Cientos de miles de euros por una entrevista exclusiva en televisión, dos películas en marcha, un proyecto de libro y 9 millones de indemnización son sólo la parte del negocio que se ha puesto en marcha en torno a los 33 de Chile. Pasado el drama, el espectáculo debe continuar.

Cuando el ruido de la perforadora cesó y la cápsula que debía rescatar a los 33 mineros de San José comenzó a bajar delante de una audiencia global de mil millones de  televidentes, el sonido sordo de otra máquina se puso en marcha al mismo tiempo: la del dinero y la publicidad. Un espectáculo con esa fuerza emocional no podía ser desaprovechado.

Los primeros en ser conscientes de esta situación han sido los propios mineros. La primera realidad que la mina y la empresa en la que rescataban ha cesado su actividad. Los medios de comunicación se han ido haciendo eco de cómo decenas de empresas ya les han hecho llegar al menos un millar de ofertas relacionadas con su oficio: puestos como conductores de máquinas excavadoras, como electricistas o “especialistas en reducción de riesgos”. Esas ofertas les hubieran venido bien en otro tiempo, o a los otros 300 mineros de su empresa que se han quedado sin empleo, pero el desarrollo de los acontecimientos y la emotividad con la que el mundo les ha mirado, ha hecho de esas ofertas reductos que, al menos a corto plazo, no necesitarán.

 

Lo primero será vender sus declaraciones. Los mineros ya se han puesto de acuerdo para hacer un pacto de silencio con los medios de comunicación y cobrar por contar su historia. Sus deseos son órdenes para un sistema capaz de hacer dinero con guiones menos dramáticos. Así, las entrevistas que se concedan a la prensa escrita ya se estipulan en 32.000 euros, según informa el diario alemán Bild, y en televisión se especula con 300.000 euros de pago por contar su historia, según ha podido saber el diario canadiense Globe and Mail.

 

Sólo es el comienzo. La industria del cine genera millones de dólares a partir de la ficción, pero partiendo de una historia real el beneficio siempre es doble, según suelen decir las corbatas y maletines que merodean el universo de Hollywood. A sus productores no les ha pasado desapercibido el filón: comprarán los derechos de su historia y la llevarán a la gran pantalla. Según el medio Times Live ya hay hasta protagonista: la estrella española Javier Bardem.

 

No es el único proyecto. Otros ya tienen título y están hasta preparando el rodaje. El cineasta chileno Rodrigo Ortúzar, autor de éxitos en su país como Mujeres Infieles, actualmente se encuentra en San José recabando material audiovisual para la película Los 33, que estrenaría en 2012.

 

Los derechos sobre estas producciones les reportarán a los mineros pingües beneficios, previsiblemente, pero, por si acaso, algunos ya hacen también planes por su cuenta. La estrella hasta ahora es Mario Sepúlveda. Fue el minero que se encargó de grabar los vídeos y salió de su cautiverio minero saludando, dicharachero, consciente del espectáculo del momento. Sus compañeros no dudan de que será una estrella televisiva. No es el único que hará algo creativo con su historia: su compañero Víctor Zamora ya ha declarado a los medios su intención de “escribir un libro”. Y el ex futbolista de la selección chilena y ya ex minero de pro, Franklin Lobos, ha recibido una oferta del Club Deportes Copiapó.

 

Entre medias está la maquinaria jurídica que puede proporcionarle importantes réditos. Los abogados que representan a las familias han presentado una demanda en los tribunales de Copiapó en la que reclaman 9 millones de dólares de indemnización.

 

Políticos y empresas, en alza tras el rescate

 

Pero no sólo ellos sacarán réditos de su tragedia. Al presidente Sebastián Piñera se le ha acusado de aparecer demasiado ante los focos a costa de los 33 mineros, y de forma interesada o no, su popularidad se ha disparado al 70%, después del caso. También el ministro de Minas, Laurence Golborne, ha conseguido que su imagen pública reluzca como el oro: un 85% de popularidad adorna su gestión. “El hombre más popular de Chile”, le llaman ya los periodistas del país.

 

También las empresas que se han acercado al caso han conseguido réditos del foco mediático. ¿Quién no conoce ya las bondades de la poderosa Schramm T-130, la perforadora que aceleró la excavación del conducto liberador? O la propia empresa minera estatal Codelco, principal productor de cobre del mundo y de la que Piñera preveía vender una parte antes del suceso. Ahora su experiencia y su gestión es la imagen de Chile, según el presidente.

 

Todo fue dinero alrededor del rescate. Se sepa o no, aunque la compañía que donó las gafas especiales para proteger del sol a los mineros lo conoce perfectamente: el modelo Radar de la compañía Oakley protege 100% de los rayos ultravioletas, se filtró a los medios como si un de un eslogan se tratase: 41 millones de dólares equivalentes al tiempo de publicidad que recibió bajo el foco de las cámaras fue lo que consiguió, según la cadena CNBC. Pasado el drama, es la hora del negocio.

