La carne vacuna ya no será un alimento de masas, porque su precio nos da pie para afirmar que el alto precio convierte a este producto en caviar del presente.
Hay cifras macro que a primera vista son positivas, pero si analizamos sus entrañas nos encontramos ante una incoherencia social de gravísimas proporciones. Qué les parece si les digo que el Paraguay exportó carne, de enero a setiembre del presente año, por 657 millones de dólares. ¡Es para celebrar verdad!
Pero si a continuación les certifico que un kilo de lomo cuesta en nuestro mercado 31.000 guaraníes, la rabadilla 30.000, la carnaza negra 30.000 y el popular puchero a 9.320 el kilo,  estoy seguro cambiará su concepto sobre el contenido del éxito que a boca llena expresan los ganaderos y los que están ligados a este rubro.
Sí, es verdad , somos uno de los grandes exportadores de carne. ¿Y cómo estamos por casa?
Paraguay no es igual que Europa. Aquí 2.500.000 personas viven en la pobreza y estos carenciados deben pagar precio de exportación por la carne dentro de nuestro propio territorio. La carne del pecado lleva impreso en su precio el pecado antiprójimo.
Hay familias que deben pasar el día por apenas 2 dólares. Para esas la carne paraguaya es un alimento de lujo, prohibitivo, excluyente por su abusivo precio. Por ende, no tendrán otra alternativa más que llenar la panza para no pasar hambre, pues sus comidas dejarán de ser nutritivas porque el gobierno socialista o de izquierda, como quieran, deja que la voracidad de lucro sea el patrón del Paraguay.
Son duras estas palabras, lo reconozco, pero en Paraguay nadie es responsable de nada.
Los ganaderos alegan que no son culpables por el alza descomunal de la carne, los frigoríficos culpan
a los ganaderos y los supermercadistas sostienen que no son formadores de precio final, y se
defienden a costilla de los frigoríficos y ganaderos. Finalmente, seremos los consumidores los únicos
culpables por tener la mala costumbre de fomentar la mayor demanda.
La única verdad, incuestionable, es que los cortes de primera son incomprables, pero no para una minoría privilegiada.
Los más ligth dirán porqué la gente de bajo recurso no abandona la carne. Pero no es menos cierto que comer sano cuesta tres veces más caro, y la menudencia también no está barata.
Parece ser que el libre mercado, sin ninguna tímida presencia reguladora del Estado, empuja a resignar a los indigentes a esta realidad: “Dieta pobre para los pobres”.
El gobierno, si es que está provisto de sensibilidad social, ya tendría que apelar a algunas medidas que garanticen precios razonables por lo menos de los cortes populares de la carne. Si en el mercado interno nivelan los valores de la carne vacuna al mercado de exportación, pues ya es recomendable aplicar un sensible impuesto a los envíos externos de este producto.
El gobierno puede hacerlo y, si no lo hace, pues llegará la hora de castigarlo en las urnas. No es cristiano privar de la carne vacuna, por razones de precio, a miles de compatriotas pobres y los consumidores debemos presionar con fuerza para que la especulación no se apodere de nuestro mercado.

FUENTE: http://www.paraguaypuede.com/

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