Un gobierno no puede ser todo lo transparente que desea. Hay fisgones norteamericanos metiendo las narices donde no corresponde y en el hipócrita nombre de un natural deseo de estar informados. Una, inicialmente, refrenada reacción se manifiesta a nivel planetario en torno a “las filtraciones” de espionaje norteamericano en casi todos los países.

El gobierno norteamericano ha estado queriendo saber el ADN de Lugo, de otros políticos, informes del fondo de ojo o del iris, las enfermedades de cada uno de ellos, sus gastos personales y en el caso argentino querían saber por ejemplo la salud mental de la Presidenta Cristina.

Es difícil digerir una situación así pensando que quienes espían intereses norteamericanos son declarados enemigos, terroristas y pasibles de incluso cadena perpetua en los Estados Unidos de América.

¿Cómo deberíamos mirar el espionaje norteamericano si fuéramos a ser justos? Probablemente nadie se anime a dar una abierta respuesta en público pero lo que podamos decir en rueda de amigos revela lo extremadamente grave de la situación.

Se ha perdido la confianza ¿Cómo vamos a mirar los ciudadanos la propuesta de la embajada norteamericana al Parlamento para que vengan soldados norteamericanos a “desarrollar actividades civiles y solidarias” en puntos del interior del país?

¿Tenía razón el gobierno cuando se negaba a recibir ese tipo de ayuda y por ello era cuestionado por la prensa y los políticos opositores, incluso el Vicepresidente de la República?

¿Se le ha expulsado con justica y sabiduría al ex ministro Luis Bareiro Spaini por cuestionar la intromisión de la embajadora norteamericana en cuestiones internas?

 

¿Tiene abc color compromiso con la verdad?

Los medios como abc color impulsaron su juicio político y empujaron su destitución ¿Tienen el compromiso con la verdad como para replantearse ante la ciudadanía la postura que asumieron en su momento?

¿Son capaces de hacer una autocrítica al respecto?¿Qué dirá el Vicepresidente de la República que apoyó a la embajada norteamericana y cuestionó a Bareiro Spaini?

Hay demasiada hipocresía, al punto de que algunos políticos que eran investigados dicen que no están molestos porque la embajada averiguaba sus datos personales.

Hay una prostitución de la política y la diplomacia. Los ciudadanos que pagamos nuestros impuestos aquí y en cualquier parte del mundo, nos sentimos asqueados por el modo en que el dinero de nuestros bolsillos se utiliza por gente que decide guerras que decide muertes y que decide tantas cosas que quienes finalmente las financiamos, reprobamos de plano.

 

Publicado por el ciudadano Carloncho

http://rescatar.blogspot.com/

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Anónimo

Wikileaks

El país está sumido en un curioso escándalo desde el domingo a la noche, cuando el sitio de Internet conocido como “Wikileaks” dio a conocer las comunicaciones confidenciales entre el Departamento de Estado de Estados Unidos y las embajadas norteamericanas en el mundo entero.

El capítulo referido a las comunicaciones entre Washington y su embajada en Asunción movió rápido a algunos políticos a definir el hecho como una intromisión en los asuntos internos paraguayos y al gobierno a pedir oficialmente explicaciones a Estados Unidos.

“Wikileaks” (Wiki, del modismo hawaiano “wiki wiki” que quiere decir “rápido”; leaks, del inglés “leak” que quiere decir “filtración”) es un sitio creado en 2006 por un grupo de políticos, inconformistas y empresarios de varios países que se dedica a publicar fugas de información, generalmente gubernamental, dirigido por el australiano Julian Assange.

Las comunicaciones entre Washington y su embajada en Asunción consisten en solicitudes de informes en varios campos específicos, desde el político hasta el comercial, incluyendo el militar, sobre la realidad paraguaya y la influencia en Paraguay de determinados actores de la realidad internacional.

Es el trabajo que la embajada de cualquier país dotado de un servicio exterior mínimamente serio debe realizar a fin de justificar la existencia de diplomáticos nacionales en el extranjero.

En Paraguay sorprende, y asusta, la especificidad de los informes solicitados solamente porque las embajadas paraguayas no son parte de nada serio y las escasísimas excepciones que existen lo confirman plenamente.

Pero en la mayoría de los países las embajadas sirven para que los gobiernos a los que representan tengan la mejor y más completa información sobre el país en el que se desempeñan y no para regalar conchabos a los amigos de los políticos, como ocurre aquí.

