Un ensayo del peruano Aníbal Quijano, en el que sugiere que América Latina es el lugar donde se descolonializa el Poder del Capital. Des/colonialidad del Poder: el horizonte alternativo

  • Por Aníbal Quijano

Desde mediados de 1973, el patrón de poder global colonial/moderno[1] inició un proceso de radical reconfiguración, que tiene carácter contrarrevolucionario. Mediante el desempleo masivo llevó a los trabajadores a una derrota mundial. Y con la desintegración del despotismo burocrático (llamado “campo socialista”) y la implosión final de la URSS, eliminó a sus rivales en la hegemonía mundial, lo que también produjo la desintegración de los movimientos y organizaciones que le eran realmente críticas y antagonistas.

 

De ese modo, las más profundas tendencias que le son inherentes, en este contexto histórico pudieron ser desarrolladas virtualmente sin resistencia hasta mediados de la década final del Siglo XX.

 

Este proceso implica todo un nuevo período histórico, cuya significación es equivalente a lo que ocurrió con la llamada “revolución industrial burguesa”. Pero que lleva a la actual existencia social en un sentido histórico virtualmente inverso al que fue entonces producido. No solo las formas de dominación, de discriminación, de explotación serán, son ya en realidad, cada vez más brutales y violentas Lleva a la destrucción de las condiciones de vida en nuestro planeta, a la deliberada polarización social extrema y a la extinción por hambre de una gran parte de nuestra especie. Peor aún, mucho peor, está logrando imponer, sobre todo en las nuevas capas medias, la hegemonía de un extremo pragmatismo, como un sentido común que lleva a conformarse y a convivir con todo eso mientras pueda usarlo y consumirlo. Es decir, básicamente contrario al que fue el proyecto central de la colonial/modernidad.

 

Al mismo tiempo el capitalismo colonial/moderno ha logrado producir un desarrollo científico/tecnológico que permite obtener mayor provecho de la nueva inteligencia de la especie, individual y asociada, como recurso para una producción material e inmaterial sin límites previos, en escala mundial. Eso ha generado en el capital un nivel donde ya no se produce empleo asalariado, que opera por medio de una nueva forma de acumulación financiera, y que requiere el máximo control de la subjetividad y de la autoridad.

 

Así, pues, el capitalismo colonial/moderno ya no produce, ni producirá, más empleo, ni más salario, salvo “precarizado” y “flexibilizado”, ni más servicios públicos, ni más libertades civiles. Todo lo contrario. Por eso, la esclavitud y la servidumbre están en plena re-expansión, con su perversa ética social ahora explícita de nuevo, siempre al servicio del capitalismo.

 

Los deseos y necesidades de poder y de lucro de los controladores de este poder son, cada vez más, ilimitados y perversos. Todo recurso es, en ese sentido, instrumental para esos fines. Eso lleva a la destrucción de nuestra casa común, el planeta, y a matarnos entre nosotros. De ese modo, en su fase actual este patrón de poder es el mayor peligro global.

 

Ahora comenzamos a saber, sin embargo, que esa misma tecnología también  permitiría producir todo lo que la población del mundo necesita sin recurrir a la dominación/discriminación/explotación/violencia. Eso implica que el capitalismo no sólo es peligroso, sino que ya no es útil, ni necesario. Es, por el contrario, prescindible. Y dada su peligrosidad, prescindir del capitalismo colonial/moderno es una necesidad urgente. El actual nuevo período implica, en esta perspectiva, el conflicto más profundo del capitalismo colonial/moderno y nos coloca a todos en una auténtica encrucijada histórica.

 

No es, pues, ya suficiente resistir a la globalización neoliberal. Las conquistas que nos han sido quitadas en los últimos 40 años no serán restauradas. Ya no basta luchar con el imperialismo unipolar de EEUU, ya que comenzamos a tener otro multipolar (con la adición de la UE, China, India, Rusia, Brasil), que de ningún modo será menos brutal y violento. Ahora es necesario, urgente en verdad, pasar de la resistencia a la alternativa. Y eso es, precisamente, lo que estamos haciendo. América Latina es el centro mismo de esta nueva etapa del movimiento mundial de la sociedad contra el capitalismo colonial/moderno.

