• Jorge Rubiani

"Lo que hacemos en la vida resuena en la eternidad" (de la película “Gladiador”).

Un reciente encuentro de jóvenes en un cuartel, motivó diversas críticas. Mas allá de esta reunión, como de otras parecidas realizadas en ocasiones anteriores y bajo otras banderas, lo penoso es ver a la juventud embelesada con consignas de las que tiene poco o ningún conocimiento. Pero a no engañarse: es tan patético ver a fanatizados jóvenes rotulados de "izquierda" como a los atildados pichoncitos de déspotas, que se encolumnan tras las banderas de la derecha.

Pero empecemos por el comienzo: ¿Puede alguien casarse a los 14, 15 años, o menos? ¿u obtener un registro para manejar un vehículo? ¿A qué edad se cumple con el servicio militar... si es que se lo hace?...¿a qué edad se vota? Creo que a la primera y la última de estas preguntas responderíamos algo parecido a un: "y... depende del candidato". Para las dos restantes, rigen democráticas y generalizadas transgresiones aunque para todas se considerará -sin duda alguna- que los humanos requerimos de madurez física y mental, además de conocimientos, para asumir ciertas responsabilidades y tomar algunas decisiones.

Para afiliarse a un Partido Político, definitivamente NO. Es mas, algunos de nuestros compatriotas, se ufanan de haberse afiliado a los 12 o 13 años. Y hay padres que declaran orgullosos "haber hecho liberales o colorados" a sus vástagos antes de que éstos dejaran los biberones. Pasemos por alto la cuestión de la afición a los colores deportivos que uno adquiere por contagio de su padre (en esto la mujer no cuenta mucho); o del bautizo en una religión cuando apenas recién nacidos (en esto el varón no cuenta mucho). Porque si tampoco debieran ser permitidos, a estas muestras de insensatez no le adjudicamos demasiada importancia. O en todo caso, nos da igual que uno sea budista o luterano, siempre que no pretenda sacarnos de nuestra cómoda poltrona de escépticos irredentos. O cerrista u olimpista mientras no se pongan insoportables como a menudo, porque cinchamos por la casaca de nuestros amores. Aunque fuera la descolorida de un club de Segunda División.

 

Pero ejercer de intolerante profesional como lo han demostrado los productos de las carpas partidarias juveniles en los últimos años, ya es "harina de otro costado", como dijo alguien. Esa afiliación precoz -reclutamiento sería el vocablo adecuado- que aborta la posibilidad de que los jóvenes sean contenidos en principios de tolerancia y respeto ante la inevitable diversidad ideológica a la que se enfrentarán ni bien pretendan una carrera política. Especialmente cuando aun en edad de aprender, de moldear su carácter y adornarse con lo mejor del pensamiento contemporáneo, se enredan en la maraña de ismos, internas y descalificaciones que pautan la "convivencia" en los Partidos.

A pesar de la tendencia, la historia del Paraguay nos provee de ejemplos dignos y poco conocidos: el general Patricio Escobar, ex combatiente del '70, ex presidente de la República (1886/1890) y fundador del Partido Colorado tuvo hijos liberales de protagónica participación en este partido. Manuel Domínguez adhirió a la revolución liberal de 1904, siendo paladín del Partido Colorado y vicepresidente de la República. En la misma revolución, el presidente coronel Juan A. Escurra, se negó a bombardear el campamento revolucionario porque era consciente -como explicó a quienes le sugirieron la medida- que podía abortar la rebelión opositora pero al hacerlo, morirían decenas de jóvenes. Un capital de difícil reposición en ese entonces.

 

La escritora belga, Marguerita Yourcenar declaró alguna vez que la Juventud es un corto período de la vida en el que la capacidad física junto a la curiosidad y la avidez por el conocimiento, nos auguran las mejores posibilidades. Pero esas potencias -advierte-no pueden concretarse sin una buena educación y buenos ejemplos. Materias de escaso predicamento en cualquier ámbito partidario. Pues lo que reciben los jóvenes -desde adolescentes- en los campamentos de "adoctrinamiento político", es exactamente lo contrario. Lecciones de fanatismo para apoyar sin cortapisas, al cacique de turno. Para militar internas en las que poco importan la formación ni las ideologías, y de las que -a lo sumo- emergerán como operadores rentados. Y mas tarde y ya ubicados en algún puesto público, darán continuidad a la persistente mediocridad y falta de renovación que se observan en los Partidos de los tiempos democráticos.

De hecho- no se permitiría a los jóvenes un vuelo mental superior al escaso plafón de sus mentores y la defección es finalmente, reflejo del conjunto. Pero si el futuro de la patria se cimienta en una juventud fanatizada y hostil, con mala educación y con pésimos ejemplos, dejemos de cargarle la responsabilidad de nuestras esperanzas.

 

Arquitecto/Historiador

 

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