Conozco personas que viajan con frecuencia a la zona del Alto Paraguay y traen noticias alarmantes de esa parte del país. Yo mismo he viajado en varias oportunidades y pude constatar la penetración de brasileños en la zona. Compran tierras a precios muy bajos y se dedican a deforestar los bosques sin el más mínimo control. La gente que suele ir hacia ese departamento sabe que la cantidad de tierras en poder de brasileños es cada vez mayor. Yo no estoy en contra del trabajo honesto y el esfuerzo, provenga del país del que provenga. Lo que definitivamente no me parece que estemos regalando nuestras riquezas naturales a gente inescrupulosa que no le importa nada del país ni de su gente. Lo único que buscan es el beneficio monetario más inmediato y si en ese camino tienen que echar abajo hectáreas y más hectáreas de bosques no tienen ninguna duda en hacerlo.

 

Las personas que me comentan estos hechos me merecen la mayor confianza. Ellos dicen que hay una completa ausencia de funcionarios públicos en el lugar y que estos señores brasileños se abren paso a fuerza de dinero. El Alto Paraguay –sobre todo en la zona de sus costas sobre el río Paraguay – forma parte del ecosistema llamado Gran Pantanal. Debe ser todavía una de las áreas de mayor vegetación virgen que conservamos en el Paraguay. No entiendo cómo es posible que asistamos sin pestañear a su destrucción. Los brasileños entran, sacan la madera, meten ganado y soja. Y ni siquiera hacen inversiones para la población, como podrían ser caminos, hospitales o escuelas. Nada de eso. Es una tristeza para los pobladores ver cómo sale la madera rumbo a los aserraderos del otro lado de la frontera. Si el Gobierno no actúa pronto ya no quedará nada de lo que alguna vez fue una tierra llena de belleza y de riquezas de la naturaleza.

 

Ramón Balbuena

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