• Gustavo A. Olmedo Bautista

Muchos, interna y externamente, ven al Paraguay simplemente como el país de los "sin", una nación marcada casi únicamente por sus innumerables carencias.

A los grupos organizados, como los sintierras (se habla de unos 100.000 campesinos afectados) o sintecho (hay un déficit de 750.000 viviendas), de gran fuerza mediática, se suman otros "sin" no menos graves y que impactan negativamente en la calidad de vida de la población.

En este contexto hay que reconocer que estamos en una nación sin educación de calidad y para todos, sin trabajo para miles de compatriotas, sin autoestima, sin hogar para cientos de miles de niños, y sin cultura cívica, como bien se evidenció en las recientes elecciones municipales, en donde mucha gente tuvo que ser "arreada" para que cumpla con su derecho y obligación de votar.

 

Estos "sin" se convierten día a día en dolorosas heridas que progresivamente deterioran el cuerpo de la patria, y, aunque ya estemos acostumbrados a escuchar de ellas, detrás están hombres y mujeres concretos, personas con dignidad irrenunciables que soportan hora tras hora estas necesidades, y que no pueden ni deben ser olvidadas o abandonadas en un segundo plano.

 

Pero siendo sinceros, en nuestro país, en medio de estos históricamente insolucionables "sin", también se encuentran las riquezas propias de nuestro ser paraguayo, esos valores muy visibles principalmente en nuestros padres y abuelos, como la perseverancia, el coraje frente al sacrificio, la responsabilidad ante la palabra empeñada, la sencillez, la solidaridad, la hospitalidad.

 

Son "diamantes" que aún siguen latentes en nuestra cultura y tradición, y que no debemos despreciarlos, sino más bien potenciarlos.

 

Frente al Paraguay de los "sin", también está el Paraguay de los "con", el que suma, el que construye; el país con un gran espíritu de caridad ante los carenciados, con una valiosa población joven que busca una oportunidad y un sentido a su vida, y que solo necesita el acompañamiento necesario para avanzar; el país con grandes riquezas naturales, con profesionales de calidad y con barrios en donde todavía existe el concepto de vecindario y el gesto cotidiano de apoyo comunitario.

 

Sin embargo, para hacer flotar esta nación de los "con", urge retomar una educación en donde no se desprecie la tradición sino que se la juzgue y aproveche adecuadamente; un trabajo que reponga la autoestima perdida en este pueblo, que aprecie lo que es y lo que tiene; una política que apoye las iniciativas ciudadanas en favor del bien común. El país de los "sin" es resultado del avance de la indiferencia, corrupción y mediocridad como formas de vida; de la falta de seriedad en el trabajo profesional y en el estudio. Por ello, todo cambio dependerá de una propuesta seria y verdaderamente humana al protagonista de todo: la persona.

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