ACUERDO SOCIAL, POR DÓNDE ARRANCAR

  • Por Yan Speranza

Director del Club de Ejecutivos del Paraguay

Como ya es tradicional en Paraguay desde hace varios años, todos asistimos en esta época del año al tratamiento bastante desordenado -por decir lo menos- del Presupuesto General de Gastos de la Nación, instrumento fundamental que marca el modelo de sociedad que queremos construir en la realidad, más de allá de los discursos. En él podemos ver en concreto las prioridades que el Gobierno Nacional otorga a las variadas necesidades que precisa un país como el nuestro, de desarrollo medio en general, pero con grandes carencias y desigualdades. Y en años de repunte económico como este y el próximo muy probablemente, nos muestra cómo utilizamos la mejor recaudación fiscal resultante.

 

Y como todos los años, al presupuesto original que envía el Poder Ejecutivo -quien se supone es el poder más indicado para realizar dicho trabajo y es quien luego ejecuta el mismo en su mayor parte- se le hacen una serie de "retoques" en el Congreso Nacional con criterios por lo general bastante alejados de la rigurosidad y racionalidad económica que se necesita.

 

Ahora bien, un problema de fondo que se nos plantea a toda la sociedad es que los ingresos totales que percibe el fisco son insuficientes para enfrentar los crecientes gastos que demanda el funcionamiento del Estado.

 

Por el lado del Gobierno en general, este problema se enfoca más desde la perspectiva de los ingresos, es decir la limitada capacidad de recaudar que tiene el país a causa de la muy baja presión impositiva (12% del PIB aproximadamente). El argumento de fondo acá es que si no se aumenta dicha presión impositiva, nunca los recursos serán suficientes para encarar la solución de problemas estructurales del país como la pobreza, la desigualdad, la baja calidad educativa, el déficit en infraestructura, entre otras cuestiones.

 

Sin embargo, desde el sector privado el problema se enfoca principalmente desde la perspectiva del gasto, es decir la baja calidad del mismo que privilegia enormemente los gastos corrientes con un Estado sobredimensionado y con poca capacidad de gestión. El argumento de fondo acá es que ya el sector privado carga sobre sí una serie de gastos que deberían ser función del Gobierno y que no tiene sentido aumentar los impuestos, pues la recaudación extra solo se utilizaría en más gastos corrientes.

 

Por supuesto, ambos enfoques contienen una parte de la verdad. Es muy necesario mejorar la calidad del gasto, pero también es muy necesario asumir que el Gobierno necesita contar con más recursos si queremos realmente apuntar a un desarrollo para todos. Pero en un marco de gran desconfianza se configura un problema tipo del huevo o la gallina, es decir no existe una suerte de pacto social amplio y suficiente que legitime el aumento o creación de nuevos impuestos porque no se confía en que dichos recursos serán bien utilizados y tampoco el Gobierno cuenta con recursos suficientes para impulsar programas necesarios para el país. ¿Por dónde empezamos?, ¿acordamos darle más recursos al sector público esperando que mejore su calidad en el gasto o esperamos que demuestre primero su mejora en la calidad del gasto y luego aumentamos al presión tributaria? Estamos como empantanados.

 

Una propuesta que podría ayudar a destrabar esta situación es la creación de ciertos impuestos o fuentes de recursos cuya recaudación tenga un destino específico, acordado previamente a través de una reglamentación o ley especial que permita a los actores sociales controlar la utilización efectiva y eficiente de esos recursos especiales. Determinados instrumentos financieros como los fideicomisos pueden ser muy útiles para estructurar este tipo de acciones.

 

Ese tipo de restricciones para el uso discrecional de recursos provenientes de impuestos no es lo que aconseja la doctrina fiscal, pues en teoría el administrador del Estado debería tener la suficiente libertad para alocar donde mejor le parezca los recursos recaudados; esto es cierto en términos teóricos, pero necesitamos dar muestras o ejemplos claros y concretos que nos permitan romper este círculo vicioso de mutua desconfianza.

http://www.ultimahora.com/notas/381338-el-huevo-o-la-gallina-en-el-tema-impuestos

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