•  Gustavo Ortiz G.

Un jefe de Estado paraguayo rechazó el proyecto de construcción de un gran aeropuerto en el departamento de Paraguarí y de un sistema de tren subterráneo que iba a partir desde Asunción a tres direcciones diferentes, y que no iban a tener costo monetario para el Estado.

El primero de los citados planes, ideado por empresas europeas, no fue aceptado porque la condición para su construcción era que recién luego de 20 años de funcionamiento iba a poder ser transferido al Estado, ya cuando el mandatario a quien se propuso el emprendimiento "no iba a estar más en el poder y el mérito se daría a otra persona", según el argumento del presidente.

 

El otro planteamiento, de la instalación de un sistema ferroviario sin que el fisco aporte un solo guaraní, fue descartado debido a que ello restaría ingresos a la empresa de transporte del mandamás.

 

Los citados acontecimientos ocurrieron ya durante la transición democrática de la posdictadura stronista de este país, según relatos y lamentaciones hechos a colegas periodistas, por quienes fueron testigos de tales traiciones al Paraguay.

 

De haber sido un mandatario leal al país, al pueblo, el que había recibido las proposiciones expuestas más arriba, en este momento la nación ya iba a contar con un aeropuerto digno y con un sistema de trenes que en gran medida solucionaría el grave problema de contaminación ambiental y el caos que reinan en las calles de Gran Asunción debido a la creciente cantidad de vehículos, muchos de los cuales están en mal estado.

 

El responsable de aquellas deslealtades, según dicen los testimonios, es quien llegó al cargo presidencial por métodos ilegales, lo cual a la vez comprueba la moraleja que dice: a árbol que creció torcido nada lo endereza.

 

Si el Paraguay hubiese tenido buenos jefes de Estado y colaboradores en el siglo pasado y en el actual, la sociedad tendría un mejor pasar en estos momentos.

 

Y el actual mandatario, después de dos años de haber iniciado su gestión como tal, está lejos de cumplir con las expectativas que generó. Otro punto negativo que tiene Lugo es que no desautoriza ni critica lo que sus allegados políticos, familiares o amigos, hacen mal: Casos Sertrán, Teixeira, SEN y otros. Sin embargo, resalta su actitud que favorece a algunos sectores sociales.

 

La carrera proselitista para las elecciones generales del 2013, que ya arrancó, otra vez nos muestra que la ciudadanía tendrá casi nulas opciones de en quién confiar, pues algunos de los que hasta ahora cuentan con mayores recursos financieros y apoyo político no son los más dignos candidatos, entre quienes figuran personas con antecedentes judiciales y que pidieron y recibieron ayuda económica o coima.

 

Esto no es pesimismo, es realismo, es algo que se puede notar sin mucho esfuerzo. Por lo tanto, como pregonamos desde hace bastante tiempo, es necesario que más gente de bien se inmiscuya en la política, y que juntos conformen un amplio frente o una coalición para tratar de evitar que los malandrines ganen en 2013. Otro presidente traidor sería funesto para el país.

 

adversidades nacionales | EDICION IMPRESA | Viernes, 26 de Noviembre de 2010

 

http://www.ultimahora.com/notas/381069-presidentes-traidores

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