• Andrés Granje.

La carne es un producto difícil de adquirir hoy día para las familias pobres, su precio trepó  a niveles de exportación, a tal punto que un quilo de lomito esta a diez dólares, lo que vuelve prohibitivo su consumo, no solo a los pobres, sino hasta a gente de la clase media. La reunión familiar con  abundantes asados, va a ser “imágenes de un tiempo en fuga” como diría Don Gerardo Halley Mora de todas esas cosas amables y gratas que desaparecieron y ya forman parte de lo  mejor de nuestros recuerdos. Sin embargo  en el caso de la carne es una pena y una iniquidad, que esto acontezca, en un país eminentemente pecuario, donde casi el 40 por ciento, si no más de nuestro territorio es cedido a la ganadería, país en donde nos ufanamos y con razón de tener la mejor carne de la región.

La explicación que nos brindan  ganaderos y empresarios de frigoríficos vinculados al comercio de la carne, no son satisfactorias pues aducen a razones climáticas y otras adversidades en la producción,  cuando sabemos que la principal causa de la carencia y el alto precio del producto es la gran demanda externa, lo que hace que toda la carne paraguaya encuentre mercado en el exterior, se exporta indiscriminadamente, no habiendo remanente suficiente que consumir a nivel local,  lo que ocasiona el incrementos en su cotización, suba que torna prohibitivo a los mas humilde comprar el producto.

 

 Todos somos consciente que Paraguay tiene que exportar, ingresar divisas es la premisa de la hora, siempre alentamos desde este rincón las iniciativas privadas o estatales destinadas a incrementar la exportación, sin embargo nadie puede negarle al paraguayo el derecho que tiene de consumir carne, para que pueda hacerlo debe conseguir el producto a precios razonables. Algunos señalan inclusive que ya es hora de mudar nuestra dieta, que convendría  que nos volviéramos vegetarianos o que consumiéramos otros alimentos, que cínicos, no, la gente que opina así quieren  que todo el rigor y los vaivenes de la economía golpee solamente las espaldas del sufrido pueblo, mientras los empresarios siguen acumulando fortuna,

 

Creemos que la responsabilidad social involucra a todos, también a los empresarios exportadores y a los ganaderos, primero se debe asegurar la alimentación básica de la gente y luego exportar, en ese sentido el gobierno nacional tiene que garantizar que el pueblo este bien alimentado, que pueda acceder a los ingredientes tradicionales de su menú habitual a precio accesible y que este acorde con el salario que percibe. Un pueblo hambriento, es un pueblo enfermo, sin energías ni ganas de trabajar, estudiar o producir bienes. La preocupación de cualquier sociedad es garantizar la buena dieta de todos sus miembros.

 

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