POR JULIO BENEGAS

El Consejo de la Magistratura le envió al gobierno de Fernando Lugo un hermoso regalo de fin de año: una terna de candidatos a fiscal general con “toditos colorados”.

Por Constitución Nacional está obligado a elegir de la terna, le advirtió rápidamente el presidente del Jurado de Enjuiciamiento Enrique Baccheta, también colorado, porque, de lo contrario, se “expone a un juicio político”.

La Fiscalía General tiene un peso extraordinario en el sistema paraguayo. Es la gente que investiga, imputa y acusa.

El orden político abierto en las elecciones de abril del 2008 se está cerrando por el lado conocido: por el lado de la inmovilidad.

Este entramado político tuvo un oxígeno extraordinario en el pacto de gobernabilidad (1994), aquel ensayo de acuerdo general entre los entonces partidos políticos parlamentarios, el Partido Colorado, el PLRA, y, aunque no participara en las negociaciones, el Partido Encuentro Nacional.

Es un stronismo remozado, legitimado, al incorporarse en estado minoritario a los demás partidos dentro de la composición de los organismos más importantes de la República.

Ahora, con el retorno triunfal en las elecciones municipales pasadas, el Partido Colorado cierra nuevamente filas para mantener por un lado el régimen inmóvil y avanzar, por el otro lado, en la destrucción, desde la fiscalía general, del debilitado gobierno de Fernando Lugo.

Ahora que el cambio no ha significado una modificación del status de los antiguos sostenedores del orden económico y político paraguayo, desde el Parlamento se ha cerrado la posibilidad ampliar el presupuesto social, de implementar el Impuesto a la Renta y discutir los impuestos directos y, por otro lado, se consagra la inmovilidad en la composición de la Fiscalía. Ese lugar también es intocable.

Más envalontado todavía con el triunfo en las elecciones municipales, el dirigente colorado Juan Manuel Morales, jefe del TSJE, le envió al presidente del Senado, otro dirigente colorado, el senador Oscar González Daher, un documento por el cual le sugiere iniciar juicio político al ministro Dionicio Borda por los retrasos en el presupuesto de la entidad.

Sin un proyecto superador del modelo político económico heredado, de amplio corte stronista, la idea del cambio chocará siempre con un mounstruo que maneja casi todos los hilos del poder en el país. Al abortarse la efímera idea de cambio -esa ilusión que tenía más de hartazgo que de ciencia-, los antiguos bueyes de la política paraguaya reaparecen como los más grandes jugadores electorales. Les parece muy buena onda esta idea de cambiar para que todo siga igual. El futuro, claro está, siempre es un espacio abierto a la imaginación.

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