• Por (*) Natalio Rubinsztein

El presente artículo ha sido publicado en el año 1994 en un importante matutino de nuestro medio. Nos permitimos reiterar su publicación dado que consideramos que mantiene su plena vigencia.

Leyendo el encabezado, algunos estarán recabando información, preguntándose en dónde está ubicada dicha empresa, así como a qué actividad se dedica, quiénes son sus ejecutivos, usuarios y en qué bolsa está cotizando sus valores.

La respuesta es sencilla: está ubicada en cada uno de nuestros hogares, se dedica a la profesión, oficio o actividad que desarrollemos; naturalmente los padres somos sus ejecutivos – al menos por el momento – y los usuarios (severos y exigentes) son nuestros hijos.

Y cotiza sus acciones en cada ámbito social, confesional, comunitario, etc. que frecuente el grupo.

 

Pero el tema es qué y cómo invertir cada vez más y más en dicha Sociedad Anónima, y cómo mejorar sus recursos humanos a los efectos que la misma produzca un aporte efectivo para su comunidad y, en consecuencia, sus acciones se coticen cada vez mejor.

 

Creo que la respuesta es simple, pero profunda: debemos invertir tiempo y no necesariamente dinero. Y no desperdiciar oportunidad alguna invertir dicho tiempo .

 

Realizando un examen interior, nos gustaría que reflexionáramos respecto del cuánto tiempo le dedicamos a nuestros hijos, y a nuestra familia en su conjunto, comparado con aquellas obligaciones profesionales, sociales, industriales, etc. Si lleváramos una hoja de cómputo y control del tiempo, en la mayoría de los casos nos sorprendería (porque no tenemos en el fondo verdadera consciencia de ello) el tremendo esfuerzo que desplegamos en todas estas actividades profesionales y lo increíblemente poco – y mal administrado – del tiempo que dedicamos a nuestro núcleo familiar, base de nuestra cultura.

 

Planificar actividades deportivas juntos, ir a comer, discutir qué ha pasado recientemente en política o si la última película de estreno es verdaderamente atractiva o no, son algunas de las modalidades de “inversión” de tiempo que podríamos adoptar. También acordar un viaje de vacaciones, de visita a parientes lejanos o que no residen en la ciudad, son actividades decididamente rentables.

 

Pero, sin lugar a dudas, la modalidad de inversión más rentable de todas (que no importa si fuere a corto o largo plazo) es ocupar tiempo en hablar con nuestros hijos. Saber qué piensan, conocer de sus problemas, contener sus angustias, entender acerca de sus mundos.

 

Debemos conseguir (financiar?) este tiempo de cualquier modo que fuere, ya que es vital y estratégico para el posicionamiento de nuestra empresa.

 

Sin temor a equivocarnos pensamos que sobre estas bases el valor de nuestras acciones en el mercado comunitario, social, confesional, etc. se incrementará dramáticamente y, además, estaremos preparando a los futuros conductores o administradores para que orienten adecuada y responsablemente sus propias empresas en el momento que correspondiere.

 

(*) Socio de BDO Auditores Consultores

 

 

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