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La  presencia europea ya ha contribuido dramáticamente a la desaparición de los pueblos originarios a lo largo de los siglos, desde la conquista a fuego y sangre de nuestro continente.

La anunciada e inminente llegada de una expedición científica en tierras de los Ayoreo totobiegosodes del Chaco paraguayo, está causando estupor e indignación. La gente se manifiesta principalmente, hasta ahora, en los foros de internet.

En efecto, un grupo de científicos británicos del Museo de Historia Natural de Londres venia preparando, y está a punto de concretar, una incursión al aislado reducto del ultimo grupo humano de selvícolas originarios en nuestro territorio: los Ayoreo Totobiegosodes del Chaco.

Investigación científica? Si, pero no a cualquier precio!

El contacto con los microbios, contra los que carecen de defensas los organismos de los naturales viviendo en autarquía en los últimos espacios selváticos, sumado a las paupérrimas condiciones de vida que les tiene reservada nuestra sociedad,  colocaría a los selvícolas ayoreos, de concretarse este increíble atropello a su vida y a su cultura, en situación de gran vulnerabilidad vital.

Si se permite que el plan se concrete, podemos asistir al drama de su desaparición definitiva.

 

La  presencia europea, bajo diferentes formas, ya ha contribuido dramáticamente a la desaparición de los pueblos originarios a lo largo de los siglos, desde la conquista. La motivación científica no puede otorgarles carta blanca para actuar una vez más a su antojo y en forma discrecional.

 

En las vitrinas de sus museos se puede observar lo que queda de los pueblos originarios de nuestro continente: muestras de su arte pictórico, de su escultura, monolitos esculpidos, delicadas artesanías, todo tipo de utensilios cotidianos, fotografías y también sus restos oseos.

 

Visitar tales museos nos produce una profunda tristeza a nosotros, americanos: Esas piezas estáticas, sin vida, son los mudos vestigios de magnificas civilizaciones,  aniquiladas implacable, bárbara y sistemáticamente, desde el primer día de la presencia europea en tierras de nuestro continente. Nos remite a toda una historia de desgracias.  Ningún “encuentro de dos culturas”. Choque microbiano, codicia, traiciones, guerra despiadada, inhumana explotación.

 

Y ahora, de nuevo los tendríamos acá… Arrogantes, soberbios y seguros de si. Relevarán nuestras plantas nativas y sus  múltiples propiedades terapéuticas, la organización social de lo que queda del pueblo Ayoreo, sus usos y costumbres, su cosmogonía… Y buscarán penetrar la dimensión de su espiritualidad, investigando los secretos del poder mental de sus chamanes. Un tema que los tiene particularmente intrigados.

 

Las huellas de todos los “conocimientos científicos” que resulte de la inminente incursión que se anuncia, se manifestarán sobre todo en las fabulosas ganancias de los laboratorios farmacológicos que suelen financiar solapadamente estas expediciones oficialmente de carácter “etnológico-científico”.

 

Es sabido que los medicamentos dejan mayor plusvalía que las drogas: la industria de fármacos reditúa aun mayores ganancias que el tráfico de estupefacientes. Un dato que contribuye a entender los esfuerzos por reeditar, en pleno siglo XXI, las antiguas expediciones en busca de El dorado de la Conquista del Nuevo Mundo por sus antecesores europeos. Lo que se entiende menos es la presurosa colaboración de las autoridades nacionales para su concreción. “Apoyo logístico asegurado”, reportan las noticias.

 

No cuesta imaginar el brillo de codicia en los ojos de la gente involucrada en este proyecto. Debe ser el mismo resplandor metálico que los movió a desafiar mares desconocidos, hace 518 años. Cuando el capitán Colon y su equipaje de impacientes aventureros pusieron pies en la isla dividida hoy entre Haiti y Republica Dominicana.

 

A los pocos años de ese primer desembarco ya había desaparecido la poblacioón autóctona por el choque microbiano y los trabajos forzados. Iban siendo reemplazados con el recurso de la trata de seres humanos, literalmente cazados y arreados en el continente africano, transportados enseguida en las condiciones infrahumanas que ya seria el sello permanente y definitivo de su destino. Hasta la evocación de estos hechos históricos, que no suelen figurar en los manuales (vida dura tiene la Malinche), choca y parece indecente…

 

Y también ahora, como en los lejanos tiempos de la Conquista y Colonizacion, los misioneros que operan de larga data en la region Occidental están espectantes, aguardando el momento de transformar a los “salvajes” en “hijos de Dios” y salvar su alma del “fuego eterno”…

 

La conquista y colonizacion del Nuevo Mundo está por cerrar su ciclo en nuestro país.

 

¿Permitiremos que concrete su proyecto etnocida este equipo de científicos, de dudoso respeto (es lo menos que se puede decir) a la deontología de su profesioón?  Ña permitita piko ichupekuera la oñembo harai  je’y la ñande ÿpÿkuérare?

 

Va creciendo rápidamente una espontánea campaña de denuncias orientada a evitar un drama humano y cultural irreversible.

 

Los aborígenes que conforman este último grupo de silvicolas en nuestro territorio no pueden imaginar, desde su también último y reducido refugio natural, que una conspiración minuciosamente preparada los tiene como blanco y como objetivo al otro lado del Océano, en las tierras de la Corona Británica. Y que sus días están contados. O mejor, que pueden estar contados, sin una rápida y eficiente movilización. Con los medios que cada cual cuente.

 

Mirtha Ayala

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