 

A las luchas de los dominados y explotados del mundo industrial/urbano, por resistir al neoliberalismo globalizado (en defensa de empleo, salario, seguridad, servicios públicos, ciudadanía), se suman ahora, en primer término, las luchas de los “indígenas” de todo el mundo, los más dominados entre las víctimas de la Colonialidad del Poder Global, en defensa de sus recursos de sobrevivencia, que son precisamente tales mal llamados “recursos naturales” desde la perspectiva eurocéntrica de “explotación de la naturaleza” (el agua, el oxígeno, las florestas, los demás seres vivos, las plantas alimenticias y medicinales, en fin todo lo que los “indígenas” han usado, producido y reproducido por miles de años, y todos los materiales que permiten la producción de la existencia social). Por eso, ahora los “indígenas” y de modo creciente todos los demás sectores de la población mundial, comenzando por la comunidad científica mundial y los intelectuales y profesionales críticos, así como los trabajadores de todo el mundo industrial/urbano, están descubriendo que, dadas las tendencias destructivas del capitalismo actual, esos recursos de sobrevivencia de los “indígenas” son nada menos que recursos de la defensa de la vida misma en el planeta y que son, precisamente, los que el capitalismo colonial/moderno está llevando a la destrucción total.

 

Está emergiendo una vasta coalición social que puede ser, de hecho es, un nuevo movimiento mundial de la sociedad. Parte de la comprobación continua de que el actual capitalismo colonial/moderno es un riesgo inminente de destrucción de la vida en nuestro planeta. Pero, al mismo tiempo también comienza a descubrir que por su propio desarrollo científico/tecnológico, este patrón de poder es no sólo peligroso, sino finalmente innecesario e inútil.

 

Ha comenzado así un proceso de des/colonialidad de la existencia social. Un nuevo horizonte histórico está emergiendo. Eso implica, en primer término, nuestra emancipación del Eurocentrismo, esa forma de producir subjetividad (imaginario social, memoria histórica y conocimiento) de modo distorsionado y distorsionante, que, aparte de la violencia, es el más eficaz instrumento de control que el capitalismo colonial/moderno tiene para mantener la existencia social de la especie humana dentro de este patrón de poder. Esa emancipación es, precisamente, lo que esta ocurriendo; eso es lo que significa descubrir que los recursos de sobrevivencia de los “indígenas” del mundo son los mismos recursos de la vida en el planeta, y descubrir al mismo tiempo, en el mismo movimiento de nuestras luchas, que ya tenemos la tecnología social para prescindir del capitalismo.

 

 

Estamos también aprendiendo a organizarnos y a movilizarnos desde esa misma perspectiva: produciendo ya nuestras propias formas de existencia social, liberadas de dominación, de discriminación racista/etnicista/sexista; produciendo nuevas formas de comunidad, como nuestra principal forma de autoridad política; produciendo libertad y autonomía para cada individuo, como una expresión de la diversidad social y de la solidaridad; decidiendo democráticamente lo que necesitamos y queremos producir; acudiendo a y usando los máximos niveles de la tecnología para producir los bienes y valores que necesitemos;  expandiendo la reciprocidad en la distribución de trabajo, de productos, de servicios; produciendo desde ese piso social la ética social alternativa a la del mercado y del lucro colonial/capitalista. Eso es lo que significa la producción democrática de una sociedad democrática.

 

Estas son las disyuntivas históricas de este período histórico que estamos viviendo y configurando con nuestras luchas y con nuestro movimiento. Es un tiempo de luchas y de opciones. América Latina fue el espacio original y el momento inicial de formación del capitalismo colonial/moderno. Hoy es, por fin, el centro mismo de la resistencia mundial y de la producción de alternativas contra este patrón de poder.

 

 

 

[1] El debate sobre esta cuestión fue abierto con “Colonialidad y Modernidad/Racionalidad” (Perú Indígena, vol. 13, No. 29, 1991, pp.11-20, Lima, Perú, y “La Americanidad como concepto o las Américas en el Moderno Sistema-Mundo”, en co-autoría con Immanuel Wallerstein, en Internacional Journal of Social Sciences, 134, Nov. 1992, Paris, Francia.

 Poly ⋅

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