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La obligación del Congreso es elaborar un Presupuesto General de Gastos transparente, que tienda al desarrollo del país. Abultar sus cifras para autoaumentos de legisladores o incremento de la cantidad de funcionarios del Estado es restar recursos para enfrentar e ir derrotando de a poco a la pobreza. El Senado tiene que revisar minuciosamente lo aprobado por Diputados, para evitar que el dinero de la ciudadanía sea despilfarrado por legisladores irresponsables.

La orientación de los números del Presupuesto General de Gastos lleva en sí implícita una filosofía. Allí es donde se sabe a qué modelo de país apuesta el Gobierno y cuál es la calidad de los desembolsos que pretende realizar durante un año de gestión.

Mirando los proyectos presentados por el Poder Ejecutivo e intervenidos por la Bicameral de Presupuesto y por cada una de las cámaras posteriormente, tanto el año pasado como éste, no se observa cambio alguno en relación a los gobiernos anteriores. Es más de lo mismo de siempre.

 

El perfil del Paraguay que se proyecta es el de un Estado que cada vez gasta más en mantener una ampulosa e inútil burocracia, parlamentarios que abusan de su poder aumentándose sus asignaciones y la ausencia de una política de austeridad que privilegie no los gastos corrientes, sino las inversiones.

 

La falta de transparencia con la que actúa el Congreso con respecto al Presupuesto, si bien no es ninguna novedad, es una agresión a la ciudadanía que espera de sus legisladores honestidad y sinceridad.

 

El sigilo con el que los legisladores mantuvieron los números relacionados con el Congreso da la pauta de cómo los parlamentarios siguen dándole la espalda a la ciudadanía, que clama por conocer desde el principio cómo van a utilizar el dinero de sus impuestos. El hecho de que solo en Diputados apareciera el incremento global de 2,6 millones de dólares en los gastos relacionados al Parlamento es una muestra de la manera sospechosa con que actúan, una vez más.

 

Aunque los aumentos están hábilmente disfrazados, es indudable que el Congreso está operando para beneficiarse a sí mismo, obtenien- do más dinero para sus propios fines y restándoles medios a sectores sociales que necesitan con urgencia de una inyección de recursos.

 

Lo que se espera de los parlamentarios es que elaboren un presupuesto a la medida del país, no a la de sus propios intereses mezquinos. El abuso de poder que cometen se torna mucho más grave aún al considerar que detrás de la eficiencia de unos 20 o 25 parlamentarios se escudan otros 100 que vegetan, cobran lo que se han dado a sí mismos y no cooperan para mejorar la situación general.

 

El Senado -donde se supone existe una mayor calidad de legisla- dores- tiene que revisar en profundidad el Presupuesto que le toca estudiar. Es necesario recortar los abusos manifiestos y encubiertos, y rediseñar el instrumento para que esté al servicio de los ciudadanos y no solo de unos cuantos avivados e inescrupulosos que fungen de parlamentarios.

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Anónimo

No hay argumentos válidos para que diputados y senadores se incrementen sus dietas

Una vez más, sin haber justificado con un trabajo legislativo de calidad, el Congreso se encamina a perpetrar un asalto a las arcas del Estado autoaumentándose sus ingresos. La Cámara de Dipu- tados -al aprobar el proyecto de Ley de Presupuesto General de la Nación para el año que viene- ya avanzó un 50 por ciento para que un nuevo abuso de poder se concrete. Sin haber mejo- rado para nada el nivel de la gestión parlamentaria, es inadmisible e injustificable el incremento en marcha. No merecen el premio que pretenden autoasignarse con abuso de su poder.

Abusando de su condición de juez y parte, el Parlamento proyecta triplicar casi sus dietas, al elevar lo que percibe cada uno en tal concepto de 4,5 a 12 mi- llones de guaraníes.

Si a ello se le suma lo que van a percibir como gastos de representación, combustibles y otros rubros -también con sus respectivos incrementos-, lo que senadores y diputados harán es esquilmar las ya de por sí debilitadas cajas del Ministerio de Hacienda.

El papel esencial de los parlamentarios en la democracia es legislar para crear las condiciones para que el Paraguay progrese y se desarrolle. Si ellos se llevan un porcentaje relevante de las recaudaciones que pudieron haberse destinado a inversiones a favor de los ciudadanos, es evidente que atentan en contra de los intereses de la mayoría.

La inconsciencia de los diputados salta una vez más a la vista de la opinión pública. Sin plantearse seriamente si su labor legislativa justifica el aumento que acaban de aprobar, lo que hicieron es elevar de un modo irracional el monto de lo que pretenden recibir el año próximo. Lo que desean es dar un zarpazo al Presupuesto de Gastos de la Nación.

Por lo que no han hecho y por lo que han hecho a medias o mal, los dipu- tados y senadores no merecen ganar más. Habiendo demostrado la mayoría de ellos poca contracción al trabajo legislativo -presentar proyectos de ley, asistir a reuniones de comisión, llegar a hora a las sesiones ordinarias y permanecer en ellas, así como otras obligaciones que tienen-, es inadmisible que reciban un premio.

La ineficiencia para concertar con el Ejecutivo y entre los partidos con repre- sentación parlamentaria es tan evidente que, en dos años y un poco más de gestión, todavía no han designado embajadores en Argentina, Brasil, Uruguay, España, Francia y otros países. Tampoco han completado los miembros de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) que faltan.

