• P. Humberto Villalba

¿Cuál es la dimensión de la responsabilidad del votante más allá de la etiqueta partidaria cuando se trata de elegir a la autoridad de la cual depende la calidad de vida y el progreso social y económico del municipio en que vive? La pregunta hasta parecería superflua en una sociedad, como la nuestra, donde los colores superan la ética ciudadana. El derecho al sufragio debería ser una opción entre el ciudadano y su conciencia, una decisión personal y no partidaria, un acto que atañe al elector y a nadie más. El voto debe quedar siempre sujeto a la voluntad y a la libertad del ciudadano. De ahí que las municipalidades son la célula de la democracia participativa, y habría que decidirse por aquellos candidatos que pudieran posibilitar más que otros la participación ciudadana.   

Ciertamente que está en juego el bien común de los ciudadanos que habitan el municipio y, consecuentemente, se impone de parte de los electores un discernimiento en conciencia entre los candidatos que se presentan. A partir de este ejercicio de reflexión, nuestra democracia no será meramente declaraciones demagógicas, sino se asumirá como un espacio de transformación y de construcción común y evitaremos la cómoda tarea de guardar debajo de la alfombra las basuras que muchas veces tratamos de reciclar.   

 

Un candidato no es mejor simplemente porque tiene más publicidad, porque tachona la ciudad con pasacalles o porque tal publicidad contiene los últimos resortes técnicos para convencer o doblegar las opciones, sobre todo de gente incauta. Un candidato no es mejor simplemente porque es la propuesta del partido ni de una coalición de partidos. Un candidato no es mejor simplemente porque tiene más “pinta” o porque habla con elocuencia. Estos “detalles” no deberían aturdirnos ni dejarnos de advertir exigencias tanto o más profundas que las que hoy nos reclama el país; aquellas que se plantean no solamente un compromiso de bolsillos vacíos y manos limpias, sino también la excelencia y la eficacia social, como columnas rectoras de la vida pública del candidato. Que se confronten temas fundamentales como la franja costera, el transporte público, los impuestos municipales, el estado de las calles, nuestras escasas y desaliñadas plazas, el caos del tránsito automotor…   

 

Así el pueblo podrá hacer una elección ética y no, como es costumbre, apenas un rebusque partidario. El voto en conciencia fortificará nuestra democracia y nos brindará un país en serio. Después de todo, los más de ocho mil millones de guaraníes que costarán estas elecciones, es dinero del pueblo.

30 de Octubre de 2010

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.