• Roberto Almiron Riveros

Lo de Chile sorprendió al mundo, pero no a los que seguimos su evolución.

Chile sorprendió más bien porque es un país sudamericano estigmatizado como el nuestro, que padeció casi las mismas recetas que nos impusieron propios y extraños, con dictaduras sanguinarias, sometimientos económicos y políticos a minorías apátridas, sociedades precarias e injustas con desastres naturales y provocados, pobreza, ignorancia y consecuente desprecio a la vida.

La historia de este país también "Sudaca" sic, tuvo un punto de inflexión, aprendió a desembarazarse de sus lastres ancestrales para crecer económica, social y políticamente.

En paralelo, hizo del respeto a las leyes su costumbre, aposto a fortalecer sus instituciones, a elevar la autoestima y atesorar dignidad como fín último.

 

La cultura chilena sembró patriotismo en la conciencia desde el más humilde al más encumbrado de sus ciudadanos para cosechar orgullo nacional y respeto internacional.

 

Pero lo más relevante es que aprendieron a elegir y a exigir, eso les llevó a intentar (sin complejos ideológicos) de izquierda a derecha y viceversa (respetando políticas de estado), a entregarse gobiernos ejemplarmente, sin amenazas ni conspiraciones a la sombra, a estar unidos en la diversidad, aprendiendo a construir juntos y no a destruirse mutuamente.

 

Dejando de lado la reprochable dosis de morbo, de trivialidad y el show montado por el oportunismo y "figuretismo" político del actual gobierno (que es muy propio de estos lares), lo que hizo la sociedad chilena por defender la vida de 33 humildes mineros me merece la mayor admiración y respeto (Seguro que le falta mucho aún, pero Chile se va consolidando).

 

Ellos exigieron no resignarse a declararlos muertos, plantar 33 cruces, rezar por ellos, darles migajas de justicia para "calmar los ánimos" y terminar dejando en orfandad a sus deudos. Presionaron a la empresa y al gobierno hasta conseguir el rescate, cueste lo que cueste.

 

Desde ya rechazo el sistema de explotación humana, el daño ambiental y a las poblaciones originarias, que generan las minas chilenas y de casi todo el mundo.

 

El hombre no es topo y tampoco nació gusano y que haya tenido un final feliz no puede obviar que se investigue y castigue a los responsables de tamaña negligencia previa, en donde el gobierno tampoco está exento de culpa. Pero confío que la justicia chilena jusgará de mucha mejor manera que la nuestra.

 

No puedo abstenerme a analizar este hecho desde la óptica de una víctima de Ycuá Bolaños.

 

No puedo, porque aquí hubo casi 400 muertos y 500 heridos con los que el Estado Paraguayo tiene una deuda que no es solo crematística. Es una deuda moral, de conciencia, de dignidad, de humanidad.

 

Si el Estado es "población, territorio, gobierno, leyes, y soberanía", hay personas de aquel gobierno que han tenido actitudes repudiables con la tragedia de Ycuá Bolaños, como así también los hubo (y muchos) muy responsables, dignos y comprometidos.

 

Dejando de lado las negligencias, impericias e imprudencias generalizadas y calamitosas, desde el antes con las incumplidas (por corrupción) medidas de prevención y protección a la vida, en el momento de la tragedia, con el pésimo rescate y asistencia sico, físico y social a los afectados, y el después (aún más nefasto) en la búsqueda de justicia donde la protección político-jurídica provocó que a la fecha no existan las más mínimas esperanzas de reparación del daño.

 

Hay políticos de aquella época que merecen los recordemos por siempre (no precisamente por sus buenas obras), como Nicanor Duarte Frutos que como presidente de la República se negó a declarar en el juicio (quién sabe por que razones) a pesar de tres urgimientos judiciales y ruegos públicos de las víctimas.

 

No puedo olvidar a Concejales de Asunción que viajaron a zonas caribeñas al día siguiente de la tragedia, tampoco a aquellos que rechazaron tan siquiera una mínima investigación de la responsabilidad municipal, incluso concejales trinidenses que traicionaron la memoria de cientos de vecinos muertos allí.

 

Muchos de esos políticos que merecerían estar sepultados a más profundidades que los mineros chilenos (políticamente hablando aclaro) hoy pasean arrogantes por las calles de Trinidad que todavía lloran muertes, cual si no hubiera pasado nada y pidiendo de nuevo votos para el rekutu (reelección).

 

El caso Ycuá en Paraguay termino en el virtual OPAREI (En el olvido), pero la memoria colectiva debe hoy activarse más que nunca, porque son tiempos electorales y momento ideal de "pasar factura o premiar" a los representantes del pueblo, como lo supieron hacer países emergentes que como Chile van saliendo del pozo despertando admiración como hoy lo hicieron sus mineros.

 

Me nacen sentimientos encontrados, por un lado enorme felicidad (y hasta sana envidia) por el Chile de hoy y vergüenza ajena por nuestros malos políticos incapaces de aprenden ni de los vecinos (reitero que también los hay muy buenos).

 

Culmino agradeciendo al Supremo por este ejemplo de humanidad y celebro con el pueblo chileno esta gesta histórica por la vida y no encuentro mejor homenaje que recordar la letra de la música de Eladia Blazquez (tan magistralmente cantada por la inolvidable Negra Sosa) "porque no es lo mismo que vivir.. HONRAR LA VIDA".

 

Me despido no sin antes gritar con todas mis fuerzas..

 

 

 

C.I.P 987.969

 

 

 

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