 

 

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Anónimo

TWITTER, FACEBOOK Y OTROS MEDIOS: EL DÍA DESPUÉS DEL RESCATE EN CHILE
Los trabajadores de la mina chilena San José están a salvo. Un dramático episodio llega así a su fin, y deja como resaca las huellas de un gigantesco seguimiento en el que se volcaron medios sociales y convencionales.

“Estamos muy contentos de que todo esté transcurriendo sin problemas y de que cada uno de los hasta ahora rescatados dé muestras de un estado de salud satisfactorio”, declaraba la canciller alemana, Angela Merkel, mientras en Chile proseguía la Operación San Lorenzo. El mensaje lo transmitía la mandataria alemana vía nota de prensa, que uno de sus portavoces, Steffen Seibert, se encargaba de leer.

“Nuestros pensamientos y deseos están con los chilenos, y eso hasta que el último minero sea liberado”, continuaba la misiva de Merkel. Aproximadamente al mismo tiempo, José Manuel Durao Barroso, el presidente de la Comisión Europea, expresaba su “gran alivio por el exitoso comienzo de la operación de rescate en San José”, y ello lo hacía con una carta.

Terminadas las tareas de salvamento y sanos y salvos los 33 trabajadores latinoamericanos, el ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, aseguraba en un comunicado que Berlín compartía “con los mineros y sus familias la alegría de este día”, y Jerzy Buzek, el presidente del Parlamento Europeo, daba a conocer por escrito que “hoy celebramos la alegría de vivir”.

Sin embargo, pese a que en la cúpula política germana y comunitaria se siga usando el papel, gran parte de la información en torno a este espectacular rescate ha sido digital y un importante monto de ella se ha difundido a través de Internet.

A través de Twitter y Facebook

Estar frente a la pantalla del ordenador llegó a ser por momentos casi como encontrarse en el desierto de Atacama, o incluso en la piel misma de la Cápsula Fénix: un usuario creó una cuenta de Twitter con el nombre del compartimento que transportaba a los mineros hasta la superficie, narrando el proceso desde el supuesto punto de vista del aparato.

Uno a uno pudieron ir leyéndose los nombres de los liberados en numerosos perfiles de Twitter: medios de comunicación, instituciones oficiales, particulares de todas las nacionalidades. En un sinfín de idiomas se comentaba el rescate en este portal, así como en la página de Facebook que un internauta residente en Austria había creado para los “chilean miners”.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, su homóloga argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y muchos otros políticos latinoamericanos usaron la Red para enviar sus mensajes a Chile. En Madrid, el perfil de la casa presidencial de La Moncloa escribía a Sebastián Piñera y al Gobierno chileno a través de Twitter: “Rodríguez Zapatero os hace llegar el afecto del pueblo español”.

A modo de lugar de comunicación, Internet se ha ganado una posición privilegiada. Fenómenos como la difusión que encontraron a través de los medios sociales las denuncias que llegaban desde Irán el pasado año contra los resultados electorales año volverán con toda probabilidad a repetirse, porque la Red es difícil de controlar. Fenómenos como el eco que ha tenido el emocional salvamento de los mineros surcarán quizás de nuevo el ciberespacio, porque el de interactuar con un amplio número de personas es ahora mucho más fácil.

Televisiones, audiencias y donaciones

Pero no sólo de Internet vivió el espectáculo formado en torno a la liberación de los mineros: las dimensiones no habrían sido las mismas si televisiones de todo el mundo no hubieran retransmitido el rescate completo. Alrededor de 1.000 millones de personas se cree que pudieron seguir en directo lo que sucedía en el país latinoamericano, periodistas acreditados de todos los rincones del globo mandaban sus relatos a las redacciones centrales, que después serían portada de diarios y apertura de informativos.

El drama de los obreros atrapados a 700 metros de profundidad alcanzó así su punto álgido, después de ser noticia durante semanas. Concentrada tanta audiencia, no era malo el momento para hacer un poco de publicidad: las gafas que portaban los rescatados a su salida de la mina las donó la marca estadounidense Oakley, Apple les regaló un iPod de última generación y la minera griega Elmin, junto con las compañías ANEK Lines y Hellenic Airways, un viaje a Grecia.

Tras la sobredosis de sentimientos que recorrió ayer el mundo, habrá llegado el momento de analizar qué fue lo que convirtió a esta tragedia con final feliz en semejante foco de interés.

Autora: Luna Bolívar
Editora: Emilia Rojas Sasse

Fecha: 15/10/2010 11:27.


Anónimo

LA PRENSA OPINA

Fecha: 15/10/2010 11:28.


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