En la fiebre aliancista que infestó nuestra atmósfera política cayó todo el espectro político, incluyendo los movimientos y partidos de izquierda. 

No creo que valgan los forzados discursos triunfalistas y las justificaciones socorridas. Como cuando se dice que las alianzas se realizaron tarde o a destiempo. Ni tarde ni a destiempo, lo auspicioso de lo que dejan las elecciones municipales, es que hubo una clara impugnación por parte del cuerpo electoral, de los acuerdos de  cúpulas para el cuoteo.

Desde la incurable y obsesiva fijación hacia el Partido Coloradocomo foco hacia donde apuntar la reformulación e la política nacional, hemos repetido la compulsiva fiebre aliancista, para precipitar  contratos que pusieron al desnudo el raquítico nivel político de nuestras dirigencias.

El desolador espectáculo que ofreció la compulsa, sirvió para develar una progresiva y crónica crisis de representatividad de esas dirigencias políticas respecto a sus bases. Un divorcio que las bases se encargaron de marcar.

En la fiebre aliancista que infestó nuestra atmósfera política, cayó todo el espectro político, incluyendo los movimientos y partidos, de izquierda, centro y derecha, movidos más por impulso que  por programa.

El ausentismo que se registró es el síntoma de que esos acuerdos se realizaron en total desconexión con las bases y además, por el sentido de pertenencia como factótum de nuestro ser político. Y esto vale para el proyecto Canese como para el último y extemporáneo acuerdo que llevó a Carrizosa a la candidatura de la intendencia de Asunción.

La experiencia nos ilustró una vez más que la política no se analiza sumando y restando. Es un análisis cualitativo y cuantitativo que no se puede agotar en la aritmética.

Por ejemplo, saber que si las bases no acompañan los acuerdos, ello se debe al sentido de pertenencia que caracteriza al funcionamiento político de  nuestra sociedad. Uno no puede presentarse a negociar con la credencial de supuestos diez mil votos del proyecto Canese, si gran parte, si no la totalidad de ese electorado, se sintió marginado del debate que devino en la decisión del contrato, y sobre todo, por lo que representa un candidato, como Carrizosa, absolutamente incompatible con el signo al cual se siente perteneciente. Lo mismo se puede decir de las bases del PLRA. ¿Cómo se pretende que en cuestión de días, de forma apresurada, las bases de ese partido centenario apoyen una candidatura que reemplazó a un miembro de su partido y que es de un emblema diferente?.

El proceso aliancista fue debilitando paulatinamente la motivación del electorado ¿Por qué? Porque la mediación consecuente era una distancia cada vez mayor en términos de representatividad de las candidaturas resultantes y las bases, que se aferraron, repetimos, no tanto a lo político, sino a un sentido de pertenencia, y por eso fueron bajando los brazos para observar la inercia de los acontecimientos electorales.

Esta, entre otras,  tuvo que ser la razón por la que otros intentos de alianzas en nuestro país fueron fallidos, y que no sirven como no sirvieron las sumatorias de los emblemas presentados por separado, para alentar la unión de ellas. Por ejemplo, cuando las generales del 98, con la alianza Laino- Filizzola, cuando esta dupla fue derrotada por los colorados, o cuando se presentaron por separado, en el 2003, el PLRA y el Encuenro Nacional y obtuvieron (en la sumatoria) más votos que el victorioso Partido Colorado.

El sentido de pertenencia entonces,  más que lo programático, es el principal obstáculo para intentar una alianza. Pero aún por encima de esto está la falta de trabajo político con las bases, para revertir ese sentido de pertenencia con vistas a una proyección política de mediano plazo.

Debemos por tanto , antes de dejarnos atrapar por la fiebre aliancista electoralista, con fijación en el Partido Colorado, construir la política. Es decir, recomponer (o componer) el vínculo programático entre dirigencia y base, para de ahí formular candidaturas que por ser representativas, resulten atractivas como para incrementar el entusiasmo en el electorado.

Esos contratos políticos falaces, ueron además funcionales a la recuperación del Partido Colorado, que si bien con un exiguo caudal, tuvo que aglutinarse para hacer frente a la desesperada fiebre aliancista anticolorada.

El saldo positivo, es que una recuperación del Partido Colorado nos puede ubicar mejor para desde ahí,  intentar un diseño político alternativo. Sobre todo teniendo en cuenta que la fórmula PLRA-PQ, es un proyecto neoliberal.

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