• Canilla Pero 

El teléfono estratégicamente ubicado en un generoso escote. Un partido de fútbol de la selección paraguaya ante Italia en el Mundial de Sudáfrica. El gol de Antolín Alcaraz que derrumba la defensa italiana. Cientos de gargantas anónimas y de todos los estratos sociales reventadas por el grito de gol en la Plaza de la Democracia ubicada en el microcentro asunceno. Y entre ellos, ella. La voluptuosidad. Con su voluptuosa belleza y la emoción a punto de reventar desde el escote que aprisiona el teléfono, llamando a la fantasía. Mientras se suceden los gritos y la pelota que besa mansamente la red. Y ella, imponentemente, cual diosa imposible, gritando junto a las cientos de gargantas anónimas. Y en ese preciso momento el click del fotógrafo Jorge Sáenz captando la imagen de ese rostro y ese cuerpo, convirtiéndolo en el sueño de millones de hombres alrededor del mundo. El inicio del Big Bang de Larissa Riquelme, desde el flash, un destello de luz, como de los que hacen nacer las estrellas en el universo.

 

Y desde esa plaza, a través del click Larissa le ganó por goleada a muchas colegas suyas que fueron incluso hasta la sede del mundial. Entre la gente del día a día se erigió como la novia del mundial, vibrando con los colores albirrojos. Con ese sencillo gesto (¿involuntario?) se metió en las páginas de los diarios y revistas del mundo. Y eso que no fue la única que prestó su cuerpo para alentar a su selección nacional. En la Argentina, la modelo Luciana Salazar hizo videos casi desnuda con la banderita albiceleste ¿Cuántos se enteraron? Fuera de su país, pocos. Y en Uruguay y en Brasil y en Italia y en Grecia. Pero todos los ojos de los pulpos mediáticos la eligieron a ella, a la Larissa.

 

Así su nombre se repitió hasta lo imposible como las plegarias de la afición por Cabañas y por el último penal de Tacuara contra Japón. Su nombre se ponía a la par de las puntuaciones de los equipos y las estadísticas del mundial en internet. Y ello trajo consigo las ofertas de contratos exclusivos para verla como Dios y el doctor la trajeron al mundo. ¿Entendía de fútbol, estadística poblacional o física cuántica? A sus seguidores de la primera hora y de las horas nocturnas no les importó ni les importará eso. Ellos solo quieren ver y escuchar a su diosa, la mujer de fuego que desata una avalancha de desesperados comentarios debajo de cada declaración suya, o cuando sus fotos recorren la red como estampitas de primera comunión.

 

Pero ella no atribuye su éxito solamente a ecuaciones corporales, aunque diga luego “de mi cuerpo me gusta todo”. Y sus seguidores contestan en coro aullando: “A nosotros también!”. Tanto como su pasión por la albirroja es su fe católica, por eso afirma que su éxito se debe “A mi ángel de la guarda, mis santitos como San Jorge, San Miguel, mi Rosa Mística, mi Virgencita de Caacupé, a quien le voy a agradecer con una súper peregrinación tantas bendiciones, y el más grande de este mundo que es Jesús, caminan a mi costado, están enfrente y atrás mío siempre, me bendicen y eso es lo más importante” (diario deportivo “Diez” de Honduras)

 

Pero sin embargo vuelve a poner varios marcapasos en tiempo de descuento al contar que “Una vez para tomarme unas fotos salí a bañarme con leche de cabra a mi patio, mis vecinos quedaron locos. Pero generalmente lo suelo hacer en mi baño. La leche de cabra me la traen de una estancia de mis parientes dos veces por semana, este tratamiento lo hacía Cleopatra, como ella estoy quedando”.

 

Larissa Riquelme, la paraguaya que se convirtió en la novia del mundial y en el sueño de millones de hombres de todas las edades sin abandonar Asunción. Una estrella nacida a través de un destello de luz. Y como ellas, brilla en lo alto, hermosa, inalcanzable, inolvidable.

 

 

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