los primeros obstáculos en el camino. Desde entonces, está efectivamente paralizada, lo que es lógico ya que, al surgir problemas sectoriales, todos los gobiernos, incluyendo al encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no vacilan en tomar medidas proteccionistas por motivos internos sin prestar atención alguna a los intereses de sus presuntos socios.

Los más perjudicados por el unilateralismo así supuesto son, desde luego, Uruguay y Paraguay, por tratarse de países que son demasiado chicos como para hacer mucho más que quejarse cuando Brasil o la Argentina optan por levantar barreras a fin de complacer a un lobby local, algo que sucede con cierta frecuencia. Es lo que está haciendo el presidente del Uruguay, José Mujica, frente a la decisión de nuestro gobierno de dificultar el ingreso de una gama amplísima de productos foráneos en un esfuerzo desesperado por defender lo que aún queda del superávit comercial. Según el ministro de Industria uruguayo, Edgardo Ortuño, su país podría perder más de 100 millones de dólares a causa de las trabas supuestas por las licencias no automáticas que se han decretado, pero Mujica ha intentado minimizar la gravedad del problema, acaso por suponer que le sería dado convencer a Cristina para que modificara su actitud. Si bien la presidenta ha intentado poner fin al conflicto absurdo en torno de las papeleras que se construyeron en Fray Bentos, cuando el entonces presidente Néstor Kirchner hizo de una típica protesta ecologista una "causa nacional", de tal modo manifestando su desprecio por la idea misma del Mercosur, no parece haberse sentido convencida por los argumentos esgrimidos por Mujica. Mientras tanto, los paraguayos quieren que la Argentina les perdone la deuda cuantiosa, de aproximadamente 11 mil millones de dólares, por la construcción de la represa de Yacyretá, pero, para frustración de nuestros vecinos, hasta ahora las negociaciones en tal sentido distan de haber terminado.

Casi todos los políticos latinoamericanos dicen estar a favor de una mayor integración regional, acaso por suponer que permitiría que América Latina desempeñara un papel protagónico en el escenario internacional, pero muy pocos estarían dispuestos a hacer las concesiones necesarias. Es comprensible. En el caso del Mercosur, la conformación de una unión aduanera auténtica, comparable con la europea, supondría la subordinación de las economías no sólo del Uruguay y Paraguay sino también de la Argentina a la brasileña, que es por un margen cada vez mayor la más poderosa de América del Sur. Con todo, si bien, al erigirse Brasil en el país líder indiscutido de la región, el desequilibrio así supuesto se ha hecho mucho más evidente en los años últimos, el gobierno kirchnerista está claramente resuelto a mantener a raya a los "invasores" comerciales, razón por la que sigue tomando medidas que son totalmente incompatibles con la hipotética creación de un mercado común regional. En efecto, al igual que los sucesivos gobiernos brasileños, actúa como si el Mercosur no existiera, anteponiendo sistemáticamente lo que a su juicio son los intereses nacionales a cualquier deseo de fortalecerlo para que sea algo más que un ente simbólico.

Fecha: 06/03/2011 16:34.


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