Estos informes no son otra cosa que la tarea definida en la Convención de Viena del 18 de abril de 1961 sobre Relaciones Diplomáticas, que en su Artículo Tercero, Inciso Primero, dice “Las funciones de una misión diplomática consisten principalmente en: …d. enterarse por todos los medios lícitos de las condiciones y de la evolución de los acontecimientos en el Estado receptor e informar sobre ello al gobierno del Estado acreditante”.

Paraguay, aunque muchos políticos paraguayos no lo sepan, es signatario de dicha Convención y, por tanto, que embajadas como la de Estados Unidos, la de Brasil, la de Cuba o la de Venezuela recaben datos sobre la realidad paraguaya es parte de sus actividades normales y legales.

Muchos de los informes recabados a raíz de los pedidos formulados desde Washington, la mayor parte de ellos, son de dominio público en varios documentos que el gobierno de Estados Unidos publica periódicamente como los informes anuales de Derechos Humanos, Narcotráfico, Libertad Religiosa o el “Factbook” de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana.

El gobierno no debería exponer al país a la notoriedad que, debido a su completa falta de seriedad, reciben los sargentos devenidos en dictadores en muchas partes de África y, consecuentemente, solo debe averiguar, sin ruido y en silencio, si hay paraguayos dando información clasificada a potencias extranjeras, sin confundir las cuentas de los políticos con secretos de Estado, porque no lo son.

Fecha: 30/11/2010 08:10.


Anónimo

DECLARACIONES A LA PRENSA DE LA SECRETARIA DE ESTADO HILLARY RODHAM CLINTON SOBRE LA DIFUSIÓN DE DOCUMENTOS CONFIDENCIALES POR “WIKILEAKS”


SECRETARIA CLINTON: Buenas tardes. ¿Tenemos suficiente espacio aquí? Quiero dedicar un momento a referirme a los informes noticiosos recientes sobre los documentos clasificados que fueron ilegalmente provistos desde computadoras del gobierno de Estados Unidos. En mis conversaciones con nuestras contrapartes de todo el mundo, en días pasados, y en mi reunión de hoy temprano con el ministro de Relaciones Exteriores Davutoglu de Turquía, he sostenido discusiones muy productivas en relación con este tema.



Estados Unidos condena enérgicamente la publicación ilegal de información clasificada. Eso pone en peligro la vida de personas, amenaza nuestra seguridad nacional y socava nuestros esfuerzos para trabajar con otros países para resolver problemas comunes. Esta administración impulsa una política exterior robusta, que está enfocada en adelantar los intereses nacionales de Estados Unidos y en encabezar al mundo en resolver los desafíos más complejos de nuestro tiempo, desde arreglar la economía mundial hasta frenar el terrorismo internacional, detener la propagación de armas catastróficas, hasta fomentar los derechos humanos y los valores universales. En cada país y en cada región del mundo, estamos trabajando con asociados para lograr esos fines.



Por lo tanto seamos claros: la publicación no es sólo un ataque contra los intereses de política exterior de Estados Unidos. Es un ataque contra la comunidad internacional—las alianzas y asociaciones, las conversaciones y negociaciones, que salvaguardan la seguridad mundial y promueven la prosperidad económica.



Estoy segura de que las asociaciones en las que la administración Obama ha trabajado tan duramente para establecer resistirán este desafío. El presidente y yo hemos hecho de esas asociaciones una prioridad – y nos enorgullece el progreso que han ayudado a lograr – y seguirán siendo el punto central de nuestros esfuerzos.



No comentaré ni confirmaré lo que se alega son cables robados al Departamento de Estado. Pero si puedo decir que Estados Unidos lamenta profundamente la publicación de cualquier información que se esperaba fuera confidencial, inclusive las conversaciones privadas entre contrapartes o las evaluaciones y observaciones personales de nuestros diplomáticos. Quiero dejar bien sentado que nuestra política exterior oficial no se establece mediante estos mensajes, sino aquí en Washington. Nuestra política es un asunto de conocimiento público, como lo reflejan nuestras declaraciones sobre nuestras acciones en todo el mundo.



También quisiera agregar que para el pueblo de Estados Unidos y para nuestros amigos y asociados, quiero que sepan que estamos tomando medidas enérgicas para responsabilizar a quienes robaron esta información. He ordenado que se tomen medidas específicas en el Departamento de Estado, además de nuevas salvaguardas de seguridad en el Departamento de Defensa y en otros lugares para proteger la información del Departamento de Estado, de manera que este tipo de violación no pueda ocurrir ni ocurra nunca más.



