Una vez por año Teletón se convierte en un escaparate de cosas interesantes y también penosas de nuestras conductas públicas. Nos anticipamos a dejar a salvo la iniciativa que es estupenda y bien organizada con propósitos altruistas. Nada que discutir por ese lado y los dejamos claro. Lo que venimos a exponer es que finalmente la recaudación se produce en función de aspectos que nos revelan aristas ilustrativas.

Dejamos también a salvo la conducta de los contribuyentes conscientes que actúan movidos por solidaridad y manifiestan su sentimiento humanitario. Personas de mucha bondad que no son ciegas ante la realidad y abren los ojos pero fundamentalmente las manos para ayudar.
Gente maravillosa que merece el respeto y la gratitud de la ciudadanía.

La estrategia del chanterío
Pero están los figurettis (*)que contribuyen –no en cualquier momento- en los horarios de mayor rating y que probablemente incluso se aseguran de que los presentadores más representativos estén en el momento en que presentan sus contribuciones.
Probablemente incluso han de asegurarse de que esos presentadores estén apalabrados para cantar especiales loas a la actitud altruista, incomparable, aleccionadora, estupenda y ejemplar de una firma consustanciada con los valores intrínsecos y extrínsecos de esta tierra que los cobija con emoción y donaire para satisfacción de propios y extraños que …..bueno y cosas así de grandes.
Volvemos a aclarar que no estamos cuestionando a la porción de Teletón que al final factura para la causa. Aplausos para Teletón y sus presentadores.
No, lo que estamos exponiendo es esa careteada marketinera que impulsa a empresas que a lo mejor maltratan a sus empleados y clientes, pagan sueldos de hambre a sus empleados, retardan el pago a sus proveedores, prestan servicios deficientes pero aprovechan ese momento de gloria para proyectar una imagen socialmente correcta que al final es embustera y oportunista.
Así como hay empresas, también hay personas con mucho dinero que de igual modo más que los objetivos de Teletón, miran sus propios objetivos y finalmente su contribución es una inversión publicitaria.
Nos referimos a esos grandes evasores de impuestos que invierten para lavar su imagen en Teletón y se valen de una iniciativa estupenda con fines propios planteándose una curiosamente armónica alianza entre una causa noble y una conducta innoble.
Genial es todo esto porque es un espejo en el que como sociedad nos vemos reflejados.
Celebramos que la recaudación de alrededor de 1,5 millones de dólares, superior a sus expectativas.

(*)Figuretti es alguien con un desmesurado afán de figuración que busca exaltar méritos que no tiene para provecho personal o incluso alguien con enormes vicios que intenta exportar una imágen virtuosa.

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