• Andrés Granje

El terrorista turco que atentó  contra la vida de Juan Pablo II, cuando recorría la plaza de San Pedro en un automóvil, saludando a la multitud, el 13 de mayo de 1981, Mehmet Ali Agca, dio una nueva versión de quienes fueron los autores morales del intento de asesinato del Sumo Pontífice, aseguró, en entrevista con el canal de televisión pública turca TRT, que el encargo de asesinar al Sumo Pontífice provino del entonces Secretario de Estado del Vaticano, Agustino Casaroli, quien habría dado la orden a través de una persona identificada como el “padre Michele”.

"Hice prácticas para el ataque junto con el padre Michele y otro agente del Vaticano”, relató Agca. “Me reuní varias veces con él e incluso fuimos a la Plaza de San Pedro para planear el atentado”, sin embargo esta nueva versión se suma a las otras brindadas por este terrorista que recuperó su libertad al poco tiempo de la muerte de Juan Pablo II. Dos años después del atentado, en 1.983, el Papa le visitó en su celda y luego de una extensa conversación le perdonó por su acción, sin embargo,  ahora Ali Agca comenta, que en esa entrevista el Papa no le preguntó por los autores morales del atentado, como si ya supiera quienes fueron los que ordenaron su muerte.

 

Esta versión de Agca se suma a otras que el mismo diera en donde responsabilizaba a la KGB, el servicio Secreto Ruso, en tiempo de la Unión Soviética a través de la “pista búlgara” supuesta implicación de los servicios secretos búlgaros en el atentado contra el fallecido Pontífice, para el régimen comunista de entonces, según esta versión, Juan Pablo II, constituía un peligro por el apoyo que brindaba al movimiento sindical de Polonia, liderado por Lech Walesa. En otra oportunidad señaló  que el encargo para el atentado fue hecho por la Agencia de Espionaje Norteamericana CIA, para luego manifestar que actuó solo sin apoyo de nadie, difícil de creer por la envergadura de la misión.

 

En el momento de su arresto, llevaba en el bolsillo una nota: «Yo, Agca, he matado al Papa para que el mundo pueda saber que hay miles de víctimas del imperialismo». Luego acusó a los servicios secretos búlgaros: «Sabíamos que probablemente me capturarían y tenía que parecer un loco». Después corrigió: «He acusado a la KGB, pero niego todo, mi vida corre peligro». Luego ha defendido que actuó en solitario y días antes de la muerte de Juan Pablo II ya comenzó a difundir esta versión que ahora brindó a la televisión Turca, que  fue por encargo del Vaticano.

 

El terrorista turco Mehmet Ali Agca, ha pasado media vida en prisión, ahora tiene 52 años, salió de ella sin haber contado nunca la verdad sobre lo sucedido. No porque no haya hablado, sino porque ha dado tantas versiones de uno de los grandes intentos de magnicidio del siglo XX que el misterio sigue en pie.  Es probable que nunca se devele y que la idea misma del terrorista sea brindar tantas versiones como fuera posible para confundir y embarrar cada día más la posibilidad de llegar a la verdad.

 

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