• Fernando Sosa

Muy sueltos de cuerpo, los legisladores apuntan el dedo acusador hacia los ciudadanos por el elevado ausentismo en las últimas elecciones municipales. Rápidamente pretenden aumentar la intensidad del castigo para los que no cumplen con la obligación legal de votar, como si la causa del problema estuviera en la falta de conciencia cívica.

Lejos de analizar el fenómeno con un sentido autocrítico, nuestros políticos buscan llevar la atención de la opinión pública para otro lado, lo más lejos posible de ellos, planteando un debate completamente ajeno a la cuestión central, cual es la bajísima calidad de la oferta electoral. Solo se acuerdan de la obligación del voto pero no de la obligación que tienen en contrapartida de brindar adecuadas respuestas a los problemas urbanos y nacionales de quienes les votan.

 

El diputado colorado Mario Soto Estigarribia, fiel a la escuela autoritaria impregnada por los militares a los cuales estuvo sometido su partido por décadas, cree que con la “ley del garrote” podrá solucionar una situación que a todas luces constituye en sí misma un voto mayoritario: el rechazo a las candidaturas sin propuestas concretas y creíbles. De hecho, el alto ausentismo que tanto preocupa a este legislador es una especie de voto en blanco, un mensaje que debe ser muy bien leído y mejor interpretado por la clase política del país. Representa una clarísima señal de creciente madurez cívica, la que lamentablemente aun no alcanza a los que se postulan para cargos electivos.

 

Se equivoca este diputado colo'o y se equivocan todos los otros parlamentarios que le siguen en la idea, al querer reducir un problema de política nacional sumamente grave a una cuestión de dinero. O tal vez, se trate de un acto de “sincericidio” involuntario, pues es precisamente la prostitución de la política acentuada en los últimos años el motivo por el cual los ciudadanos nos rebelamos. Es precisamente ese mercantilismo exacerbado de la actividad política y ese desinterés extremo que muestran los elegidos por los problemas urbanos y nacionales lo que a los ciudadanos nos tienen cansados.

 

Por otro lado, pretender censurar a los ciudadanos que se niegan a concurrir a un local de votación para sufragar, que se resisten a ser arreados por quienes solo buscan utilizarlos para llegar a un cargo y llenarse los bolsillos con las más impune corrupción, es atentar contra las libertades más esenciales del hombre, la libertad de elección y la libertad de expresión.

 

No es con mayores multas y trabas para obtener un trabajo público que los políticos van a conseguir más afluencia de votantes. Antes bien, lo que corresponde es que revisen con absoluta franqueza su bastarda forma de hacer política, de manera a poder brindar mejores respuestas a los críticos problemas de las ciudades y del país. De ocurrir esto, el crecimiento de la participación popular se dará de manera espontánea, sin necesidad de tener que recurrirse a amenazas cavernarias, en pleno siglo 21.

 

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Anónimo

sobre el punto

Fecha: 24/11/2010 15:39.


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