Alberto Vargas Peña.

El Paraguay ha sufrido, a lo largo de su historia, todo tipo de gobiernos. Ha conocido tiranos, demócratas, intelectuales brillantes, ignorantes supinos, criminales nefastos y hasta algunos seres humanos. Pero no había tenido nunca un gobierno presidido por una sombra, por un fantasma: por alguien de naturaleza difusa que se encuentre prisionero de una enfermedad mortal.

La historia paraguaya ha encontrado ahora un episodio salido del pensamiento peor orientado; está presidido por alguien que, aquejado de un mal terrible, se empeña en gobernar como si fuera normal. Lo trágico es que sus directivas pertenecen al reino de las sombras, que se comunican a través de funcionarios deslucidos, caprichosos, irresponsables y deseosos de ganar status a costa del pueblo.

 

La sombra se mueve y uno de sus elegidos interpreta el movimiento a su gusto y paladar, y el pueblo no sabe resistir lo interpretado. El pueblo acostumbrado a todo sabe resistir callado, inerme y calla. La sombra cree que lo aprueban y sigue adelante. Mientras el rencor crece cuando el pueblo cae en el conocimiento exacto de lo que intentan imponerle.

 

Y el movimiento de la sombra es cada día más previsible. Los pliegues de su túnica se mueven en el aire sombrío y los intérpretes lanzan una serie de órdenes que el pueblo sufre.

 

Los intérpretes han violado la Constitución de manera abierta y desembozada, pretextando una “orden verbal” de la sombra y el Senado guarda silencio porque la sombra se mueve y los extremos, los retazos de la capa se mueven al viento. Somos gobernados por una sombra que no habla, no escucha ni responde, una sombra que no tiene educación.

 

Para un ciudadano que decide actuar racionalmente es un problema difícil. Hay un fantasma enfrente, que ocupa el escenario, se mueve y se agita, como el fantasma que Manifiesto Comunista. Y no nos movemos ni nos atrevemos a resistir. El fantasma asusta.

 

El fantasma maneja una espada y la blande, sin que se sepa de dónde saca la fuerza que obviamente no tiene. Pero es filosa y es peligrosa

 

La Constitución se encuentra violada, como antes y como siempre. Los amigos del fantasma hacen lo que quieren con el cuento que se trata de órdenes de la sombra. Reciben cada día más poder, mientras la sombra todavía se agite. Pero el tiempo se acaba y eso los lastima. Cuando la sombra desaparezca pretenden quedarse como hasta ahora.

 

Ser gobernado por tiranos y criminales es terrible, pero ser gobernados por una sombra es espantoso. No hay flancos, no hay puntos específicos. Solo un movimiento, solo alteraciones de la luz. Que son interpretados por gente que no tiene legitimidad pero si planes. Y recibe poder, cada día que pasa.

Mientras la sombra tenga figura, esto seguirá así, como hasta ahora. Con el fantasma moviéndose contra la luz, sin que se pueda saber si es bueno o malo lo que hace, porque no se sabe lo que dice. La enfermedad avanza, pero la sombra sigue.

 

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