• Por Héctor Farina Ojeda (*)

Las postergaciones diplomáticas y efectivas de los temas importantes en las cumbres del Mercosur tienen como destinatarios favoritos a los dos países más pequeños del bloque: Uruguay y Paraguay. Ya es algo frecuente que se firmen comunicados conjuntos, que se realicen promesas de cooperación y apoyo, que se fijen metas futuras y que se asuman compromisos discursivos, pero siempre queda la sensación de que en realidad no se ha avanzado mucho porque en la práctica serán Brasil y Argentina los que impongan las verdaderas reglas del juego, que distan mucho de las que se acuerdan oficialmente.

El tema de las asimetrías es uno de los eternos reclamos de los países de menor desarrollo relativo del bloque, pero hasta ahora no se han establecido mecanismos justos y las condiciones de inequidad continúan a favor de las economías grandes y en perjuicio de las economías pequeñas. Brasil y Argentina siguen poniendo trabas a las exportaciones de productos paraguayos y uruguayos para proteger sus mercados, en tanto invocan los mismos acuerdos que no cumplen para evitar que los demás les apliquen las mismas trabas. Cuando los países grandes quieren exportar esgrimen los acuerdos, pero se olvidan de ellos cuando a los países pequeños les toca vender.

 

En ese sentido, la protesta de los industriales paraguayos es más que justificada: mientras los productos brasileños invaden el mercado paraguayo –ya sea en forma legal o ilegal-, los productos nacionales con valor agregado tienen que enfrentar una cantidad interminable de trabas paraarancelarias, que en la práctica hacen inviables las exportaciones. Las grandes compañías brasileñas pueden trabajar libremente y vender sus productos en Paraguay, pero los industriales metalúrgicos paraguayos no pueden ni siquiera exportar clavos al mercado brasileño sin pasar por todas las trampas que se ponen para evitar el libre comercio.

 

El discurso del libre tránsito de personas y mercaderías dentro del bloque no concuerda con los operativos militares que realiza el Brasil en la frontera, ya que con ello no sólo se busca asfixiar el comercio en Ciudad del Este sino que se desincentiva el turismo hacia el territorio paraguayo. Las trabas comerciales, los “controles” militares para asustar a los turistas, el incumplimiento de los acuerdos y las postergaciones de los reclamos de los socios menores, no forman parte del “espíritu” de integración que se preconiza en cada cumbre.

 

La reparación de las injusticias en el Mercosur ya no puede ser postergada. Paraguay debe hacer causa común con el Uruguay en la idea de negociar acuerdos comerciales con otros países, ya que no podemos permanecer atados a un bloque que cierra las fronteras a nuestros productos y que solo beneficia a los países grandes mientras empobrece a los más pequeños. No se puede seguir a merced de un esquema en el que las grandes industrias brasileñas se desarrollan libremente, en tanto las industrias paraguayas son perjudicadas y terminan empobrecidas o quebradas.

 

El histórico acuerdo alcanzado en el tema de Itaipú –que todavía falta que se cumpla- es una prueba de que es posible conseguir que se atiendan los reclamos paraguayos y de que se debe seguir una política firme para hacer respetar los derechos de la nación. Como país socio con plenos derechos en el Mercosur, tenemos que dejar claro que los acuerdos deben cumplirse y que no se tolerará que la economía paraguaya siga siendo perjudicada por culpa de las injusticias de los socios. El bloque no puede seguir funcionando como hasta ahora: si no se corrigen las aberraciones, se debe buscar otro camino, uno en el que haya más equidad y menos engaño.

 

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.

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