La Contraloría General de la República es la institución encargada de fiscalizar la forma en la que se usa el dinero de los ciudadanos que pagan sus impuestos. Por lo tanto, tiene que estar en manos de personas confiables, honestas, capaces y ajenas a manipulaciones. En la lista de postulantes figuran candidatos que reúnen esos requisitos. No puede ser, entonces, que el cuoteo postule a funcionarios que solo pueden servir a intereses sectarios.

El punto más relevante de la crítica al cuoteo político no es necesariamente el mecanismo que utilizan los partidos políticos para llenar los cargos vacantes, sino lo que resulta de la selección que se hace por esa vía: ingresan los mediocres, incapaces y genuflexos, que van a estar al servicio de la facción de su partido que les posibilitó acceder a los cargos y se excluye a los que llenan un perfil de excelencia.

Si hoy se concreta en el Senado la nominación de una terna para remitir a la Cámara de Diputados -para elegir al contralor y al subcontralor de la República-, atendiendo la composición del tablero político, lo casi seguro es que la condición fundamental para ser incluidos sea la lealtad a un partido político, no la idoneidad.

Mirando la lista de 31 postulantes a contralor y 13 para subcontralor -de los primeros, 16 juegan a dos puntas al candidatarse también para este segundo cargo- hay personas honorables, con experiencia y de brillante nivel académico que podrían "proteger el patrimonio público", tal como manda la Ley 276/94 al hablar del objeto de la Contraloría General.

El artículo 9º de esa disposición legal habla igualmente de la obligación de ese órgano imprescindible en el engranaje de la Administración Pública: "El control, vigilancia y la fiscalización de los bienes públicos y del patrimonio del Estado, los de las entidades regionales o departamentales, los de las municipalidades, los del Banco Central y los de los demás bancos del Estado o mixtos, los de las entidades autónomas, autárquicas o descentralizadas, así como los de las empresas del Estado o mixtas".

Su finalidad, por lo tanto, es -al tener la potestad de revisar las cuentas de cada una de las instituciones que dependen del Estado- controlar que los fondos públicos sean utilizados correctamente, de acuerdo a las normas administrativas y contables vigentes. 

Hasta ahora, en la Contraloría han primado más intereses políticos y conveniencias coyunturales antes que el verdadero afán de servir al país, desnudar la corrupción, presentar pruebas y remitir a la Justicia los casos de malversación de fondos estatales. Al no cumplir a cabalidad sus funciones se convirtió en un organismo de legitimación de irregularidades y, por lo tanto, de consagración de la impunidad. 

El Paraguay necesita un contralor y subcontralor capaces de articular con profesionalidad mecanismos de auditoría que, con neutralidad y coraje, permitan saber con certeza si los fondos fueron o no empleados de acuerdo a lo presupuestado. Y que la llamada telefónica de ningún poderoso les haga suspender o maquillar su trabajo para amparar anomalías.

El control en democracia es esencial. Los funcionarios públicos que lo ejercen suplen a la ciudadanía en la tarea de velar por el correcto uso de su patrimonio. Por lo tanto, no puede quedar en manos de quienes solo pretenden los cargos para manipularlos políticamente y obtener resultados favorables a sus intereses. 

 

 

http://www.ultimahora.com/notas/386599-la-contralor%C3%ADa-no-debe-quedar-en-manos-de-gente-que--va-a-privilegiar-intereses-partidarios

Comentarios  Ir a formulario



Anónimo

Las difíciles elecciones del 2013

Por pa'i Oliva

Las llamamos difíciles no porque no sepamos lo que necesitamos para llegar a ese otro Paraguay posible y necesario, sino porque tenemos la impresión de que estamos perdiendo el tiempo.

En el libro El nuevo desorden mundial, de Tzeveran Todorof, he encontrado ideas que ayudan a reflexionar sobre lo que nos está ocurriendo. Existen como dos visiones sobre el ejercicio del Poder.

Una se cree absolutamente en posesión del bien y se considera con el derecho de imponerlo a todos. El resultado es que, tarde o temprano, se convierte en una verdadera dictadura de un partido.

Sin embargo, la otra confía también en su superioridad, pero considera que una división y separación de poderes es preferible a su concentración. Es mejor que haya varios partidos, a que haya uno, aunque sea el mejor de todos. Es mejor que los partidos más votados tengan puestos de responsabilidad, a que uno los tenga todos.

Ahora, en lugar de dedicar sus fuerzas a lograr un amplio consenso con miras a las elecciones del 2013, los partidos están ocupados en una batalla campal para copar todos los puestos de poder en cuanta institución del Estado exista. ¿Por qué? Porque con esta demostración de fuerza se creen mejor preparados para el 2013. Porque así van a disponer de más recursos del Estado para comprar más votos. Y no caen en la cuenta de que el pueblo va creciendo en conciencia política y esta actitud ya no le convence.

Fecha: 15/12/2010 09:21.


Añadir un comentario



No será mostrado.