La negociación con el Brasil por el tema de Itaipú, independientemente de su resultado, nos dejará siempre el sabor amargo de que algo perdimos en el proceso de acuerdo. La sensación es el resultado de una equivocada manera de afrontar el desafío de la riqueza, que es tan complejo y difícil como la administración misma de la pobreza.

No en balde se habla de la "enfermedad holandesa" a aquella que se da en países con riquezas naturales que se convirtieron por mal uso o desconocimiento de su potencial en la razón de su pobreza.

Itaipú y Yacyretá hace tiempo deberían haber generado un pensamiento estratégico-país para aprovechar sus ventajas. Hoy, por falta de un equipo de especialistas en áreas que van del campo de la ingeniería hasta las cuestiones medioambientales -pasando por lo jurídico, social y económico-, nos lleva a improvisar con cuadros que no están a la altura de la complejidad que presenta el tema.

 

Paraguay no generó hasta ahora de su riqueza hidroenergética una turbina de conocimiento que nos coloque en igualdad de capacidades para negociar o usufructuar las ventajas de poseer una riqueza tan apreciada pero tan poco valorada en el país.

 

Con haber utilizado menos del 5% de lo que generan ambas hidroeléctricas en centros de pensamientos estratégicos sobre el tema, especialización de cuadros y expertos, nos hubiera disipado hoy los temores que cada vez que nos sentamos con argentinos y brasileños nos asalta la duda cuándo y cómo nos engañarán.

 

La ausencia de un pensamiento estratégico por falta de formación específica en el arte de negociar con capacidad, honestidad y patriotismo, nos ha costado millones de dólares y por sobre todo nos ha inundado de dudas y desconfianzas en torno al tema. Incluso la mejor de las negociaciones no estará exenta de maledicencias, que son muchas veces consecuencia de no haber formado primero y colocado después a las mejores mentes del país al frente de desafíos tan complejos como los que generan ambas represas.

 

Nuestra falta incluso de sentido común como el de negociar en Brasil al mismo tiempo que el Congreso hace comparecer al director de Itaipú, nos demuestra que en las cosas pequeñas y simples no hemos logrado ponernos de acuerdo para favorecer nuestra posición negociadora. Ese mismo director no participa en la mesa de discusiones y hace recomendaciones que no son parte de la visión estratégica de quienes se sientan con los brasileños generando una confusión de cara hacia el país y hacia afuera.

 

Faltan disciplina, conocimiento, rigor, sentido de equipo y por sobre todo: escuela. No podemos seguir perdiendo tiempo en esto, Itaipú y Yacyretá deben firmar acuerdos estratégicos con universidades locales o internacionales para formar cuadros sin importar su filiación política, pero sí su capacidad y deseos de servir al país desde un ámbito que requiere mucha inteligencia y es escasamente tolerante con la mediocridad.

 

Aquí en la capital estadounidense, Obama ha lanzado el proyecto más ambicioso de su presidencia en términos sociales: la reforma del sistema de salud, y ha comprometido en su equipo a los mejores talentos en el tema. El team multidisciplinario alimenta ideas al presidente en campos tan disímiles como el del impacto social, financiero, económico e incluso penal en una demostración clara de que para ganar grandes partidos hay que jugarse con los mejores, los más experimentados y los más lúcidos. Nosotros seguimos creyendo ingenuamente en las buenas intenciones de supuestos amigos cuando en la relación de los países no existe nada de eso y sí mucho de intereses que para protegerlos requerimos de una usina de conocimiento produciendo ideas a tiempo completo.

 

 

 

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.