• José Antonio Vera

(especial para ARGENPRESS.info)

El tratamiento injusto que, desde hace tres décadas, Brasil aplica a Paraguay en la explotación de la Represa Binacional de Itaipú, acaparando la inmensa energía que produce, podría ser corregido en parte si el Congreso brasileño permite aplicar el acuerdo recién firmado en Asunción por los Presidentes Lula da Silva y Fernando Lugo.

La mayoría de la población paraguaya expresa regocijo tras el anuncio de que la potencia regional ha aceptado, tras largas y complejas negociaciones, aumentar un 200 por ciento, pasando de 120 a 360 millones de dólares/año, el pago de la energía que pertenece a Paraguay pero que Brasil se lleva siempre, al precio que quiere.

En virtud de la asimetría que caracteriza las relaciones entre ambos países y de la concupiscencia sellada por las tiranías militares que entonces asolaban ambos pueblos, el Tratado en 1973 concede a cada socio la propiedad del 50 por ciento de la energía que produzca Itaipú, en sus l8 unidades generadoras de 700 MV cada una, y autoriza la compra exclusiva por Brasil, del excedente que Paraguay no consuma.

 

Brasil también a accedido a la reivindicación de su socio menor de comenzar a vender con libertad, el remanente que no utiliza del 50 por ciento que le corresponde.

 

Aunque hay mucha incertidumbre en ese punto, si se hiciera realidad, le posibilitaría a Paraguay liberarse del corcel de Petrobrás, pero Brasil sólo acepta esa operación si se realiza con sus empresas, situación que recién podría cambiar en 2023, al perder vigencia el actual Tratado.

 

Desde el punto de vista financiero, el hecho constituye un enorme beneficio para Paraguay, cuyo Gobierno, tambaleando en medio de múltiples problemas, sale airosamente reforzado y la firma, efectivizada un día después de la clausura de la Reunión de Jefes de Estado del MERCOSUR, representa un espaldarazo político para Lugo. El gobierno anterior apenas había consiguió 20 millones de dólares/año.

 

“He comenzado a cumplir mi programa”, exclamó un ex Obispo enfervorizado, junto a su habilidoso colega brasileño, al anunciar la conclusión del convenio. La recuperación de la soberanía energética fue una de las principales promesas de la campaña electoral que, el 20 de abril del 2008, le dio la victoria a Lugo, al frente de una heterogénea alianza que hace aguas por todos lados.

 

El acuerdo también contempla la construcción de una línea de transmisión de 500 kV, desde Itaipú hasta Villa Hayes, centro norte de Paraguay, a unos 50 kilómetros de Asunción, por un costo de 480 millones de dólares que Brasil pagaría en su totalidad.

 

Aunque el contrato aún no reconoce todos los derechos de Paraguay, como vender su energía al precio del mercado internacional, realizar una auditoria en la binacional y eliminar la parte espuria de la deuda que le ha impuesto Brasil, con altas tasas de interés, es innegable que, por dos o tres razones, el gesto de Lula merece el reconocimiento de los paraguayos y de sus pares de la región.

 

Primero, cumplió con sus reiteradas promesas de buscar una solución a tan aberrante relación bilateral, que es la de un tiburón avariento y una sardina débil, indefensa, abuso colonialista que ha negado todo principio de integración regional con equidad y convertido la obra binacional en una simple estafa, que lleva más de 30 años.

 

Para agravar más esa injusta situación, ese dolo vino acompañado por la intromisión brasilera en la vida política, económica y cultural de Paraguay que una serie de hechos corroboran, haciendo de Itaipú una obra de estrategia de dominación regional, con clara inspiración bélica. En su actual aplicación, sin duda, gran responsabilidad recae también sobre Lula, cuya buena predisposición no lo exculpa.

 

Operación de copamiento

 

Construida bajo las tiranías militares que asolaban ambos países, la represa ha permitido, desde la década del 60, la instalación en toda la línea fronteriza oriental y parte del sur de Paraguay, de medio millón de brasiguayos, quienes ya han llegado con sus comercios, colegios y otras empresas, a cien kilómetros de Asunción.

 

Al principio fue diferente, pues los primeros en llegar venían corridos por la miseria que asolaba Brasil en esos años, de hambre y dura represión miliar.

 

El resultado inmediato de la implantación en masa, a sido una deforestación salvaje, efectuada por poderosos empresarios sojeros que, en los últimos diez años, convirtieron el país en el cuarto exportador mundial de esa oleaginosa, mayor parte transgénica. Otro efecto negativo es la compra, a precio irrisorio, de numerosas granjas medianas y pequeñas, expulsando a los cordones de las ciudades a los campesinos empobrecidos.

 

Un ingreso masivo, buena parte de contrabando, de maquinaria rural moderna, para el uso y también para la venta ilegal, el creciente cultivo de marihuana y el incremento del negocio de los narcóticos y del tráfico de madera, de vehículos, medicamentos, cigarrillos, armas y hasta de personas, en un infernal círculo de corrupción y prostitución, son otras de las consecuencias de la implantación brasileña.

 

Cada vez que hay movilización de campesinos, reclamando las tierras ocupadas, en varios casos en forma ilegal y siempre de manera ilegítima por algunos latifundistas brasileños, miles de soldados bajan presurosos, con armamento de guerra, desde el norte hasta las Tres Fronteras, que conforman ambos países con Argentina.

 

Ahí, las tropas quedan apostadas varias semanas, violando la frontera a veces, para ejercer fuerte presión sicológica sobre la población, temerosa de que se produzca una invasión militar del territorio paraguayo en defensa de los capitalistas brasileños, tal como recuerda la memoria, ocurre desde mucho antes del genocidio de la Triple Alianza, entre 1864 y 1870. Es decir, un total de más de doscientos años de intromisión

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Empero, los servicios de salud, abiertos a todos los paraguayos que lo necesiten y la posibilidad de que cientos de niños accedan a colegios brasileños, donde se les asegura el desayuno y almuerzo y se les entrega gratuitamente, a diferencia de su país, los útiles desde el primer día de ingreso al aula, evita que la inserción provoque traumas. Los hechos, caprichosos, están produciendo la integración de las poblaciones.

 

Otro mérito que es dable anotar a favor de Lula, al hacer posible el acuerdo con Lugo, es que supo esperar el momento oportuno para evitar que el plan fracasara y que lo despedazaran la franja anexionista de Itamaraty y los halcones empresariales de la derecha brasileña, eternos enemigos de que Paraguay recupere parte de su gran desarrollo social del siglo XIX, que ellos destruyeron, junto con Argentina y Uruguay.

 

La firma también podría constituir un paso hacia la integración energética regional, que se haría realidad si se concreta la negociación en curso entre Argentina, Paraguay y Chile, para efectuar una triangulación, según trascendió durante la Cumbre del MERCOSUR, mediante la cual Santiago compraría electricidad a los dos dueños de Yaciretá, operación que podría completarse con el ingreso de Brasil, si se construye el muy ansiado enlace desde Itaipú.

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