El argumento de que su labor política les ocasiona gastos que requieren atender las necesidades de sus correligionarios, es intolerable. Senadores y diputados no han sido elegidos para practicar la caridad con fondos públicos. Y si lo quieren hacer, el poder del Estado que los acoge, con un fin específico, no es el lugar indicado. Se han equivocado de camino y lo mejor es que dejen sus bancas cuanto antes.

Si la Cámara de Senadores -a la que le corresponde ahora estudiar lo ya aprobado por la Cámara Baja- legisla con racionalidad y patriotismo, tiene que anular los incrementos de Diputados. No es posible que, sin contrapartida alguna, abusando del poder recibido en las urnas en el 2008, se autoasignen dinero del pueblo paraguayo que no merecen ganar.

Fecha: 12/11/2010 12:17.


Anónimo

ECONOMÍA Y MORAL

No es el sistema económico mundial en sí, lo que destruye y desequilibra al mismo; es la conducta inmoral en dicha actividad humana la que descompone totalmente a la economía de los países; no en balde René Descartes dijo: Pienso, luego existo, agregaría... y después acciono y ejecuto, porque antes de realizar un acto de cualquier naturaleza que sea, inexorablemente el hombre piensa, pues todo lo bueno y lo malo que haga se origina en el alma y en el corazón, esto es irrefutable, pudiendo concretarse que las crisis económicas y financieras imperantes en casi todos los pueblos del mundo es debido nada más y nada menos que a las transgresiones de las eternas leyes de la moral.

Transgresión ocasionada por el propio hombre y que se origina en su mundo interior, debido principalmente a su ambición desmedida, enfermiza.

La solución a estos graves problemas que aquejan a la mayoría de los países, no se conseguirá con el cambio permanente y constante de hombres que ocupen cargos públicos sino con la transformación espiritual; que dará origen al orden, la honestidad y un equilibrio general en todo sentido.

Alberto Carlés López

CINº 149.323

Fecha: 12/11/2010 12:23.


Anónimo

DISGUSTO CON PARLAMENTARIOS

Los parlamentarios que no apoyan la vigencia plena del impuesto a la renta personal atentan contra todos (o muchos) seres humanos que habitamos este querido Paraguay.

Si la Tesorería paraguaya no recibe el impuesto justo de los compatriotas, es evidente que no habrá justicia social en Paraguay. La no aplicación del IRP significa: impedir el progreso en Paraguay; evitar una justa distribución de las riquezas del país; dejar de hacer o mejorar escuelas, colegios, hospitales, caminos, puentes, plazas, etc.; permitir (en gran medida) que continúen los negocios turbios, la mafia, la corrupción. También implica convertir al país en mendigo frente a los países más desarrollados; pues, no contando con recursos propios, se tiene que mendigar a otros; no habrá suficientes fábricas ni fuentes de trabajos: aumentará la delincuencia, la inseguridad; seguirá aumentando la pobreza; o mejor dicho: habrá más pobres, más niños de la calle, más paraguayos desnutridos, hambrientos, y sin empleo.

Cuando el pueblo tiene hambre y se encuentra desprotegido, se vuelve más violento; esto traerá consigo mayor índice de delincuencia, más inseguridad. Seremos como lobos hambrientos y sangrientos. Estos son solo algunas cosas que implica la no aplicación plena del IRP en Paraguay. Por eso, como ciudadano paraguayo, exijo a los diputados y senadores que se animen a cumplir sus obligaciones, como representantes del pueblo paraguayo. El pueblo no les eligió para que ustedes defiendan sus intereses particulares ni de sus amigos íntimos, sino los intereses de toda la nación. Tanto la paz, la justicia, y el progreso en Paraguay necesitan realizar estos tres pasos: conseguirse, conservarse y aumentarse. Impedir la aplicación del impuesto a la renta personal, no es solo una traba al proyecto político de Lugo, sino una persecución a muchos paraguayos por parte de unos malos paraguayos que se refugian en el Poder Legislativo.

Alvino R. Villalba Barreto

C.I.Nº 3.981.631

Fecha: 12/11/2010 12:24.


Anónimo

waferferwa -
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El recinto del Congreso presenta hoy en día la imagen de un restaurant. No hay horario de sesión o de reunión de comisión en los que no se deja de observar el trajinar de mozos acarreando bandejas de comida y de todo tipo de aprovisionamiento para los "famélicos" Congresistas. Más que un Congreso, es un triste mercado. Le dan más a la mandíbula que su trabajo de atender las cuestiones país. ¡Paren de comer todo el día!
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Fecha: 13/11/2010 06:26.


Anónimo

Salario de congresistas

Inocencio Fernández

Se supone que el salario de una persona está directamente relacionado con su preparación profesional o académica.

Partiendo de esa base y, teniendo en cuenta que para ser Congresista en la república del Paraguay no es necesario ser un profesional ni mucho menos tener una preparación académica, es desde todo punto de vista un absurdo y una bofetada a la clase obrera profesional y a los Universitarios que, un congresista en especial si es analfabeto porque la verdad existen, deba tener un salario 20 veces superior al salario mínimo de nuestro país.

Estaría plenamente de acuerdo si, para ser congresista se exigiera por lo menos, haber terminado la escuela primaria, ya que en el Paraguay un analfabeto, mudo y ciego a la vez, puede ser un gran senador.

Si exigimos a uno de los poderes del estado, tener una preparación académica para interpretar las leyes, de la misma manera para elaborar las leyes deberíamos exigir una preparación académica a los legisladores.

Fecha: 13/11/2010 10:56.


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