Las relaciones entre los gobiernos no son las únicas preocupaciones creadas por la publicación de este material. Los diplomáticos de Estados Unidos se reúnen con trabajadores locales de derechos humanos, periodistas, líderes religiosos y con otros fuera de los gobiernos, que ofrecen sinceramente sus propias opiniones. Estas conversaciones también dependen de la confidencialidad y la confianza. Por ejemplo si un activista contra la corrupción comparte información sobre conductas oficiales impropias, o un trabajador social entrega documentación sobre la violencia sexual, el revelar la identidad de esa persona puede tener graves repercusiones: prisión, tortura e incluso la muerte.



Por ello, sea cual fueren los motivos para difundir esos documentos, queda claro que publicarlos plantea riesgos reales a gente real, y con frecuencia a las mismas personas que han dedicado sus vidas a proteger las de otros.



Ahora bien, estoy consciente de que algunos puede que aplaudan por error a los responsables, por lo tanto quiero dejar las cosas claras: No hay nada loable en lo que se refiere a poner en peligro a personas inocentes, y no hay nada valiente en lo que concierne al sabotaje de relaciones pacíficas entre países cuando se trata de nuestra seguridad común.



Ha habido ejemplos en la historia en que la conducta oficial se ha hecho pública para exponer malas acciones o actos engañosos. Este no es uno de esos casos. Por el contrario, lo que se ha mostrado en este conjunto de documentos es el hecho de que los diplomáticos estadounidenses están haciendo el trabajo que esperamos que hagan. Están ayudando a identificar y prevenir conflictos antes de que se manifiesten. Trabajan arduamente todos los días para resolver problemas prácticos serios, para asegurar materiales peligrosos, para combatir la delincuencia internacional, para asistir a los defensores de los derechos humanos, para restaurar nuestras alianzas, para asegurar la estabilidad económica mundial. Este es el papel que Estados Unidos tiene en el mundo. Este es el papel que nuestros diplomáticos desempeñan al servir a Estados Unidos; y debería enorgullecernos a todos.



El trabajo de nuestros diplomáticos no sólo beneficia a los estadounidenses, sino también a miles de millones en todo el mundo. Además de poner en peligro a individuos particulares, revelaciones como esta deshacen el tejido que mantiene el funcionamiento adecuado de un gobierno responsable.



Las personas de buena fe entienden la necesidad de las comunicaciones diplomáticas delicadas, tanto para proteger los intereses nacionales como los intereses comunes mundiales. Todo país, inclusive Estados Unidos debe poder tener conversaciones francas sobre las personas y estados con los que trata. Cada país, inclusive Estados Unidos, debe poder tener diálogos sinceros y privados con otros países sobre asuntos de preocupación mutua. Sé que diplomáticos de todo el mundo comparten este punto de vista, pero esto no es único a la diplomacia. En casi todas las profesiones, ya sea el derecho o el periodismo, las finanzas o la medicina, o el mundo académico o la gestión de una pequeña empresa, la gente se fía de la confidencialidad de las comunicaciones al hacer sus trabajos. Contamos con el espacio de confianza que la confidencialidad proporciona. Cuando alguien rompe esa confianza, nos perjudica a todos. Y por ello a pesar de la retórica que hemos escuchado en los últimos días, las comunicaciones confidenciales no van en contra del interés público; sino que son fundamentales para nuestra capacidad de servir al interés público.



En Estados Unidos, acogemos de buen grado los auténticos debates sobre cuestiones apremiantes de política pública. Tenemos elecciones al respecto. Esa es una de las grandes fortalezas de nuestra democracia. Es parte de quienes somos y es una prioridad de esta administración. Sin embargo, robar documentos confidenciales y publicarlos sin importar las consecuencias no sirve al bien público, no es la manera de participar en un debate sano.



En los últimos días he hablado con muchos de mis contrapartes en todo el mundo y todos hemos acordado que continuaremos centrándonos en los asuntos y tareas en los que estamos trabajando. En ese sentido, el presidente Obama y yo continuamos comprometidos con una cooperación productiva con nuestros socios mientras tratamos de crear un mundo mejor y más próspero para todos.

(Termina el texto)

LUNES, 29 DE NOVIEMBRE DE 2010 – Salón de Tratados – Washington, D.C.
DEPARTAMENTO DE ESTADO DE ESTADOS UNIDOS
Oficina del Portavoz

Fecha: 30/11/2010 11:26.


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